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Ciencia

No eran plantas ni hongos, sino algo más. Los fósiles que podrían pertenecer a una forma de vida desaparecida hace 400 millones de años

Unos fósiles gigantes desconcertaron a los científicos. No encajaban en ningún reino conocido. Un nuevo estudio sugiere ahora que aquellos organismos no eran plantas ni hongos, sino miembros de una rama evolutiva completamente extinta.
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Durante generaciones, los paleontólogos miraron estos fósiles con la misma pregunta en la cabeza: ¿qué eran exactamente?

Parecían troncos, pero no tenían ramas. Crecían como columnas, pero no mostraban hojas, flores ni raíces verdaderas. Algunos alcanzaban hasta ocho metros de altura y dominaban paisajes primitivos cuando la vida terrestre apenas comenzaba a consolidarse.

Se llamaban prototaxitas, y durante casi 200 años nadie logró clasificarlos con certeza.

Los gigantes del mundo antes de los bosques

Los prototaxitas aparecieron en el período Devónico, hace unos 400 millones de años, una época marcada por transformaciones profundas en la Tierra.

Los océanos rebosaban vida, pero la superficie terrestre seguía siendo un entorno hostil. Las primeras plantas apenas levantaban unos centímetros del suelo y los verdaderos bosques aún no existían.

En ese paisaje bajo y abierto, estos organismos se alzaban como estructuras gigantescas, lisas y solitarias. Su tamaño no tenía precedentes para la vida fuera del agua, lo que los convirtió en uno de los mayores enigmas de la paleontología.

Una identidad que nunca encajó

No eran plantas ni hongos, sino algo más. Los fósiles que podrían pertenecer a una forma de vida desaparecida hace 400 millones de años
© Science Advances.

Desde su descubrimiento en el siglo XIX, los prototaxitas fueron candidatos a todo tipo de teorías. Se los describió como algas colosales, como árboles primitivos e incluso como hongos gigantes.

La hipótesis fúngica fue la más aceptada, pese a la falta de pruebas sólidas. Algunos investigadores llegaron a imaginar un planeta dominado por hongos de tamaño arbóreo, ocupando el lugar que hoy tienen los árboles.

Pero el debate nunca se cerró.

El fósil que cambió la historia

La nueva investigación, publicada en Science Advances, se centró en una especie más pequeña: Prototaxites taiti. El fósil procede del yacimiento de Rhynie Chert, en el noreste de Escocia, famoso por su nivel de conservación excepcional. Allí, tejidos microscópicos y estructuras celulares pueden observarse como si el tiempo se hubiese detenido.

Utilizando escáneres 3D, microscopía confocal y análisis con láser, los científicos examinaron su anatomía interna con un nivel de detalle nunca antes posible.

Lo que encontraron no coincidía con nada conocido.

Una estructura imposible

En lugar de los filamentos simples característicos de los hongos, el organismo mostraba tres tipos distintos de tubos entrelazados, conectados por regiones de ramificación extremadamente complejas.

La arquitectura formaba una red tridimensional elaborada, muy diferente a la de plantas, algas u hongos modernos. Pero la mayor sorpresa llegó con el análisis químico.

Ni siquiera tenía la firma de un hongo

No eran plantas ni hongos, sino algo más. Los fósiles que podrían pertenecer a una forma de vida desaparecida hace 400 millones de años
© Science Advances.

El equipo examinó la “huella molecular” del fósil con ayuda de inteligencia artificial. Sustancias esenciales en las paredes celulares de todos los hongos conocidos —como la quitina, el quitosano y el betaglucano— estaban completamente ausentes.

Tampoco aparecieron biomarcadores fúngicos clásicos. Dado que otros hongos del mismo bloque de roca sí conservaban estos compuestos, los investigadores descartaron que se tratara de degradación por el paso del tiempo.

La conclusión fue inevitable: no pertenecía al reino Fungi.

Una rama de la vida que ya no existe

A partir del conjunto de evidencias anatómicas y químicas, los autores sostienen que los prototaxitas fueron miembros de un linaje eucariota completamente desconocido, sin descendientes vivos.

Un experimento evolutivo que prosperó durante unos 50 millones de años antes de desaparecer.

Las especies más pequeñas, como P. taiti, serían parientes directos de las formas gigantes halladas en capas geológicas posteriores, algunas con bases de hasta un metro de diámetro.

Un recordatorio incómodo sobre la evolución

Aún se desconoce por qué desaparecieron. Tal vez fueron desplazados por las plantas terrestres en expansión. Tal vez el clima cambió demasiado rápido. O quizá ambos factores actuaron juntos.

Lo que sí deja claro el estudio es algo más inquietante: la historia de la vida en la Tierra incluye caminos evolutivos completos que no dejaron herederos. No todas las formas de vida sobreviven. Algunas simplemente ocurren, dominan su época… y se extinguen sin dejar rastro visible.

Hasta que, cientos de millones de años después, un fósil vuelve a contar su historia.

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