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Foto: Getty

Una organización llamada Transportation for America acaba de publicar un interesantísimo informe sobre las razones por las que nos pasamos tanto tiempo atrapados en un atasco. Una de sus conclusiones es que construir nuevas autopistas no solo no soluciona el tráfico denso. Lo empeora.

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Entre 1993 y 2017, los autores del informe constataron que las grandes áreas urbanas de Estados Unidos incorporaron casi 50.000 km de nuevas vías, lo que supone un incremento del 42%. Sin embargo, la población de esas grandes ciudades solo creció en un 32% durante el mismo período.

Estados Unidos es de los países que más usa el automóvil. Según datos del departamento de transporte, los estadounidenses recorrieron de media 65 kilómetros más en 2019 de lo que viajaron en 1994. Más tiempo en la carretera significa más densidad de tráfico. La solución tradicional para reducir esta densidad ha sido construir más carriles o nuevas vías alternativas. En ese mismo periodo de tiempo, algunos estados se han gastado más de 500.000 millones de dólares en urbanizar los alrededores de las grandes ciudades. Gran parte de esa inversión se destina a la construcción de nuevas vías.

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Todo ese esfuerzo por hacer más autopistas y autovías no parece haber solucionado nada. Entre 1994 y 2019, el tráfico se ha incrementado en un 144%. Los estadounidenses pasan más tiempo al volante, frustrados en una larga cola y emitiendo contaminantes a la atmósfera. ¿Por qué?

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La respuesta a la que llega el informe es simple: cuando construyes una nueva autopista, la gente tiende a llenarla hasta que se vuelve a atascar. El proceso es progresivo. Al principio todo va bien. La nueva vía acelera el tráfico. A medida que los conductores descubren que la nueva vía es mejor, comienzan a usarla más a menudo, abandonando otras rutas alternativas, conduciendo distancias más largas y volviendo a circular en horas punta. El informe, que se basa en datos federales de tráfico y construcción de nuevas vías, explica:

La gente que hasta ese momento hacía un esfuerzo por evitar las congestiones, ya fuera tomando el transporte público, compartiendo coche, evitando las horas punta o evitando el trayecto completamente, deja de hacerlo y comienza a tomar esa nueva ruta porque ahora es más conveniente.

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La cosa no acaba ahí. Las nuevas rutas hacen más accesible la zona en la que se encuentran y la gente comienza a mudarse a esa zona porque al principio es más barata. A medida que la ciudad crece, lo hace la necesidad de usar el coche para moverse por ella, lo que genera más tráfico. En unos pocos años, la nueva vía que ha costado millones de dólares se ha vuelto a congestionar. Los conductores muestran su frustración y la administración responde a sus quejas... construyendo una nueva vía. El ciclo vuelve a empezar.

El estudio muestra que esta pauta se repite por todo el país desde San Diego a Pensacola o Buffalo. Ni siquiera las ciudades pequeñas o con poco crecimiento de población se libran de esa tendencia. Cuantas más carreteras construyen, más empeora el tráfico. En Jackson, Mississippi, por citar solo un ejemplo, la población creció un 9% entre 1993 y 2017. La región, por su parte, incrementó sus vías en un 60%. ¿El resultado? El tráfico creció un 317%.

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Los atascos de tráfico suponen una pérdida monumental de tiempo. Otro estudio publicado esta misma semana por la firma de análisis de transporte INRIX muestra que los conductores estadounidenses gastaron un total de 99 horas al año en el coche en 2019. Son dos horas más que en 2017.

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Eso sin contar con la contaminación. El coche de combustión medio emite 4,6 toneladas métricas de dióxido de carbono al año. El sector del transporte es responsable del 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Aparte de los problemas que causan a la salud, son los gases causantes del calentamiento global.

¿Hay solución? Sí, claro que la hay, pero supone cambiar completamente la manera de pensar de los ciudadanos y de las instituciones. El estudio explica que el problema es que actualmente se diseñan las inversiones en transporte con la idea de lograr que un coche se mueva lo más rápido posible por una ruta dada. El objetivo debería ser priorizar las inversiones basadas en la forma más eficiente de conectar a las personas con los lugares a los que necesitan ir, seatrabajao, educación, salud, compras, ocio o cualquier otra cosa. Al mismo tiempo, el estudio asegura que es más importante invertir en mantener las actuales infraestructuras en un estado óptimo en lugar de construir nuevas. Finalmente, recomiendan hacer las ciudades más accesibles para peatones de manera que la gente no se sienta tan tentada de usar el coche en trayectos cortos.

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Estados Unidos necesita imperiosamente invertir en transporte público para mejorar las conexiones y reducir sus emisiones. Como apunta Aaron Gordon en Vice, este año aún hay una oportunidad para acercarse a este objetivo. El presupuesto de este año para el Departamento de Transporte aún debe negociarse. Una vez se apruebe, sentará las bases de inversión en transporte para los próximos cinco años. El informe concluye:

Estamos en pleno debate sobre la próxima legislación federal sobre transporte (un proceso que solo tiene lugar cada cinco años). Es el momento crucial para hacer cambios antes de que tiremos miles de millones en una solución que no funciona. No podemos seguir basándonos en el enfoque más caro y menos efectivo.

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