Ayer conocíamos la existencia de nuevos indicios que apuntan a la existencia de un noveno planeta en el Sistema Solar. Dos reputados astrónomos han realizado sus cálculos y estos apuntan al célebre y escurridizo Planeta X. Sin embargo, hay tantos indicios en contra como a favor.

Atrás quedó la época el la que los planetas se descubrían apuntando felizmente un telescopio en la dirección correcta (Urano se descubrió de esta forma en 1871 y Plutón en 1930). A medida que nos alejamos del sol, la luz que refleja un planeta es tan tenue que ni siquiera con nuestros telescopios más potentes podemos verla. En lugar de ese descubrimiento directo, los astrónomos utilizan técnicas indirectas. Una de ellas es registrar los sutiles cambios en la luminosidad de una estrella cuando el planeta que gira a su alrededor pasa por delante de ella.

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La otra es estudiar el movimiento de los objetos que ya se conocen. Este m√©todo es el que nos permiti√≥, por ejemplo, descubrir Neptuno. Cuando los astr√≥nomos encontraron Urano y comenzaron a investigarlo descubrieron que la velocidad de su √≥rbita variaba de forma extra√Īa. Unos a√Īos se mov√≠a m√°s r√°pido y otros m√°s lento. Urbain Le Verrier predijo que esas variaciones pod√≠an deberse al tir√≥n gravitacional de otro planeta a√ļn no descubierto y calcul√≥ su posible posici√≥n. Cuando examinaron el firmamento en esas coordenadas descubrieron Neptuno a solo un grado de las predicciones hechas por Le Verrier.

Ese mismo método es el que Konstantin Batygin y Mike Brown, científicos planetarios en el Instituto Tecnológico de California (Caltech) han utilizado para inferir la hipotética existencia de un noveno planeta al que se conoce en círculos astronómicos como Planeta X desde que así lo llamó el astrónomo aficionado Percival Lowell.

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Batygin y Brown han encontrado que las órbitas de seis objetos transneptunianos están sospechosamente alineadas en longitud. Además, también están alineadas en cuanto al ángulo de sus órbitas. La probabilidad de que ambas cosas sucedan por casualidad es de solo un 0,007%.

El problema es que de ahí a deducir que las órbitas están condicionadas por un planeta con una masa decenas o incluso centenares de veces superior a la Tierra hay un paso. Existen varios inconvenientes de bastante peso a la teoría de Batygin y Brown:

No se dan otras condiciones

Si asumimos como cierta la existencia del Planeta X, deber√≠an cumplirse otras condiciones. La primera es que existiera otro grupo de objetos transneptunianos con √≥rbitas opuestas a las de los seis en los que se basan los astr√≥nomos. De momento solo se ha descubierto un pu√Īado de estos posibles objetos y solo uno cumple esas caracter√≠sticas, aunque puede que simplemente no hayamos descubierto m√°s.

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El planeta X no explica por si solo las alineaciones

La existencia de un planeta como el Planeta X no explica por s√≠ solo por qu√© las √≥rbitas de esos seis objetos se comportan as√≠. Hace falta algo m√°s, y a√ļn no se ha encontrado ese ‚Äúalgo m√°s‚ÄĚ ni existen hip√≥tesis cient√≠ficas al respecto.

Ning√ļn instrumento ha detectado nada

La tercera razón de peso para desconfiar de la existencia del Planeta X, al menos por ahora, es que ni siquiera con nuestro instrumento más preciso con el que podríamos detectar planetas cercanos hemos hallado rastro de él. Ese instrumento es el satélite WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer). Aunque un planeta esté en una región del espacio en el que no refleja luz de ninguna estrella, si tiene masa suficiente debería emitir su propia radiación infrarroja, y WISE examina el cosmos precisamente en el espectro infrarrojo.

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Por supuesto, cabe la posibilidad de que simplemente el Planeta X est√© m√°s all√° de nuestra capacidad de detecci√≥n actual. Al fin y al cabo, Neptuno apenas es visible a los sensores de WISE, y hemos tenido que esperar a que la New Horizons llegara a Plut√≥n para obtener la primera fotograf√≠a clara del peque√Īo y fascinante planeta. Puede que en los pr√≥ximos meses o a√Īos logremos encontrar evidencias irrefutables de la existencia de este Planeta X. A d√≠a de hoy, las posibilidades de que la peculiaridad descubierta por Batygin y Brown se deban a un planeta masivo son tantas como que se deba a cualquier otro fen√≥meno que a√ļn no hemos visto. [Caltech v√≠a Forbes]

Im√°genes: Caltech /Robert Hurt

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