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"Parece un perro salchicha": la historia del Buggatti que fue cancelado en el último minuto por feo

Foto: Bugatti
Foto: Bugatti

Hace diez años, después de que Bugatti sacudiese al planeta con el éxito del Bugatti Veyron, el coche más rápido del mundo, se propuso hacer un sedán. Casi llegó a la fase de producción, pero su diseño fue un auténtico desastre.

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Foto: Bugatti
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Según Achim Anscheidt, jefe de diseño de Bugatti, el Galibier estaba a una reunión de obtener luz verde, pero todo se vino abajo:

“La compañía trató de reinventar el proyecto Galibier como un coche para todo, y terminó acabando con la gracia que tenía y con su idea original”, explicó Anscheidt. “La petición de un súper Rolls-Royce Phantom que fuese incluso más cómo y lujoso, pero que encima pudiese alcanzar casi 400 kilómetros por hora, estaba destinada al fracaso. El enfoque original del coche era hacer un sedán deportivo con un diseño elegante, pero se perdió entre un sinfín de demandas demasiado ambiciosas y conflictivas.

Si lo veías desde el lado, el coche parecía un perro salchicha. Desde atrás, era como mirar un bombín con ruedas”, añadió con sinceridad.

El futuro del Galibier se fue a pique el 10 de mayo de 2012. Ese día, cierto caballero bastante poderoso e influyente de Salzburgo, visitó Bugatti. La comparación entre las elegantes y atractivas proporciones del concepto presentado en 2009 con el monstruo en que se había transformado le hizo rechinar los dientes de ira. El Galibier murió allí y le costó a Bugatti un año y medio de desarrollo.

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“Cierto caballero bastante poderoso e influyente de Salzburgo”, suena bastante al ex presidente del Grupo Volkswagen, Ferdinand Piëch, pero Bugatti no lo ha confirmado.

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Esto es un perro salchicha, no un Bugatti. 
Foto: Wikimedia Commons
Esto es un perro salchicha, no un Bugatti.
Foto: Wikimedia Commons

Con todo el futuro de Bugatti dependiendo de su próximo lanzamiento, la gente entró en pánico, lo que llevó al rápido desarrollo de lo que finalmente sería el sucesor del Veyron, otro hipercoche, el Bugatti Chiron.

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Me siento extremadamente orgulloso de Bugatti por reconocer que su diseño era feo y que no decidiesen seguir adelante. En un tiempo en el que hay vehículos muy caros y muy feos, es curioso ver como alguien casi torpedea a una empresa porque uno de sus productos parecía una mezcla entre un sombrero y un perro.

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No soy ningún experto en negocios, pero esto también es una gran lección para todos aquellos que hacen algo muy diferente de lo que habían anunciado. Si habías pensado diseñar un vistoso sedán, trata de asegurarte de que todavía parece uno cuando lo pasan a la cadena de montaje.

Y ahora qué, ¿otro triste crossover? ¿O le seguirá ese famoso sedán eléctrico basado en el Porsche Taycan del que tanto hemos oído hablar? ¡A la segunda va la vencida!

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