La Estación Espacial Internacional continúa funcionando como uno de los grandes laboratorios para estudiar qué ocurre con el cuerpo humano cuando desaparece prácticamente la gravedad. Durante los días 9 y 10 de septiembre de 2026, los integrantes de la Expedición 75 trabajaron en nuevas investigaciones biomédicas, experimentos con materiales y mantenimiento de los sistemas del complejo orbital.
Uno de los trabajos más destacados fue la puesta en marcha del NEMO, Nikon Experimentation Microscope in Orbit, un nuevo sistema diseñado para observar automáticamente células y tejidos vivos mientras crecen en el espacio.
La comandante Jessica Meir instaló muestras biológicas dentro del equipo, configuró el sistema encargado de controlar los niveles de dióxido de carbono y comprobó que el microscopio funcionara correctamente dentro del módulo estadounidense Destiny.
Un microscopio para observar células vivas en el espacio
NEMO combina un sistema óptico desarrollado por Nikon con equipos de cultivo celular, incubación y circulación automática del medio necesarios para mantener vivas las muestras.
Su objetivo es estudiar con gran precisión cómo la microgravedad modifica el comportamiento celular, el desarrollo de tejidos y su respuesta frente a distintos medicamentos. Este tipo de experimentos también podría aportar información útil sobre enfermedades y procesos relacionados con el envejecimiento.
Al poder observar las muestras durante largos periodos sin necesidad de manipularlas constantemente, los investigadores pueden seguir cambios que serían difíciles de reproducir en experimentos terrestres.

Ecografías para estudiar cómo cambia la circulación
Mientras avanzaban estos experimentos, la tripulación también continuó investigando cómo afecta la microgravedad al sistema cardiovascular.
Meir utilizó el dispositivo Ultrasound 3 para realizar ecografías de las venas de Anil Menon, Anna Kikina y Pyotr Dubrov, mientras médicos desde Tierra guiaban las exploraciones y observaban las imágenes en tiempo real.
Cuando una persona permanece durante meses en microgravedad, los fluidos corporales dejan de comportarse como lo hacen en la Tierra. Parte de la sangre y otros líquidos se desplazan hacia la zona superior del cuerpo, lo que puede modificar la circulación.
Comprender estos cambios resulta especialmente importante para futuras misiones de larga duración hacia la Luna o Marte, donde los astronautas pasarán meses alejados de asistencia médica inmediata.
Materiales calentados a más de 2.000 grados
La investigación no estuvo limitada a la biomedicina.
Sophie Adenot, astronauta de la Agencia Espacial Europea, trabajó con el Electrostatic Levitation Furnace, instalado en el módulo japonés Kibo.
Este sistema permite mantener pequeñas muestras suspendidas mediante campos electrostáticos mientras son calentadas con láseres a temperaturas superiores a los 2.000 °C. Al no necesitar un recipiente para contenerlas, se evita que otros materiales contaminen las muestras.
La microgravedad también permite estudiar propiedades como densidad, viscosidad o tensión superficial en condiciones difíciles de conseguir en la Tierra.
Meir, por su parte, retiró equipos utilizados previamente en investigaciones sobre crecimiento de cristales dentro de la Microgravity Science Glovebox, experimentos que podrían contribuir al desarrollo de materiales y procesos de fabricación más precisos.
Un laboratorio que también necesita mantenimiento constante
Además de hacer ciencia, los siete integrantes de la Expedición 75 deben mantener operativa una estación que permanece habitada de forma continua.
Durante esas jornadas se revisaron trajes espaciales, sistemas de comunicaciones, ordenadores, filtros, equipos de ventilación y elementos utilizados durante las cuatro caminatas espaciales realizadas entre el 6 de agosto y el 1 de septiembre.
La Expedición 75 comenzó el 26 de julio de 2026 y está previsto que continúe hasta la primavera de 2027. Entre sus objetivos se encuentran precisamente la investigación de la salud humana, nuevas tecnologías, fabricación en el espacio y métodos que permitan sostener futuras misiones mucho más largas lejos de la Tierra.