A Peter Parker le decía su tío Ben que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Claro que Peter es un personaje de cómic. En el mundo real y dependiendo de muchas variables, si uno descubre que tiene un talento innato quizás no lo utilice para hacer el bien. Quizás lo utilice para sembrar el caos.

Antes de que Internet fuera Internet y de que florecieran las redes sociales, incluso mucho antes de que el IRC se hiciera popular, lo m√°s parecido que exist√≠a eran las llamadas Party-Line. De hecho todav√≠a existen, aunque cada vez m√°s en desuso. En esencia se trataba de un sistema telef√≥nico de conferencias m√ļltiples, lo que permit√≠a a un grupo de usuarios, la mayor√≠a de veces desconocidos entre ellos, charlar en una misma l√≠nea.

Recuerdo entrar de peque√Īo alguna vez cuando mis padres no estaban en casa (cuando lleg√≥ la factura jam√°s volv√≠ a entrar). All√≠ hab√≠a de todo, normalmente gente con ganas de echarse unas risas, aunque si eras un cr√≠o probablemente no se trataba del mejor sitio para pasar la tarde. J√≥venes (y no tan j√≥venes) se pod√≠an pasar el d√≠a entero soltando burradas, chistes, intentando ligar o simplemente pasando el rato.

Imagino también que muchos de los que lo usaron por aquella época lo hacían por soledad, por mantener una conversación con alguien y no sentirse tan solos. De hecho muchos de los anuncios de este tipo de línea iban en esa dirección. Fue tal el boom que en Estados Unidos se creó una gigantesca industria alrededor de estos precursores de lo que estaba por venir con la red de redes.

John Draper, unos de los primero Phreaks, en 1978. AP Images

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Y con ella llegaron los primeros hackers, los denominados phreakers (phone + hack + freak). Un t√©rmino con el que se defin√≠a a aquellos que manipulaban los sistemas de comunicaci√≥n, tipos que estudiaban y se preocupaban por aprender sobre el funcionamiento de los tel√©fonos de la √©poca, de sus tecnolog√≠as de comunicaci√≥n o de c√≥mo funcionaban las compa√Ī√≠as telef√≥nicas.

Decía Bruce Sterling en el libro The Hacker Crackdown que hoy es muy posible que, aunque se difuminen los términos y las categorías, el phreaking sea el precursor del hacking si entendemos que primero existieron los sistemas telefónicos y luego llegó la informática a nivel popular.

Y por cada 10 phreakers con ganas de aprender sobre las comunicaciones, había al menos 1 que se aprovechaba de sus recursos para sembrar el caos. Así fue como se crearon en Estados Unidos grupos organizados de phreakers temibles en el interior de estas party-lines. Tipos que tenían un gran poder.

Aunque ninguno como el joven que se hacía llamar Silence.

Un poder para sembrar el caos

Blue Box at the Powerhouse Museum. Wikimedia Commons

A√Īo 2005 en Estados Unidos. Suena el tel√©fono de emergencias 911 y se escucha lo siguiente al otro lado de la l√≠nea:

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Escucha atentamente. Tengo a dos personas como rehenes ahora mismo, ¬Ņde acuerdo? ¬ŅSabes lo que le sucede a la gente que suele ser un reh√©n? Una pista: no acaba como en el cine. Te dir√© algo m√°s, uno de ellos se llama Danielle, el otro es su padre. Y la raz√≥n por la que estoy haciendo esto es porque su padre viol√≥ a mi hermana.

El tipo se acaba identificando como John Defanno. Desde emergencias comprueban el n√ļmero del que llama. Se trataba de la casa de los padres de Danielle, de 18 a√Īos, en un suburbio de Colorado Springs. Mientras, desde el otro lado de la l√≠nea Defanno continua hablando:

Acabo de golpear al padre con mi arma y está sangrando profundamente. Estoy armado, tengo una pistola. Les aviso desde ya, si encuentro a policías en esta casa con armas, les dispararé a los dos sin dudarlo. Será mejor que consiga algo de ayuda por parte de ustedes porque me estoy volviendo loco por momentos.

El operador de emergencias trata de mantener al tipo en l√≠nea pero Defanno termina la llamada abruptamente con un √ļltimo y escueto mensaje:

Voy a cortar. Ya tienen la dirección, si no llega nadie para ayudarme en los próximos cinco minutos juro por dios, ¡joder!, que les voy a volar los sesos a los dos.

La polic√≠a sale disparada hacia la casa y llegan en pocos minutos. Los oficiales est√°n listos para un enfrentamiento armado con un sospechoso homicida. Pero al entrar se encuentran con una sorpresa. No hay ning√ļn homicida armado en su interior, ni rehenes, ni sangre. Danielle y su padre estaban viendo la tele tranquilamente en el sal√≥n. Ellos jam√°s hab√≠an o√≠do hablar de John Defanno.

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Aunque eso sí tenía una explicación, John Defanno no existía.

Matthew Weigman: los comienzos

Weigman de peque√Īo

Defanno era en realidad un ni√Īo de 15 a√Īos llamado Matthew Weigman. Un chico ciego, solitario y obeso que viv√≠a con su madre en un barrio de clase trabajadora en Boston. El joven era un adolescente t√≠mido de cabeza rapada que sol√≠a pasar los d√≠as escondido en su habitaci√≥n. All√≠ gastaba la mayor√≠a de horas del d√≠a hablando a trav√©s de las l√≠neas de chat de tel√©fono gratuitas.

Por tel√©fono Weigman no era Weigman, era Lil ¬īHacker, el miembro m√°s experto de una peque√Īa banda que se dedicaba a realizar bromas telef√≥nicas, la mayor√≠a de ellos phreakers. Con el fin de castigar a Danielle, qui√©n le hab√≠a molestado en una de estas l√≠neas de chat, Weigman llam√≥ al 911 haci√©ndose pasar por un psic√≥pata y arreglando su identificador de llamadas para que pareciera que llamaba desde la casa de Danielle, un truco conocido como swatting.

Weigman ten√≠a ciertos paralelismos con los villanos de los c√≥mics. El joven se hab√≠a transformado por un tr√°gico accidente. Descubri√≥ cuando desde muy peque√Īo que su agudo o√≠do le permit√≠a hacer cualquier cosa tras el tel√©fono. Por ejemplo era capaz hacerse pasar por cualquier voz , tambi√©n pod√≠a memorizar un n√ļmero de tel√©fono por el sonido y el timbre de los botones al marcarlo o de descifrar el funcionamiento interno de un sistema telef√≥nico por las frecuencias de una llamada, lo que Weirman denominaba como ‚Äúcanciones‚ÄĚ.

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De esta forma fue capaz de hackear tel√©fonos m√≥viles, ordenar el cese de una l√≠nea particular o conseguir cualquier n√ļmero de tel√©fono de una casa. Como contar√≠a Jeff Daniels, un ex phreaker y amigo de Weigman, al periodista D. Kushner:

Lo cierto es que Matt nunco tuvo la intenci√≥n de convertirse en la persona que se convirti√≥. Pero cuando eres un ni√Īo ciego y tu familia te maltrata, y de repente te encuentras con esa habilidad para sentirte bien, ¬Ņqu√© esperas que suceda?

Matt hab√≠a nacido ciego, pero no fue el √ļnico rev√©s de peque√Īo. Su padre, un alcoh√≥lico adicto a las drogas, sol√≠a pegarle palizas, lo llamaba ‚Äúbastardo ciego‚ÄĚ. Cuando Weigman ten√≠a 5 a√Īos el hombre abandon√≥ a la familia dejando a Matt y su hermano mayor al cuidado de su madre, una auxiliar de enfermer√≠a. Su paso por la escuela no fue mejor. A las dificultades que ten√≠a con su ceguera se a√Īad√≠a la burla continua de los otros ni√Īos.

Swatting. Wikimedia Commons

Un d√≠a, cuando apenas contaba con 4 a√Īos, se produjo un hecho ins√≥lito en su vida. Su madre estaba colocando las luces que rodeaban el √°rbol de navidad que presid√≠a el sal√≥n cuando Matt entra en la habitaci√≥n. El ni√Īo pod√≠a percibir los destellos de las luces, lo hac√≠a de manera muy d√©bil, pero aquello fue una revelaci√≥n. Desde ese momento y conforme fue creciendo se dedic√≥ a explotar esa habilidad. Fue una √©poca de aprendizaje, de realizaci√≥n personal y autoestima que le ayud√≥ a explotar un rasgo que muchas personas pasan de largo, sobre todo aquellas que poseen una visi√≥n: escuchar el mundo que te rodea.

Weigman se obsesion√≥ con las voces, la m√ļsica y cualquier sonido que existiera a su alrededor. El chico lleg√≥ a un punto en el que pod√≠a imitar a todos los personajes que escuchaba en los canales infantiles de la tele o a tocar de o√≠do en un peque√Īo teclado sus canciones favoritas. Con el tiempo pas√≥ a marcar n√ļmeros aleatorios en el tel√©fono, y lo hac√≠a √ļnicamente para o√≠r qui√©n se pon√≠a al otro lado y qu√© tipo de respuesta pod√≠a obtener de ellos. Con 9 a√Īos llam√≥ por primera vez al 911 para que mandaran a un polic√≠a a su puerta. La primera de decenas de llamadas.

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Pasaron los a√Īos y el joven se fue volviendo m√°s t√≠mido. Estaba ganando peso y luchaba por encontrar un lugar en el que encajar. A los 10 a√Īos hab√≠a encontrado el lugar perfecto para huir del mundo real. Se trataba de una l√≠nea telef√≥nica, una party-line. Probablemente se sinti√≥ fascinado por un sistema que le permit√≠a hablar bajo el manto del anonimato. Pod√≠a sociabilizarse sin miedo a que se burlaran de √©l por su dolencia.

Fue a trav√©s de un amigo, qui√©n le pas√≥ el n√ļmero de una de estas l√≠neas gratuitas con la esperanza de ofrecerle al joven una red social m√°s all√° de los confines de su diminuta habitaci√≥n. Fue la segunda gran revelaci√≥n para el joven, un mundo nuevo se acababa de abrir de par en par. Pod√≠a escuchar voces, algunos hablaban entre s√≠, otros simplemente permanec√≠an en l√≠nea mientras se apreciaba que estaban delante de la tele o jugando a los videojuegos. Y Matt descubri√≥ que pod√≠a descifrar todos y cada uno de los sonidos ambientales sin importar lo suave o confuso que fueran. Mejor a√ļn, nadie se pod√≠a ver, eran simplemente voces. Todos estaban ciegos bajo aquel sistema.

As√≠, mientras escuchaba las conversaciones, un d√≠a comienza a presionar n√ļmeros aleatorios en su tel√©fono, s√≥lo para ver que pasar√≠a. Y de repente y tras presionar el bot√≥n de la estrella, una voz computarizada le dice, ‚Äúmoderador on‚ÄĚ. No ten√≠a ni idea de lo que significaba, pero cuando posteriormente golpe√≥ sobre la tecla del asterisco, la voz comenz√≥ a marcar el n√ļmero de tel√©fono privado de cada persona en la sala de chat en la que se encontraba. Matt hab√≠a descubierto una herramienta secreta a trav√©s de la cual un administrador de party-line pod√≠a monitorear el sistema. Dicho de otra forma, cada vez que alguien se metiera con √©l, podr√≠a acceder a su n√ļmero de tel√©fono.

Matthew Weigman, the silence

Weigman de adolescente.

Con 14 a√Īos Weigman ya era capaz de enga√Īar al personal de AT&T y Verizon para que divulgaran informaci√≥n privilegiada (por ejemplo con n√ļmeros de supervisores o contrase√Īas) que le dieran plenos poderes del sistema. Si o√≠a la voz de un supervisor una sola vez ya pod√≠a imitarla con gran precisi√≥n al llamar a uno de los subordinados del hombre. Si escuchaba a alguien marcar un n√ļmero, el joven pod√≠a memorizar los d√≠gitos s√≥lo con el tono. Su truco favorito era conseguir que un t√©cnico telef√≥nico acudiera a su casa para luego hacerse pasar por dicho t√©cnico en el tel√©fono y extraer c√≥digos y datos de compa√Īeros de trabajo desprevenidos. Con esta informaci√≥n pod√≠a llegar a cortarle la l√≠nea a un ‚Äúrival‚ÄĚ del party-line.

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Llegó a un punto en el que parecía no tener límites a lo que podía hacer. Incluso conseguir los datos de famosos, quienes fueron su blanco favorito durante un tiempo. Weigman afirmaba haber hackeado y llamado a los móviles de, entre otros, Lindsay Lohan (decía que solía estar borracha), Eminem o el político Mitt Romney.

Adem√°s de confiar en su gran sentido auditivo, el joven tambi√©n recogi√≥ consejos valiosos sobre pirater√≠a telef√≥nica de otros phreaks en las party-lines. As√≠ aprendi√≥ el spoofing, lo que le permit√≠a mostrar cualquier n√ļmero que eligiera en la pantalla de la persona que llama.

Si con 9 a√Īos realiz√≥ su primera llamada al 911, con 14 a√Īos realiz√≥ su primer swatting. La polic√≠a llegar√≠a a una tienda donde supuestamente hab√≠a un robo y Weigman descubr√≠a el poder que hab√≠a adquirido con la informaci√≥n aprendida.

El chico fue escalando posiciones entre los diferentes grupos de phreakers, y lo hac√≠a sin miedo a nada ni a nadie, atacando sin piedad a cualquiera que se le pusiera por delante: acos√°ndolos, desconect√°ndoles las l√≠neas, desenterrando sus datos personales para usarlos como amenaza o venganza. Si ser un phreaker era entrar de lleno en el juego de la informaci√≥n, Matt era el maestro indiscutible. Cuando hab√≠a una chica que le gustaba desde el otro lado del tel√©fono, no dudaba en amenazarla si dejaba de hablar con √©l. Ese a√Īo el joven de 16 a√Īos dej√≥ de acudir a la escuela para pasar todo el d√≠a en el tel√©fono. Su madre estaba orgullosa de que Matt por fin tuviera amigos, aunque estos fueran s√≥lo por el tel√©fono.

Phreaking-phones. Wikimedia Commons

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Sin embargo, este giro que hab√≠a tomado su vida comenz√≥ a tornarse en algo cada vez m√°s peligroso. El chico empez√≥ a utilizar sus nuevas habilidades para facturar compras a tarjetas de cr√©dito falsas. Weigman se hab√≠a convertido en un maestro de lo que los phreakers llaman ingenier√≠a social, es decir, hab√≠a aprendido la jerga de la industria telef√≥nica, lo que le permiti√≥ manipular a los trabajadores de las grandes compa√Ī√≠as.

De esta forma, un día llamó a AT&T. Probablemente fue el principio del fin para el joven:

AT&T: Hola, gracias por llamar, me llamo Byron, ¬Ņen qu√© puedo ayudarte?

Weigman: ¬ŅC√≥mo est√°s Byron? (con un tono de se√Īor mayor)

AT&T: Bien, ¬Ņy t√ļ?

Weigman: Bien también. Mi nombre es William Jones. Te llamo por la protección de activos de AT&T. Estoy trabajando en un problema de fraude de clientes y tenemos que escribir una orden D.

Matt se estaba haciendo pasar por un agente real de AT&T para ordenar que el tel√©fono de un rival que ten√≠a en una party-line fuera desconectado. Ese d√≠a consigui√≥ su prop√≥sito pero tambi√©n hab√≠a puesto en alerta a las grandes compa√Ī√≠as.

A estas alturas el chico ciego y t√≠mido se hab√≠a convertido en un d√©spota, un tipo burl√≥n y mezquino que a menudo desataba su furia hacia sus otros compa√Īeros phreaks. Para demostrar su destreza la tom√≥ con Daniels, un tipo de 37 a√Īos que hab√≠a sido arrestado por hackear el tel√©fono como un adolescente. Weigman llam√≥ a su casero dici√©ndole que Daniels era un ped√≥filo y un asesino. Sin embargo al hombre le cay√≥ en gracia el joven. Para llamar su atenci√≥n rastre√≥ informaci√≥n personal detallada de Matt incluyendo su n√ļmero de seguridad social. Daniels se gan√≥ el respeto de Weigman y se convirtieron en amigos.

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Por primera vez se abr√≠a a alguien y era capaz de contarle a Daniels sobre su miserable vida fuera de la l√≠nea de tel√©fono. Daniels le inst√≥ a dejar de llamar la atenci√≥n y el joven acept√≥ mantener la boca cerrada e incluso bautizar su nueva imagen con un apodo. A partir de ahora ya no ser√≠a Lil ¬īHacker, se llamar√≠a Silence.

Aunque no tardaría en volver a actuar.

El FBI

Agente del FBI. Wikimedia Commons

James Proulx estaba viendo la televisión una noche de junio del 2006. Era más o menos la una de la madrugada cuando un equipo SWAT rodea su casa en Texas, Se trataba de un camionero con el pelo largo que se había sometido a una cirugía de corazón abierto recientemente.

Cuando Proulx abrió la puerta los SWAT se abalanzaron contra él apuntándole con las armas, lo esposaron y lo metieron en la furgoneta. Las autoridades tenían razones para sospechar: una llamada al 911 desde la casa del Proulx, un hombre que se identifica como el propio Proulx, un tipo que dice que está drogado y con rehenes en su casa exigiendo 50 mil dólares para huir a México, un tipo que afirmaba haber matado a su esposa…

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Unas horas m√°s tarde se descubr√≠a que Proulx era s√≥lo otra v√≠ctima. Result√≥ que la hija del camionero, Stephanie, hab√≠a ‚Äútropezado‚ÄĚ con Weigman y le hab√≠a rechazado el saludo en una Party-Line dici√©ndole que era un ‚Äúpesado‚ÄĚ. Cuatro meses despu√©s su padre estaba esposado en una furgoneta de SWAT.

Poco despu√©s de este acontecimiento Weigman baja las escaleras de su casa y se encuentra a su madre hablando con lo que parec√≠a un hombre de mediana edad. Se trataba de la agente especial Allyn Lynd, del equipo cibern√©tico del FBI. La mujer estaba investigando una serie de casos de pirater√≠a, una agente con m√°s de 10 a√Īos de experiencia combatiendo a los phreaks y los hackers.

Marcación de teléfonos. Wikimedia Commons

En realidad la chica no estaba allí para detener a Weigman, quería que le ayudara a detener a una gran banda de phreaks que estaban siendo investigados. Lynd sabía que Matt era menor, por tanto le pedía cooperación a cambio de no ser acusado. Weigman confesó su papel en varios asaltos por teléfono atraído por la idea de poder cambiar y empezar desde cero.

Tambi√©n aprovech√≥ para mostrarle a Lynd sus habilidades auditivas para manipular los sistemas telef√≥nicos. En un momento de la visita el m√≥vil de la agente suena. Lynd lo coge y tras una breve conversaci√≥n dice que no puede continuar, que llamar√° m√°s tarde. Cuadno colg√≥ Weigman se volvi√≥ hacia Lynd desde el otro lado de la habitaci√≥n y le dice, ‚Äú¬Ņera Billy Smith de Verizon, verdad?‚ÄĚ.

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En efecto, Smith era un investigador de fraudes para Verizon que trabajaba en conjunto con Lynd. Weigman no s√≥lo sab√≠a todo sobre aquel hombre y su papel en la investigaci√≥n, sino que hab√≠a identificado a Smith con s√≥lo o√≠r su voz en el m√≥vil, un sonido inaudible para cualquiera menos para √©l. Pero es que adem√°s, Matt contin√ļo deslumbrando a la agente deslizando una serie de nombres de investigadores que trabajaban para otras compa√Ī√≠as telef√≥nicas. El joven hab√≠a pasado semanas identificando empleados de las compa√Ī√≠as, obteniendo su confianza e informaci√≥n confidencial sobre la investigaci√≥n del FBI en su contra.

La agente qued√≥ impresionada y quedaron en cooperar, pero Weigman no tard√≥ mucho en volver a actuar. El joven era un adicto al party-line, el √ļnico espacio donde era un referente, la √ļnica comunidad donde se sent√≠a parte importante. Seg√ļn explic√≥ su amigo Daniels a D. Kushner:

√Čl no era un criminal, era simplemente un adicto. Un adicto a Silence, a Lil ¬īHacker, a ser la persona m√°s grande y mala. Era adicto a ser la persona que puede hacer que una chica haga lo que le pida por tel√©fono.

FBI. Wikimedia Commons

A principios del 2007 la investigaci√≥n de Lynd termin√≥ con muchos de los grandes phreaks entre rejas, la mayor√≠a tipos que se hab√≠an cruzado en la vida de Matt. Cuando esto ocurri√≥ la reputaci√≥n de Weigman se elev√≥. El joven intensific√≥ su campa√Īa de intimidaci√≥n advirtiendo a sus v√≠ctimas que cualquier cooperaci√≥n con las autoridades supondr√≠a represalias contra sus personas y familiares.

Y a√ļn as√≠, el FBI segu√≠a sin ir a por √©l. Segu√≠a siendo un menor de 17 a√Īos y en cierto sentido le estaban ofreciendo una salida. Todo lo que ten√≠a que hacer era dejar de actuar antes del 20 de abril del 2008, d√≠a de su 18 cumplea√Īos. A partir de entonces ser√≠a juzgado.

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Una noche de abril 2008 sonó el teléfono en la casa de William Smith, el mismo investigador de fraudes que trabajaba para Verizon con el FBI y que Weigman había reconocido por su voz. Cuando Smith lo cogió no había nadie en el otro lado de la línea. Las noches siguientes se sucedieron las llamadas. Smith no le hizo mucho caso hasta que su mujer miró la identificación de una de las llamadas y vio que era de la oficina de su esposo, aunque Smith estaba en casa. Algo no estaba bien.

El investigador cambi√≥ de n√ļmero de tel√©fono, pero las llamadas volv√≠an a repetirse, esta vez a todas horas. Smith no tard√≥ mucho en atar cabos que le llevaron hasta Weigman. El joven estaba utilizando sus habilidades para conseguir sus n√ļmeros privados y acosarlo. No s√≥lo eso, Smith sab√≠a que lo siguiente ser√≠an los asaltos en forma de swatting.

Ante el temor de lo que pudiera ocurrir, Smith reserv√≥ un viaje para que su mujer fuera a visitar a su hijo a las afueras de la ciudad. Luego llam√≥ a su hijo para informarle de los planes. Cuando cort√≥, unos minutos m√°s tarde suena el tel√©fono. Esta vez el identificador de llamadas mostraba el tel√©fono de su hijo pero no respond√≠a nadie. Era Weigman, qui√©n estaba usando las conexiones de su compa√Ī√≠a de tel√©fono para rastrear cada llamada que Smith hac√≠a o recib√≠a.

Al mes siguiente y cuando su mujer ya hab√≠a partido, Smith acud√≠a a un aparcamiento donde se encontraba su coche. En ese momento un veh√≠culo se detiene frente a √©l y se bajan tres j√≥venes. Uno de ellos se acerca lentamente ayudado por otro y le dice, ‚Äúsoy Matt‚ÄĚ.

Weigman había salido de Boston con su hermano y un tipo de las líneas. Le dijo que no estaba allí para amenazarlo o herirlo, solo quería persuadirlo para que cancelara la investigación sobre él. El joven quería parar y cambiar, detener todo lo que le había llevado hasta ese punto.

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Pero Smith le dijo que no aceptaba ning√ļn trato. El investigador llam√≥ a la polic√≠a y Weigman fue arrestado, ahora ya con 18 a√Īos. El 26 de junio del 2009 Matthew Weigman fue sentenciado a 11 a√Īos y tres meses de c√°rcel por conspiraci√≥n y asaltos telef√≥nicos (swatting). De acuerdo a los federales, se estima que su salida de la c√°rcel sea el 7 de mayo del 2018.

Hasta entonces tiene prohibido acercarse a un teléfono.