Saltar al contenido
Ciencia

Por cada hectárea de mina de cobre o cobalto en África, se pierden 34 hectáreas de bosque fuera de ella: el costo ambiental oculto de la transición energética

Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en Nature calculó que entre 2001 y 2020, la expansión minera en África destruyó unas 187.000 hectáreas de cobertura forestal. La mayor parte de esa pérdida no ocurre dentro de las minas sino alrededor, impulsada por carreteras, asentamientos, agricultura y logística asociadas. El cobre y el cobalto, materiales clave para vehículos eléctricos y almacenamiento de energía, son los principales responsables
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La transición energética necesita minerales. Muchos minerales. Las baterías de los vehículos eléctricos llevan cobalto, litio y cobre. Los motores eléctricos llevan cobre. Las redes eléctricas que deben modernizarse para integrar la energía solar y eólica llevan cobre. La demanda proyectada de algunos de estos minerales podría multiplicarse hasta cuarenta veces antes de 2040. El problema es que extraer esos minerales tiene un costo ambiental que rara vez aparece en los análisis de ciclo de vida de los vehículos eléctricos o los paneles solares. Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en Nature lo cuantificó por primera vez a escala continental.

El número que cambia la perspectiva: 34 hectáreas de bosque por cada hectárea de mina

Minas En Africa
© Sergey Pesterev – Unsplash

Entre 2001 y 2020, la actividad minera en África estuvo asociada a la pérdida de unas 187.000 hectáreas de cobertura forestal. Ese dato ya es significativo por sí solo. Pero lo que hace especialmente revelador al estudio es el análisis de dónde ocurrió esa deforestación: la mayor parte no estuvo dentro de las explotaciones mineras sino en las zonas que las rodean. Por cada hectárea ocupada directamente por una mina, se perdieron otras 34 hectáreas de bosque debido a los impactos indirectos.

Tal como reporta el estudio publicado en Nature, esos impactos indirectos incluyen carreteras de acceso, líneas eléctricas, infraestructuras logísticas, viviendas para trabajadores, almacenes, estaciones de combustible y nuevas áreas agrícolas para abastecer a las comunidades que crecen alrededor de los proyectos extractivos. Una carretera abierta para llegar a un yacimiento se convierte en una puerta de entrada para nuevas actividades económicas, asentamientos y explotación forestal, multiplicando la presión sobre ecosistemas que antes permanecían relativamente intactos.

El cobre y el cobalto, los minerales más deforestadores

Tierras Raras
© Rebel Red Runner – Shutterstock

Entre todos los minerales analizados, el cobre y el cobalto son los principales responsables de la deforestación. Ambos son esenciales para las tecnologías de descarbonización: el cobre es el conductor estándar en motores eléctricos, cableado de redes y sistemas de almacenamiento; el cobalto es un componente clave en las baterías de litio que alimentan vehículos eléctricos y electrónica de consumo.

La República Democrática del Congo concentra una parte importante del problema: alberga algunas de las mayores reservas mundiales de cobalto y al mismo tiempo algunas de las selvas tropicales más biodiversas del planeta. La paradoja es directa: minerales necesarios para reducir las emisiones globales de CO₂ pueden estar contribuyendo a la destrucción de ecosistemas fundamentales para absorber dióxido de carbono y sostener la biodiversidad.

Por qué la deforestación empeora el cambio climático que la minería supuestamente combate

Los bosques tropicales son uno de los sumideros de carbono más importantes del planeta. Cuando se pierden, el carbono almacenado en la vegetación y el suelo se libera a la atmósfera. En regiones como la cuenca del Congo, donde coinciden la mayor concentración de yacimientos de cobalto con algunas de las selvas más densas de África, la deforestación inducida por la minería tiene consecuencias climáticas directas que van en sentido contrario al objetivo declarado de descarbonización.

Además, la fragmentación de hábitats dificulta la supervivencia de numerosas especies, muchas de ellas endémicas que no existen en ningún otro lugar del mundo. La expansión de la minería hacia zonas protegidas o corredores ecológicos críticos para la fauna añade otra capa de impacto que los análisis centrados solo en las emisiones de CO₂ no capturan.

La solución que empieza a tomar forma: cadenas de suministro sin deforestación

El concepto de cadenas de suministro libres de deforestación está ganando terreno en el debate regulatorio. En el sector alimentario ya existen iniciativas similares para el aceite de palma, el cacao y la soja. Los autores del estudio y los expertos del sector sugieren que la minería podría avanzar en la misma dirección mediante sistemas de certificación, monitorización por satélite y auditorías independientes. La tecnología actual permite rastrear el origen de los minerales con una precisión que hace unos años no era posible.

África alberga cerca del 30% de los recursos minerales conocidos del planeta y está en el centro de la nueva geopolítica de los minerales críticos. La demanda de minerales para energías limpias podría multiplicarse hasta cuarenta veces en algunos segmentos antes de 2040. Sin marcos regulatorios que exijan trazabilidad y criterios ambientales más amplios que solo las emisiones de CO₂, el crecimiento de esa demanda podría traducirse directamente en más deforestación.

Compartir esta historia

Artículos relacionados