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Ciencia

Por qué el 30 % del océano debe estar protegido antes de 2030 (y por qué no vamos bien)

Proteger el 30 % del océano para 2030 es el mínimo que recomienda la ciencia. Sin embargo, la mayoría de las áreas marinas protegidas existen solo sobre el papel. El problema ya no es cuánto protegemos, sino cómo, dónde y con qué reglas lo hacemos.
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En 2022, durante la COP15 del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU, casi 200 países asumieron un compromiso histórico: proteger al menos el 30 % de los océanos antes de 2030. La meta, conocida como 30×30, parecía ambiciosa. Hoy sabemos que, sin cambios profundos, corre el riesgo de convertirse en una cifra vacía mientras la biodiversidad marina sigue colapsando.

El océano como sistema vital invisible

Los mares regulan el clima, absorben carbono, producen oxígeno y sostienen millones de empleos ligados a la pesca y al turismo. Aun así, son uno de los ecosistemas más degradados del planeta. La sobrepesca, la contaminación, el calentamiento global y la destrucción de hábitats costeros están erosionando silenciosamente su capacidad de sostener la vida humana.

Qué son realmente las áreas marinas protegidas

Las áreas marinas protegidas (AMP) son zonas donde se limitan o prohíben ciertas actividades humanas para permitir la recuperación de los ecosistemas. Cuando están bien diseñadas, restauran poblaciones de peces, mejoran la resiliencia climática y benefician incluso a las zonas no protegidas. El problema es que no todas las AMP protegen de verdad.

El gran fallo: cantidad sin calidad

Hoy, cerca del 10 % del océano figura como “protegido”, pero menos del 3 % cuenta con protección estricta. Muchas AMP permiten pesca industrial, prospecciones o actividades incompatibles con la conservación. En la práctica, funcionan como áreas sin normas reales. Proteger no es dibujar líneas en un mapa: es regular, vigilar y gestionar.

Redes marinas, no islas aisladas

La ciencia es clara: las AMP funcionan mejor cuando forman redes conectadas. Las especies necesitan desplazarse, intercambiar larvas y recolonizar zonas degradadas. Áreas pequeñas, fragmentadas y mal distribuidas no cumplen esa función. Por eso, el reto no es solo crear más AMP, sino conectarlas y replicar hábitats clave a distintas escalas.

El problema de las costas

Gran parte de la protección marina se ha concentrado en zonas remotas y profundas, lejos de la costa. Sin embargo, es en las aguas costeras donde se concentra la biodiversidad y la presión humana. En muchos países, incluido España, las AMP costeras son numerosas pero diminutas y con normas débiles, lo que reduce drásticamente su impacto real.

Gobernanza y apoyo social: la clave olvidada

Las AMP más exitosas comparten un rasgo: implican a las comunidades locales. Pescadores, científicos, administraciones y organizaciones sociales deben participar en su diseño y gestión. Sin vigilancia, financiación estable y consenso social, incluso la mejor figura legal fracasa.

Un reloj que no se detiene

El objetivo 30×30 sigue siendo alcanzable, pero exige actuar rápido y mejor. Más protección estricta, más redes conectadas, más participación local y menos AMP “de escaparate”. El océano no necesita promesas: necesita decisiones eficaces antes de que el tiempo se agote.

Fuente: TheConversation.

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