Image: WC

Conocido como Status 6, Vladimir Putin dio pistas en su discurso sobre el Estado de la Nación acerca de un dron autónomo submarino, un torpedo nuclear de alta velocidad que nada tiene que ver con los misiles balísticos “convencionales”. De apretar el botón rojo, el poder de Status 6 sería devastador.

El arma, denominada por el Pentágono como Kanyon, es todo un secreto a voces. Según los documentos en poder de Estados Unidos, se trata de un dispositivo con una autonomía de casi 10.000 kilómetros que puede navegar a una profundidad máxima de 1.000 metros y a una velocidad de 56 nudos (103 km/h). Status 6 puede lanzarse desde diferentes tipos de submarinos como la clase Oscar o la clase Sarov.

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El dron, con forma de torpedo enorme, tiene una carga de hasta 100 megatones (la bomba de Hiroshima tenía solo 16 kilotones) y supone una seria amenaza para ciudades costeras. Además, la cabeza nuclear basada en Cobalto-60 supone un nuevo y terrorífico escenario de llegar a lanzarse algún día pero, ¿qué lo diferencia de otro tipo de armas nucleares?

Image: State 6 (Wikimedia)

Si bien cada vez que se divide un átomo existe el riesgo de radiactividad, las armas nucleares suelen usar detonaciones nucleares para crear calor y presión, y la radiactividad persistente es un efecto secundario peligroso. Sin embargo, Status 6 usa desechos radiactivos para disuadir, asustar y potencialmente castigar a los enemigos en las próximas décadas. Según explica a BusinessInsider el experto Stephen Schwartz, autor de Atomic Audit: The Costs and Consequences of US Nuclear Weapons:

Las armas nucleares solo generan cantidades significativas de lluvia radioactiva cuando son detonadas a, cerca o debajo del nivel del suelo. Este tipo de explosiones nucleares absorben tierra o agua, la contaminan con escombros de la bomba y luego la arrojan a la atmósfera. 

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Las armas nucleares de Estados Unidos, diseñadas principalmente para destruir otras armas nucleares en un intercambio nuclear mutuo, detonan en el aire para crear la máxima cantidad de presión sobre los objetivos en el terreno. La cantidad de presión creada por un misil balístico como el Minuteman III aplastaría gran parte de una ciudad, pero su propósito estratégico radica en contrarrestar el peligro de otros misiles balísticos enemigos. Para Schwartz: 

Donde la bola de fuego no toca la superficie de la tierra, como puede ser el caso con las armas nucleares de explosión de aire, la única consecuencia son los restos de la bomba en sí y cualquier partícula de polvo en el aire que entre en contacto con ella.

Image: Minuteman III (Wikimedia Commons)

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Sin embargo, el experto dice que el escenario cambia completamente con State 6 y su cabeza nuclear basada en Cobalto-60. “Cuando un arma termonuclear está rodeada con metal de cobalto, los neutrones rápidos que escapan de la explosión lo transmutarán instantáneamente en cobalto-60 radioactivo, que vaporizaría, condensaría , y luego volvería a la tierra a decenas, cientos o miles de kilómetros del sitio de la explosión”.

En otras palabras, State 6 podría hacer que miles de kilómetros en el planeta fueran inhabitables durante la mayor parte de un siglo. Según Schwartz, el resultado sería una cobertura de difusión del cobalto radioactivo indiscriminado en todo el planeta, “una bomba de cobalto detonada en Washington podría contaminar el suelo canadiense o mexicano”, comenta.

El experto estima que el cobalto demoraría 53 años en volver a niveles no peligrosos, y que otros elementos radiactivos podrían persistir por mucho más tiempo. “Cualquier área contaminada se volvería prácticamente inhabitable por ese período de tiempo y las personas en refugios no estarían seguras si regresaran a la superficie por un largo período de tiempo”, finaliza Schwartz. [BusinessInsider]