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Hay algo en esta imagen que no cuadra, y desde luego no es el beb√©. A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, si uno acud√≠a a Nueva York o Londres y miraba hacia arriba, adem√°s de alg√ļn rascacielos pod√≠a encontrarse a beb√©s colgando, suspendidos en el aire en una jaula. Estaban tomando el sol.

Literalmente fue as√≠, o casi. La historia comenz√≥ hacia 1885, momento en que el doctor Luther Emmett Holt escribi√≥ sobre la importancia de la ‚Äúventilaci√≥n‚ÄĚ para los beb√©s en su libro, The Care and Feeding of Children. Dicha afirmaci√≥n result√≥ en lo que es quiz√°s uno de los inventos m√°s extra√Īos y horrorosos del siglo XX: las jaulas para beb√©s.

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Holt ten√≠a la intenci√≥n de que su texto se usara como un manual para auxiliares de enfermer√≠a y madres que necesitaban consejos √ļtiles para cuidar y alimentar a los cr√≠os. Al igual que los cap√≠tulos que cubren temas b√°sicos sobre el cuidado del beb√©, como por ejemplo ba√Īarse o amamantar, el doctor dedic√≥ una secci√≥n titulada ‚ÄúTomar aire‚ÄĚ dedicada a la importancia de permitirle al ni√Īo tomar aire fresco de manera regular. Seg√ļn su texto:

Se requiere aire fresco para renovar y purificar la sangre, y esto es tan necesario para la salud y el crecimiento como la comida adecuada. Se mejora el apetito, la digestión es mejor, las mejillas se vuelven rojas y se ven todos los signos de salud.

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Image: The Health-Care of the Baby

El hombre continu√≥ explicando que este proceso de ventilaci√≥n dar√≠a como resultado unos ni√Īos m√°s fuertes con el paso del tiempo, ni√Īos que ser√≠an menos propensos a los resfriados y las infecciones que aquellos que no estuvieran aireados.

Lo cierto es que con el paso del tiempo sus conclusiones no resultaron nada descabelladas. Un estudio de hace unos a√Īos publicado en el Journal of Environmental Psychology relacion√≥ la exposici√≥n regular al aire fresco con una mayor vitalidad, y una investigaci√≥n todav√≠a m√°s reciente demostr√≥ que los beb√©s que estaban expuestos a la luz del d√≠a durante las horas de la tarde dorm√≠an mejor que los que no lo estaban.

De hecho, se cree que este patr√≥n de sue√Īo regular puede ayudar al desarrollo temprano del reloj biol√≥gico, lo que puede resultar en una funci√≥n hormonal saludable y posiblemente reducir los efectos secundarios de la privaci√≥n del sue√Īo como la depresi√≥n, la obesidad y disminuci√≥n del estado de alerta durante el d√≠a.

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Sea como fuere, ¬Ņc√≥mo demonios se pas√≥ de la teor√≠a de Holt a las jaulas para beb√©s? Las instant√°neas muestran jaulas de malla reales suspendidas de las ventanas de los apartamentos, algo muy parecido a lo que ser√≠a hoy una parte de los equipos aire acondicionado, pero con un ni√Īo. Una aut√©ntica salvajada.

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Inventado en Estados Unidos en 1922, las jaulas para ni√Īos permit√≠an que las madres que viv√≠an en la ciudad ofrecieran a sus peque√Īos aire fresco. La patente, otorgada a una mujer llamada Emma Read dec√≠a lo siguiente:

Es bien sabido que surgen muchas dificultades para criar y alojar adecuadamente beb√©s y ni√Īos peque√Īos en ciudades atestadas, es decir, desde el punto de vista de la salud. Con estos hechos a la vista, el prop√≥sito de esta invenci√≥n es proporcionar un tipo de fabricaci√≥n para beb√©s y ni√Īos peque√Īos que se suspender√° sobre el exterior de un edificio adyacente a una ventana abierta, en donde se puede colocar al beb√© o ni√Īo peque√Īo.

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Image: Corbis

El dise√Īo tambi√©n inclu√≠a un techo inclinado que se colocaba sobre el artilugio para proteger a los beb√©s enjaulados de elementos agresivos como la lluvia y la nieve (como lo oyen). Una vez instalada, el cuidador podr√≠a simplemente colocar al beb√© dentro de la canasta de alambre y cuidar de la casa.

El interior de las jaulas de los beb√©s tambi√©n pod√≠a estar forrado con tela suave o una canasta para que el beb√© durmiera, y las madres sol√≠an depositar algunos juguetes para mantener a los peque√Īos ocupados mientras estaban suspendidos 10, 20 o 30 pisos por encima del nivel del suelo.

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Afortunadamente, la popularidad de las jaulas disminuyó en el momento del siglo XX en que las percepciones sobre la seguridad infantil comenzaron a cambiar, y lo mejor de todo, no se conocen casos de accidentes como resultado de esta surrealista invención. [Mental Floss, Mashable]