La nueva Microsoft Band es, probablemente, uno de los medidores de actividad más ambiciosos que he visto: cuenta con 10 sensores diferentes en una pulsera sumamente delgada. Pero, después de ponerla en mi muñeca por primera vez, descubrí que no es otro brazalete cuantificador bonito. De verdad tiene la capacidad e inteligencia de decirme qué hacer con esos datos.

En su nivel más básico de 200 dólares, Microsoft Band es un medidor de actividad que está a la par con otros que ya hemos visto. Mide tu ritmo cardiaco, tus pasos, y calcula ciertos datos relevantes de tu salud como las calorías que quemaste. Se ajusta con correas tan cómodas que parece que no son nuevas, y las mejoras continúan.

Microsoft Band también es referencia para la plataforma más ambiciosa de salud de la compañía, Microsoft Health, que soporta un ejército de wearables que quieren tomar todos tus datos, sincronizarlos en la nube y devolverte información valiosa. Aunque no he tenido tiempo de probar el dispositivo al máximo, aquí están mis primeras impresiones.

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Hardware

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La parte más inteligente del diseño del hardware es la correa deslizable que se puede ajustar dependiendo de la actividad. En una situación más casual puedes dejarla un poco floja y, para cuando quieres ir a correr, la puedes apretar fácilmente para que no se mueva mientras haces ejercicio. Al apretarla creas mejor contacto para el sensor óptico de ritmo cardiaco.

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Una vez puesta, la pulsera se ve sumamente delgada cuando la ves por encima, pero tiene un punto alto apreciable desde el perfil. Para interactuar con el brazalete, cuenta con un botón para despertar o dormir el dispositivo, y otro botón de acciones para iniciar carreras u otro tipo de ejercicios y, además, su pantalla táctil.

Cómo funciona

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En el momento en el que enciendes el dispositivo, te da la hora y, al presionar el botón de acciones, puedes navegar desde ahí entre diversas estadísticas básicas como el número de pasos, ritmo cardiaco y calorías. Todo esto se muestra con una pequeña cifra al lado de la hora. Desliza tu dedo sobre la pantalla de inicio y llegarás a un apartado en el que aparecerán unos iconos que parecen salidos directamente de Windows Phone. La pantalla responde fácilmente, aunque, un usuario exigente podría decir que la animación para cambiar de pantalla no fluye como debería.

Cada mosaico te lleva a ver información básica del wearable. El dispositivo se sincroniza con tu teléfono a través de Bluetooth, y puede mostrar notificaciones, llamadas perdidas y tu calendario. La pequeña pantalla solo puede desplegar una frase de información. Es suficiente para saber qué está pasando, pero no te imagines leyendo correos electrónicos completos.

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Comprobar nuestra próxima cita en la muñeca es útil, pero no especialmente nuevo. La Microsoft Band empieza a impresionar cuando nos apartamos de las funciones más básicas y entramos en sus poderosas habilidades como medidor de actividad. Los últimos iconos nos llevan hasta unas aplicaciones para monitorizarnos mientras corremos y dormimos, así como un monitor para entrenamientos. Este último es bastante especial.

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Utilizando la aplicación Microsoft Health (disponible en iOS, Android y Windows Phone) podemos cargar un plan de ejercicios. La pulsera se encarga de guiarnos paso a paso y sabe exactamente qué tipo de ejercicio (y cuantas repeticiones de cada uno) estamos haciendo gracias a sus sensores.

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Por ejemplo, yo elegí entrenamiento para principiantes. La pulsera me puso a hacer saltos tipo Jumping Jacks durante 20 segundos. Al terminar, una alerta por vibración me pasó al siguiente ejercicio (sentadillas), después de un breve período de descanso. Básicamente, es como un entrenador personal en la muñeca. De momento, solo Microsoft accede a este sistema, pero es una cuestión de tiempo que la compañía publique el SDK y otros desarrolladores puedan diseñar sus propias aplicaciones y rutinas de entrenamiento.

Las aplicaciones para correr y dormir funcionan como se espera de ellas. Un detalle particularmente agradable es que el GPS no está siempre activado, lo que evita que consuma más batería de la necesaria. Cuando activamos la aplicación de correr, por ejemplo, es cuando se activa sin que tengamos que esperar a la señal del satélite.

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Un cerebro para todos tus datos

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Todas estas funciones están enfocadas a lo que de verdad hace única la Microsoft Band. Es la única que se está tomando en serio el convertir todos los datos que extrae de nosotros en un diálogo. La mayor parte de dispositivos cuantificadores solo recogen datos y nos pasan las notificaciones que tengamos activas. Microsoft Band quiere que esos datos nos sean útiles.

Este diálogo está íntimamente ligado a la plataforma Microsoft Health. Microsoft no quiere simplemente ser un recolector de datos, Quiere ser capaz de analizar estos datos y proporcionarnos claves para mejorar nuestra salud. Parte de esta funcionalidad ya se ha construido. Por ejemplo, la aplicación Microsoft Health no solo nos dice cuánto hemos dormido. Tiene una métrica que marca qué porcentaje de ese sueño ha sido realmente reparador. Después de un entrenamiento, la pulsera compara nuestro peso con el ritmo cardíaco y otros datos para ofecernos sugerencias sobre el tiempo que necesitaremos para recuperarnos.

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Microsoft analiza todos estos datos en la nube, y la plataforma aprende con el tiempo para ofrecer recomendaciones cada vez más precisas. También combina datos de otras plataformas. Si tenemos una reunión con nuestro jefe en el calendario, por ejemplo, la aplicación nos sugiere tomarnos un descanso el mismo día para no aumentar demasiado el estrés. Eventualmente, hasta podría recomendarnos música para relajarnos antes de es reunión.

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Obviamente, aún queda mucho trabajo por hacer, y es imposible averiguar cómo de bien responderá la plataforma a futuro. No obstante, la Microsoft Band ya se ha ganado el título de wearable más prometedor de los que hemos visto hasta ahora. Consigue alcanzar un muy buen equilibrio entre ambición y usabilidad. De momento, la pulsera nos puede ayudar a estar un poco más en forma muy facilmente, y eso ya es mucho.

Fotos: Nick Stango

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