La energía geotérmica lleva años siendo una promesa renovable con limitaciones geográficas. Sin embargo, los avances recientes están abriendo una posibilidad inesperada: generar electricidad y calor desde cualquier parte del mundo, sin depender de reservas naturales de agua caliente. El detalle que ha llamado la atención es quién podría acelerar esta transformación: el sector petrolero.
Energía limpia donde antes no era posible

Islandia lidera el uso de la energía geotérmica, obteniendo dos tercios de su energía de depósitos subterráneos. Pero ese nivel de aprovechamiento es una excepción. En países como Turquía, Indonesia, Estados Unidos o Kenia, la geotermia depende aún de zonas con condiciones naturales específicas.
Esa limitación podría cambiar pronto. Un informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) revela que con nuevas tecnologías de perforación profunda, se podría extraer calor incluso en zonas donde no hay agua subterránea caliente. Según Heymi Bahar, experto de la AIE, “si se puede perforar, se puede acceder a la energía”, incluso en ciudades como París.
De roca seca a electricidad

La clave está en llegar a profundidades mayores. A cada kilómetro, la temperatura sube entre 25 y 30 grados. Proyectos como el de la empresa canadiense Eavor, en Baviera, apuestan por sistemas de circuito cerrado que no requieren agua natural. Allí, pozos de 5.000 metros se conectan mediante tuberías por donde circula agua fría, que se calienta en contacto con la roca y regresa a la superficie para ser aprovechada. Esta planta, prevista para 2026, costará 350 millones de euros.
Otra propuesta llega desde EE.UU., donde Fervo Energy —apoyada por Google— desarrolla una “fracturación verde” que crea depósitos artificiales de agua caliente. Aunque promete eficiencia, este método conlleva riesgos.
Riesgos y aliados inesperados

La perforación profunda puede provocar microsismos, como ocurrió en Corea del Sur en 2017. Además, algunos métodos consumen grandes cantidades de agua. En cambio, los sistemas cerrados, como el de Eavor, minimizan estos riesgos, aunque su desarrollo es más caro.
Es aquí donde entra un aliado inesperado: la industria del petróleo. Gracias a su experiencia en perforación extrema, podría reducir significativamente los costos de la energía geotérmica y acelerar su expansión global. Según Terra Rogers, de Clean Air Taskforce, su apoyo tecnológico es clave para transformar esta promesa en una realidad energética.