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Foto: Shutterstock
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Para muchos, esta ha sido la primera vez en nuestra vida que nos hemos tenido que poner encima una mascarilla. No se vosotros, pero a lo largo de esta cuarentena me he ido haciendo varias preguntas al respecto. Cómo fabricarme una mascarilla casera. Cómo colocármela para que no se me empañen las gafas todo el tiempo. Y mi última ocurrencia ha sido preguntarme si no estaré respirando demasiado CO2 con la mascarilla puesta todo el día. Respuesta corta: no.

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Cuando tenemos una mayor cantidad de dióxido de carbono en nuestra sangre arterial, se denomina hipercapnia. Pero aunque puedas sentirte algo mareado o aturdido cuando llevas cierto tiempo con la mascarilla, el culpable no es el exceso de dióxido de carbono en tu sangre.

Las mascarillas están hechas de materiales porosos que permiten escapar moléculas diminutas, como el dióxido de carbono, y que a la vez consiguen detener otras más grandes, como gotas de saliva o mucosa. Además, una mascarilla no es una cámara estanca, sino que el aire se renueva por los laterales y por su parte superior, por lo que es difícil que se acumule CO2 como para provocarte hipercapnia. Si comienzas a sofocarte puede ser porque tu respiración hace que el aire que hay dentro de la mascarilla se vuelva más húmedo, pero no porque te estés envenenando con tu propio CO2.

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Así que si estabas buscando una excusa para no ponerte la mascarilla, tendrás que probar con otra cosa.

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