Imagen: Alice Seeley

No conocía esta imagen ni la figura de quién la tomó hasta hace muy poco, cuando la encontré en una revista y no pude quitármela de la cabeza hasta averiguar qué había detrás. Aparentemente, un hombre se muestra impasible observando algo, pero es todo mucho más horrible que eso.

La imagen se tomó en 1904 en el Congo. Lo que vemos: un tipo sentado sobre lo que parece un porche mirando fijamente algo que a primera vista el observador no acierta a descifrar. Sin embargo, si te concentras bien en un segundo vistazo se revela la verdadera naturaleza atroz de la instantánea. El hombre está observando el pie y la mano cortada de alguien pequeño, probablemente un crío.

La imagen fue tomada por una figura capital cuyo trabajó arrojó luz sobre el horror que se vivió con el colonialismo del Congo a manos del rey belga Leopoldo II. La misionera y fotógrafa británica, Alice Seeley, había viajado al Congo junto a su marido, John Hobbis Harris, en 1898.

Alice decía que aquel viaje iba a ser su “luna de miel” (se habían casado hacía poco tiempo), pero lo que encontró allí fue el horror de la barbarie humana. La fotógrafa quedó consternada por lo que presenció en el llamado Estado Libre del Congo, y comenzó a hacer campaña para que se reconocieran los derechos humanos de los nativos congoleños.

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Imagen: Alice Seeley a los 100 años (Wikimedia Commons)

Alice se quedó hasta 1901 con su esposo en Ikau, cerca del río Lulanga, un afluente del río Congo en la región tribal de Balolo. Más tarde, de 1901 a 1905, se estacionaron en Baringa, un pueblo en el distrito de Tshuapa, territorio de Befale en lo que hoy es la República Democrática del Congo.

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Durante su tiempo en la zona, Alice enseñó inglés a los niños, pero su contribución más importante fue la de fotografiar las heridas y hostigamiento de los nativos congoleños a manos de los agentes y soldados del rey Leopoldo II de Bélgica. Leopoldo explotaba a la población local con fiereza para beneficiarse de la mayor demanda de goma después de la invención de la llanta neumática por John Boyd Dunlop. Entre los métodos de coacción: azotes, toma de rehenes, violación, asesinato y quema de jardines y pueblos.

Sin embargo, y aquí viene parte de la historia de la instantánea, la atrocidad más famosa e impactante, cuyas secuelas capturó en su fotografía, fue el corte de extremidades.

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Imagen: Alice Seeley

La foto de portada ocurrió en 1904, cuando dos hombres llegaron desde una aldea atacada por “centinelas” de la Compañía Anglo-Belga después de no poder cumplir con la cuota de goma requerida. Uno de los hombres, Nsala, sostenía un pequeño manojo de hojas que al abrirse revelaba la mano y el pie cortados de un niño.

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No era un niño cualquiera para aquel pobre hombre, habían matado y desmembrado a la esposa y a la hija de Nsala. Horrorizada, Alice persuadió a Nsala a posar con los restos de su hija en la terraza de su casa para una foto.

Y no fue la única. Harris pasó a tomar cientos de fotos como esta, documentando la violencia, la esclavitud y la explotación infligidas a la gente congoleña por Leopoldo II, enriqueciéndose con el trabajo forzado al tiempo que afirmaba que se trataba de un proyecto humanitario.

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Imagen: Alice Seeley

Después de hacerse públicas, las imágenes obligaron a Europa a enfrentarse a lo que realmente estaba sucediendo y, bajo la presión pública, en 1908 se firmó al Congo sobre el estado belga, aunque no ganaría la independencia hasta 1960.

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En cuanto a la barbarie del acto en sí, en teoría, cada mano derecha debía ser un asesinato. En la práctica, los soldados a veces “hacían trampa” cortando simplemente la mano o un pie y dejando que la víctima viviera o muriera a la suerte. Unos pocos supervivientes le llegaron a contar a Seeley que habían vivido una masacre actuando como muertos, que no se movieron incluso cuando se les cortaron las extremidades, esperando que los soldados se fueran antes de buscar ayuda.

El horror y el sinsentido llegaron a extremos incomprensibles, como que un soldado podía acortar su período de servicio si traía más extremidades que los otros soldados, lo que acabó provocando mutilaciones y desmembramientos generalizados en masa.

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Posiblemente sin la figura de Seeley estos actos se hubieran extendido en el tiempo de manera indefinida. [Wikipedia, Vice]