La identidad personal va mucho más allá de lo que hacemos para ganarnos la vida. Sin embargo, en una sociedad que valora el éxito y el estatus, muchas personas construyen su autoconcepto alrededor de su profesión, enfrentando desafíos emocionales al perder ese rol.
Más allá de las etiquetas: ¿qué define nuestra esencia?

Las etiquetas que usamos para describirnos, como profesiones o roles sociales, son herramientas útiles para conectar con los demás y encontrar un sentido de pertenencia. Sin embargo, también pueden ser limitantes. Como lo reflexiona Anthony de Mello en su obra La oración de la rana, nuestra esencia trasciende esas etiquetas y roles que adoptamos.
Por ejemplo, cuando alguien se presenta como «Marta, ingeniera en una multinacional» o «Pedro, catedrático», está utilizando su profesión como una parte central de su identidad. Aunque esto es común y puede ser útil en ciertos contextos, basar todo nuestro autoconcepto en estas etiquetas nos deja vulnerables ante cambios laborales o personales.
La jubilación: una etapa de transición y descubrimiento

La jubilación, muchas veces vista como un periodo de libertad, puede convertirse en un desafío emocional para quienes construyeron su identidad alrededor de su trabajo. Dejar atrás un rol laboral no solo implica abandonar un empleo, sino también perder una fuente importante de estatus social y sentido de pertenencia.
En profesiones altamente reconocidas, como catedráticos o médicos, es común que las personas se aferren a su título incluso después de retirarse. Sin embargo, esta transición también puede ser una oportunidad para redescubrir intereses, fortalecer relaciones personales y reconectar con la propia esencia.
La técnica de la desidentificación: reconectar con uno mismo
El psicoterapeuta existencial Irvin Yalom propone una técnica llamada «desidentificación» para ayudar a las personas a descubrir su esencia más allá de los roles. Este ejercicio consiste en clasificar aspectos de nuestra identidad según su importancia y reflexionar sobre la posibilidad de renunciar a ellos, explorando quiénes somos sin esas etiquetas.
Al finalizar el proceso, se recuperan esas «identidades», pero con una comprensión más profunda de que no definen quiénes somos en nuestra totalidad. Este enfoque permite a las personas desarrollar una perspectiva más equilibrada sobre su identidad.
Una flor más allá de sus pétalos
Como una flor que conserva su esencia incluso si pierde algunos pétalos, nuestra identidad trasciende los roles que desempeñamos. Perder un trabajo o jubilarse no significa dejar de ser. Más bien, es una oportunidad para explorar nuevas dimensiones de nosotros mismos y recordar que somos mucho más que nuestra carrera.
En una sociedad que valora tanto los logros profesionales, es crucial recordar que nuestra identidad no se limita a lo que hacemos, sino a quiénes somos en lo más profundo. Descubrir esa esencia puede ayudarnos a enfrentar transiciones con resiliencia y abrirnos a nuevas etapas llenas de significado.
Fuente: La Vanguardia