Florence Schaffner, de 23 a√Īos, no estaba de buen humor el 24 de noviembre de 1971. La azafata de Northwest Orient ten√≠a que volar el d√≠a de Acci√≥n de Gracias con destino a Seattle y perderse la reuni√≥n familiar que hab√≠a previsto. Ese d√≠a se levanta de muy mala gana y acude al Aeropuerto de Portland con el tiempo justo. Poco antes de iniciar el despegue la joven se sit√ļa en los asientos plegables de la salida trasera de la nave. Faltaban muy pocos minutos para que esa fecha de Acci√≥n de Gracias la recordara el resto de su vida.

Cuando el Boeing 727-100 con destino a Seattle ya hab√≠a despegado y se encontraba en altitud de crucero, Florence fija su mirada sobre el √ļltimo asiento del Boeing que llevaba a 36 pasajeros. Era el 18C, a pocos metros de donde se encontraba Florence. Lo √ļltimo que quer√≠a ese d√≠a era mostrar su enfado en el trabajo pero no pudo evitar sentirse ‚Äúobservada‚ÄĚ por el tipo que all√≠ se encontraba.

Seg√ļn reportaron los testigos que se encontraban en el avi√≥n ese d√≠a, el hombre que observaba a Florence era de mediana edad, pelo oscuro y m√°s o menos alto (de unos 1,80 metros). Su atuendo no denotaba nada extra√Īo, si acaso la gabardina negra que a√ļn llevaba en el interior del aparato, aunque siendo invierno hab√≠a m√°s gente en el vuelo que hab√≠a permanecido abrigada en el despegue. Adem√°s de la gabardina, el observador llevaba un elegante traje negro debajo, unos zapatos y corbata del mismo color, camisa blanca y unas gafas oscuras que tampoco se hab√≠a quitado durante la salida.

Cuando Florence levanta la mirada y la fija sobre el tipo, este no aparta la vista. Con la cabeza ladeada, ligeramentehacia atrás, no había ninguna duda de que la estaba mirando fijamente. La azafata decide no apartar la mirada, la mantiene. El hombre hace lo mismo. Cuando han pasado unos segundos Florence ya no aguanta más y decide quitarse el cinturón y acudir a ver qué problema tenía el hombre.

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No hizo falta. El observador le hace una se√Īal con las manos, la est√° llamando con una leve sonrisa mientras le hace una se√Īal de sigilo. ‚ÄúDefinitivamente, hab√≠a algo muy raro en el tipo‚ÄĚ, dir√≠a la joven. Florence se acerca y el hombre le pasa una nota. ‚ÄúEra el colmo‚ÄĚ, pens√≥ la azafata. Al tipo no le basta con mirarla descaradamente y mantenerla en tensi√≥n, sino que adem√°s acaba pas√°ndole una nota con su n√ļmero de tel√©fono.

Enfadada pero sin decirle nada al tipo, coge la nota y sin leerla se la guarda en un bolsillo. Florence se da media vuelta y vuelve a su asiento plegable. Cuando se sienta el hombre vuelve a girar la cabeza y la mira desafiante. La chica no sabe que hacer, lo mira y luego evita la mirada. En ese momento el tipo se levanta y se acerca a ella para decirle:

Se√Īorita, creo que lo mejor ser√≠a que leyera el contenido de la nota, porque tengo una bomba.

Al acabar la frase el tipo vuelve tranquilamente a su asiento. A Florence le tiemblan las piernas y las manos. A duras penas se saca del bolsillo la nota que hab√≠a guardado, la abre y lee en voz baja aquel escueto mensaje escrito en may√ļsculas que rezaba:

Tengo una bomba en el maletín. Ahora quiero que se siente a mi lado.

Aterrizaje del Boeing

El Boeing 727-100 secuestrado. AP Images

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La mente de la azafata se tambalea. Como contar√≠a m√°s tarde, en ese momento no sab√≠a qu√© pod√≠a hacer. Durante unos segundos se imagin√≥ a sus padres viendo las terribles noticias, se imagin√≥ el Boeing explotando en el aire, incluso al hombre que acababa de anunciarle la peor noticia de su a√ļn corta vida viol√°ndola all√≠ mismo, todo lo que pod√≠a acertar apensar era terrible.

Totalmente desconcertada, la joven decide sentarse junto al asiento libre que había al lado del tipo. Nada más sentarse, el hombre que se había registrado en el avión como Dan Cooper (Cooper a partir de ahora) comienza a explicarle sus planes de manera muy pausada:

Tranquila. Lo que yo quiero son 200 mildólares en billetes en efectivo sin marcar a las 17:00. Quiero que los metan en una mochila. También quiero dos sets completos de paracaídas (dos de espalda y dos de emergencia). Una vez que aterricemos en Seattle, también quiero un camión de combustible preparado para repostar el avión. Ah, y por favor no haga nada de lo que pueda arrepentirse o detonaré la bomba.

Cuando terminó de explicarle los requisitos para que ese día no se tornara en una catástrofe aérea, Cooper le pide amablemente a Florence que le haga comunicar sus demandas al piloto del avión William Scott. La joven se levanta y enfila el camino hacia la cabina del Boeing. Jamás había sentido tanto miedo en su vida y jamás había odiado tanto ser azafata.

Cuando Florence llega a la cabina le comunica a Scott la ‚Äúincidencia‚ÄĚ en el asiento 18C. El capit√°n r√°pidamente contacta con la torre de tr√°fico en Seattle explicando la situaci√≥n. Tr√°fico a√©reo a su vez contacta con la seguridad del aeropuerto y la polic√≠a de Seattle junto al FBI. Las √≥rdenes que le llegan de vuelta a Scott son claras:

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Dile que vamos a cooperar, que estamos reuniendo todo el dinero y las demandas descritas para que estén listas tras el aterrizaje.

Scott fija la mirada en Florence. Trata de calmar a la joven y le dice que debe volver a la √ļltima fila para hacerle llegar a Cooper que sus demandas han sido aceptadas. Tambi√©n le dice que si se ve capaz de intentar averiguar si es o no verdad que tiene una bomba. La joven asiente con la cabeza y regresa al final del avi√≥n.

La tripulación de Boeing a su llegada a Reno. AP Images

Mientras se acerca a la √ļltima fila respira hondo, inhala y exhala repetidamente. Curiosamente Cooper ha cambiado sus formas. Cuando la chica llega para contarle que sus demandas han sido aceptadas, este la nota nerviosa y trata de calmarla. No parec√≠a un criminal al uso, pens√≥ Florence. Sus peticiones tambi√©n dejaban claro que no se trataba de un terrorista, un lun√°tico o incluso un posible disidente pol√≠tico.

La joven recodaría que fue educado y muy bien hablado, aceptando de buen grado las noticias que le traía Florence de la cabina. Tanto fue así, que se dio un momento ciertamente surrealista. En un momento dado Cooper acaba pidiendo una bebida, un bourbon con soda de limón del que se negó rotundamente a ser invitado por la tripulación. Cooper pagó con un billete de 20 dólares y le dijo a Florence que se quedara con el cambio.

De alguna forma parec√≠a que el hombre hab√≠a bajado la guardia, momento que aprovech√≥ Florence para preguntarle si lo de la bomba iba en serio. Cooper abri√≥ un par de cent√≠metros su malet√≠n, lo justo para que la joven pudiera apreciar una mara√Īa de cables, una especie de bater√≠a, unos palos rojos descritos como dinamita y un contador. Tras volver a cerrarlo, le dice a la joven que vuelva a la cabina y le comunique a la tripulaci√≥n que el avi√≥n no debe aterrizar bajo ning√ļn caso antes de que est√© todo preparado en la pista del aeropuerto. Dinero, paraca√≠das y cami√≥n de combustible deben estar listos.

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Y as√≠ transcurri√≥ el resto del vuelo hasta su llegada al aeropuerto de Seattle. Cooper mantuvo la serenidad y amabilidad con el resto de la tripulaci√≥n (lleg√≥ a invitarlos a ‚Äútomarse un descanso‚ÄĚ cuando aterrizaran para que comieran algo) mientras se tomaba la bebida con sumo mimo mirando a trav√©s de la ventanilla del avi√≥n.

En tierra el plan de seguridad ya se hab√≠a iniciado. Polic√≠a y FBI montaron un dispositivo sin precedentes ante una posible huida del secuestrador en los alrededores de la pista elegida. Hab√≠a tiradores por todas partes. Los billetes recolectados no estaban marcados, pero a cambio usaron 10 mil billetes de 20 d√≥lares impresos de 1969, todos bajo el n√ļmero de serie que empezaba con la L, todos emitidos desde el Banco de la Reserva Federal de San Francisco. Por √ļltimo, el FBI pas√≥ cada uno de los billetes por un dispositivo Recordak con el que crearon una imagen en microfilm para grabar los n√ļmeros de serie.

Poco antes de las 17:30, media hora después de la fecha límite anunciada por Cooper, la torre de tráfico le comunica al capitán Scott que todo estaba listo. Florence vuelve a ser la encargada de hacerle llegar el mensaje. Cooper asiente y autoriza el aterrizaje. A las 17:45 el avión aterriza en el aeropuerto internacional de Seattle-Tacoma. Cuando el avión toma tierra Cooper se dirige a las azafatas. Les comunica que el Boeing no debe pararse en la pista elegida, debe de ser en una pista alejada y remota del aeropuerto.

Volando sin rumbo

El avi√≥n en la ‚Äúparada‚ÄĚ en Seattle. AP Images

Una vez que el avi√≥n lleg√≥ a dicha zona, Cooper da luz verde para que √ļnicamente una persona acuda hasta las puertas del avi√≥n y le entregue el malet√≠n con el dinero junto al set de paraca√≠das a una de las azafatas que estar√≠a esperando en la entrada del Boeing. Al mismo tiempo ordena que llegue el cami√≥n de combustible inmediatamente para reabastecer el avi√≥n.

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Y es justo en este momento de la historia cuando Florence tiene un golpe de suerte. Ya sea por su predisposici√≥n ante las demandas o porque simplemente le hab√≠a ca√≠do bien, Cooper decide liberar a los 36 pasajeros y a Florence, quienes comienzan a salir del avi√≥n lentamente y en peque√Īos grupos mientras el hombre vigila la partida. Sin embargo, tanto el capit√°n Scott como el primer oficial, el ingeniero de vuelo y una azafata deben quedarse en el interior del avi√≥n.

La incertidumbre desde fuera era palpable. Los agentes que se agolpaban en los alrededores de la zona no ten√≠an ni la menor idea de las intenciones de Cooper. √önicamente sab√≠an que ten√≠a el dinero en su poder, equipo de paraca√≠das y un cami√≥n que estaba llenando de combustible la nave. ¬ŅA d√≥nde pretend√≠a dirigirse? ¬Ņpara qu√© quer√≠a los paraca√≠das? ¬Ņten√≠a c√≥mplices? ¬Ņqui√©n era realmente Cooper?

Era la primera vez en la historia de la aviación comercial que se producía un evento de este tipo. Nadie había intentado el secuestro de un avión con la intención de saltar en paracaídas. Los agentes trabajaban contrarreloj para averiguar quien se escondía detrás de ese nombre y qué era lo que buscaba.

La legendaria b√ļsqueda de Cooper. AP Images

Tras una seria amenaza por parte de Cooper el camión da luz verde indicando que el avión tiene combustible para partir de nuevo. Así, a las 19:45, dos horas después de haber tomado tierra, el hombre le indica a Scott y al resto de la tripulación que deben despegar urgentemente con destino a México. Las órdenes también incluían volar a baja velocidad y altitud (3 mil metros máximo) con los trenes de aterrizaje desplegados y 15 grados de flaps.

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Fue un momento tenso. Scott le indica a Cooper que es imposible llegar hasta allí con el combustible. El capitán cree que el Boeing podría volar hasta 1.500 km bajo esas condiciones. Se produce entonces una discusión acalorada que termina con un nuevo destino. El Boeing se dirigirá a Reno, Nevada, una parada donde volverán a reabastecer al Boeing.

Se inicia el despegue. Cooper se sienta en la parte de atr√°s, en el mismo sitio en el que comenz√≥ esa ma√Īana del 24 denoviembre de 1971. Llama a la azafata y le pide la misma bebida, un bourbon con soda de lim√≥n. Cuando la auxiliar regresa con la bebida Cooper tiene un nuevo mensaje para Scott: quiere que deje la cabina despresurizada y que la chica se quede en el interior de la cabina con los pilotos, que no regrese.

La joven hace caso, se da media vuelta y enfila hacia la cabina. Poco antes de llegar a la primera clase y de correr las cortinas que separan a la clase turista, gira ligeramente la cabeza y acierta a ver al tipo de pie. No alcanza a ver m√°s. Cuando llega hasta la cabina comunica a Scott el mensaje.

Buscando desesperadamente a D.B. Cooper. AP Images

Desde tierra se comunican con los pilotos, estos no saben exactamente qu√© va a ocurrir. La situaci√≥n descrita por el capit√°n es de total incredulidad. En la cabina se encuentran todos los miembros de tripulaci√≥n; en la otra punta del avi√≥n Cooper, termin√°ndose el √ļltimo trago de bourbon.

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Cuando el reloj pasa de las 20:00, en alg√ļn punto en las cercan√≠as del suroeste de Washington, saltan las alarmas.Una luz parpadea en cabina indicando que en la cola del avi√≥n alguien est√° tratando de abrir las puertas traseras. No hab√≠a ninguna duda, deb√≠a de ser Cooper. El capit√°n trata de hablar con el hombre por el interfono, le pregunta si necesita o quiere algo.

No, fue la respuesta de Cooper. Tambi√©n fueron sus √ļltimas palabras antes de lanzarse en paraca√≠das desde el Boeing. El miedo en el cuerpo de todos los miembros de la tripulaci√≥n produjo que nadie se atreviera a salir de cabina hasta que aterrizaron en Reno sobre las 22:00 horas. En ese momento la azafata se asom√≥ al final del avi√≥n. Cooper no estaba, hab√≠an volado casi dos horas con las puertas traseras abiertas.

El FBI irrumpió poco después en el avión. Efectivamente, no estaba Cooper, ni el maletín ni el set de paracaídas.

¬ŅQui√©n era Cooper?

Retrato robot del FBI. AP Images

A partir de entonces se inici√≥ una de las investigaciones m√°s largas de la historia del FBI (cuyo c√≥digo fue Norjak). Partiendo de las huellas dactilares que encontraron en el interior del avi√≥n junto a la corbata con un alfiler y una serie de colillas de cigarro trataron de generar un retrato robot del hombre. Entre 1971 y el a√Īo 2008 existieron numerosos sospechosos, una larga lista de criminales o asesinos a los que le colocaron en alg√ļn momento del caso la autor√≠a del secuestro bajo la identidad falsa de Cooper. Sin embargo todos acabaron siendo descartados.

As√≠ comenz√≥ la leyenda de este personaje hist√≥rico para la agencia. Su retrato robot se hizo tan famoso como el propio Cooper. Ese mismo a√Īo y hasta finales del 72 se trazaron infinidad de rutas y posibles zonas donde el hombre pod√≠a haber aterrizado. Se peinaron kil√≥metros a pie, en patrullas, en helic√≥ptero; se juntaron medios y polic√≠as de varios condados, el ej√©rcito‚Ķ nada. La tierra se lo hab√≠a tragado y no hab√≠a pistas a las que agarrarse.

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FBI y polic√≠as la b√ļsqueda de Cooper. AP Images

A finales del a√Īo siguiente el FBI comenz√≥ a trabajar en conjunto con Scotland Yard. La idea era rastrear los billetes usados a trav√©s de una llamada internacional que pudiera dar con una pista de los n√ļmeros de serie a bancos o comercios. Al mismo tiempo la propia compa√Ī√≠a a√©rea, Northwest Airlines, lleg√≥ a ofrecer una recompensa del 15% del dinero por una pista. A la compa√Ī√≠a a√©rea se sumaron varios medios de comunicaci√≥n con diferentes cantidades econ√≥micas por una pista v√°lida. Tampoco hubo suerte.

Fue tal la confusi√≥n que pasados varios a√Īos empezaron a darlo por muerto. El d√≠a del secuestro fue una fecha de grandes borrascas, un d√≠a nublado y con tormentas en el √°rea donde pudo haber saltado. Incluso para un paracaidista profesional parec√≠a temerario aquel salto. ¬ŅEstar√≠a muerto? Dos eventos posteriores arrojar√≠an nuevas pistas:

  • En 1978 la polic√≠a recibe una llamada. Se trata de un cazador del √°rea en el que podr√≠a haber ca√≠do Cooper. El hombre se hab√≠a encontrado una se√Īal, una nota con instrucciones para abrirla puerta trasera del Boeing. Tras el an√°lisis del FBI se determina que, efectivamente, pertenec√≠a al avi√≥n secuestrado.
  • Dos a√Īos despu√©s, el 10 defebrero de 1980, el joven Brian Ingram de ocho a√Īos de edad se encontraba de acampada con su familia. El chico encuentra cerca de 6 mil d√≥lares en muy mal estado a pocos metros del r√≠o Columbia (a unos 10 km de Vancouver, Washington). Tras el an√°lisis del FBI se determina que, efectivamente, tambi√©n eran parte de los billetes de Cooper.

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El dinero encontrado por el joven Brian Ingram. AP Images

Obviamente, los billetes encontrados por el joven respaldaban la teoría de la muerte de Cooper. Desde el punto de vista del FBI parecía poco probable que un criminal dejara atrás parte del dinero tras semejante asalto. Claro que el cuerpo seguía sin aparecer y el hombre podía haberlos perdido en su huida sin percatarse de ello.

A finales del a√Īo 2007, m√°s de 35 a√Īos despu√©s de los hechos, el FBI volv√≠a a nombrar el caso. La agencia sacaba a la luz datos que jam√°s se hab√≠an revelado. Uno de los paraca√≠das entregados a Cooper era de prueba, utilizado √ļnicamente para las demostraciones en clases te√≥ricas. Dicho paraca√≠das no estaba en el avi√≥n, raz√≥n por la que se potencia la teor√≠a de su muerte.

Pero lo cierto es que dos meses despu√©s, en diciembre del 2007, el propio FBI lanz√≥ en Internet toda una serie de im√°genes e informaci√≥n in√©dita sobre la caso. Seg√ļn la agencia, lo hac√≠an con la intenci√≥n de encontrar nuevas evidencias sobre el caso y la identidad de Cooper.

Poco m√°s sabemos hoy acerca de lo que ocurri√≥ con el misterioso criminal, el √ļnico caso de secuestro a√©reo sin resolver en Estados Unidos. Lo ocurrido en aquellas fechas tuvo grandes repercusiones. Las mismas aerol√≠neas modificaron varias de sus pautas en torno a la seguridad en los vuelos comerciales; llegaron los detectores de metales en los aeropuertos, se modificaron los dise√Īos de los Boeing 727 (se cre√≥ la llamada Cooper vane, una cu√Īa para impedir que las escaleras traseras de un avi√≥n se abrieran durante el vuelo) e incluso se a√Īadieron nuevas normas de seguridad por la FAA.

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Si est√° muerto nadie ha encontrado su cuerpo. Si est√° vivo es posible que est√© disfrutando (de parte) del bot√≠n. M√°s a√ļn tras lo ocurrido hace menos de tres meses. El 12 de julio del 2016 el FBI reun√≠a a los medios para anunciar una noticia sobre Cooper.

No lo habían encontrado. Al contrario, anunciaban que el caso lo daban por perdido:

En 1971 iniciamos una de las m√°s largas y exhaustivas investigaciones. Sin embargo, el n√ļmero inmenso de pistas no ha llevado a ninguna identificaci√≥n del secuestrador. Por ello hemos decidido derivar los recursos hacia otras prioridades. A pesar de que el FBI ya no investigar√° activamente este caso, si emergiera nueva evidencia f√≠sica -relacionada con el hombre o el dinero tomado por el secuestrador- deber√°n ponerse en contacto con su oficina local del FBI.