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Ciencia

Sobrevivió a la extinción de los dinosaurios y ahora nació en cautiverio en Guatemala: cientos de crías de un “fósil viviente”

El pejelagarto respira aire, tiene escamas como armadura y un linaje de más de 100 millones de años. Sus primeras crías ya fueron liberadas en un manglar
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Tiene el hocico alargado de un cocodrilo, el cuerpo cubierto de escamas duras como placas y la capacidad de respirar aire de la superficie cuando el agua escasea. El pejelagarto parece una criatura de otra era, y en buena medida lo es: pertenece a un linaje de peces que ya nadaba en los ríos cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.

Ahora, este “fósil viviente” protagonizó un hito en Guatemala. A comienzos de septiembre de 2026 nacieron las primeras crías de pejelagarto obtenidas en cautiverio en el país, un logro del Centro de Conservación Marina (CCM) y el zoológico La Aurora. Cientos de alevines ya fueron liberados en un canal de agua dulce rodeado de manglares en Taxisco, en el departamento de Santa Rosa, sobre la costa del Pacífico.

Un sobreviviente de 100 millones de años

Pejelagarto De Frente
© Wirestock Creators – Shutterstock

El pejelagarto (Atractosteus tropicus) es la especie más pequeña de los siete peces aguja o “gars” que existen hoy. Según el sistema de información de peces del Pacífico Oriental del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, habita aguas dulces y salobres de México y Centroamérica, en las cuencas del Pacífico y del Atlántico, hasta Costa Rica.

Su familia, los lepisosteidos, tiene un registro fósil que se remonta a más de 100 millones de años, al período Cretácico. Durante todo ese tiempo, estos peces cambiaron muy poco su forma: por eso se los considera fósiles vivientes. Sobrevivieron al impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años y a sucesivos cambios climáticos.

Parte de su éxito está en su anatomía. El pejelagarto puede respirar con branquias, como cualquier pez, pero también usa su vejiga natatoria como un pulmón primitivo para tomar aire en la superficie. Eso le permite sobrevivir en aguas pobres en oxígeno, donde otras especies no resisten. Además, sus huevos son tóxicos para muchos animales, una defensa química contra los depredadores.

Un depredador clave para los ríos

Pejelagarto Foto
© By Ernesto Peña, SI – http://biogeodb.stri.si.edu/sftep/en/pages/random/2160, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=53145173

Los adultos pueden superar el metro de largo y funcionan como depredadores tope en ríos, lagunas y manglares, donde se alimentan de peces, crustáceos y anfibios. “Cumple un papel muy importante” en la cadena alimentaria y en el equilibrio de los ríos, explicó Jennifer Hernández, subdirectora de conservación del zoológico La Aurora.

En Guatemala, sin embargo, sus poblaciones están bajo presión por la pesca ilegal, la contaminación y las sequías asociadas a fenómenos climáticos como El Niño. “Su ausencia afectaría a los ecosistemas”, advirtió Pablo Gaitán, veterinario del CCM, quien alertó que, con el tiempo, la situación de la especie en el país podría volverse mucho más crítica.

Cómo se logró la reproducción

Reproducir al pejelagarto en cautiverio no es sencillo. Incluso en México, donde la especie es muy apreciada en la gastronomía de Tabasco y se mantiene en centros de investigación acuícola, los resultados de los desoves en cautiverio han sido irregulares. En Guatemala, el equipo logró que los adultos se reprodujeran y luego se enfocó en el desafío siguiente: que las crías sobrevivieran.

Para eso, los investigadores compararon distintos tipos de alimento durante 84 días. Las crías alimentadas con un balanceado para trucha alcanzaron una supervivencia del 30%, frente al 16,67% de las que recibieron alimento para tilapia. Esos datos servirán para mejorar futuros programas de cría.

Lo que viene

Las crías liberadas en Taxisco serán monitoreadas para conocer su crecimiento y su supervivencia en el ambiente natural. Con esa información, el equipo espera diseñar programas de repoblación que permitan reforzar las poblaciones silvestres en los ríos y manglares del Pacífico guatemalteco.

Para un animal que atravesó más de 100 millones de años de cambios en el planeta, el mayor desafío hoy es la actividad humana. La reproducción en cautiverio no resuelve por sí sola las amenazas, pero ofrece una herramienta concreta para que este sobreviviente de la era de los dinosaurios siga nadando en América Central.

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