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Ciencia

Un kilo de salmón de criadero puede costarle la vida a más de 6 kilos de peces salvajes: el estudio que desmonta el mito de la acuicultura sostenible

La promesa original de la acuicultura era simple: criar pescado en piscifactorías para dejar de vaciar los océanos. Un recálculo de cuánto pescado silvestre hace falta realmente para sostener esa promesa muestra que, en el caso del salmón, la cuenta está lejos de cerrar a favor del mar
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Un estudio liderado por Spencer Roberts, investigador de la Escuela Rosenstiel de la Universidad de Miami, y publicado en la revista Science Advances, recalculó cuánto pescado silvestre se necesita realmente para sostener la producción de salmón de cultivo. El resultado: entre 1,86 y 6,24 kilos de peces silvestres por cada kilo de salmón producido, muy por encima de las estimaciones que venía manejando la industria.

Por qué la cuenta tradicional se quedaba corta

Salmon Atlantico
© By U.S. National Oceanic and Atmospheric Administration – http://www.glerl.noaa.gov/pubs/photogallery/Fish/pages/1037.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2145616

La industria utiliza una medida llamada fish-in:fish-out, que compara el pescado silvestre empleado con el pescado de cultivo finalmente producido. El equipo de Roberts consideró que ese cálculo dejaba afuera piezas importantes: ejemplares descartados antes de llegar a puerto, peces liberados después de quedar atrapados en redes que de todos modos no sobreviven, y subproductos de pescado que también terminan incorporados a la fabricación de piensos, aunque no figuren como una captura destinada expresamente a una piscifactoría.

Al sumar esos factores, el uso real de peces salvajes en la acuicultura resultó entre un 27% y un 307% superior al indicado por cálculos anteriores, que ubicaban la proporción en apenas 0,28 kilos de pescado silvestre por kilo producido. Para especies carnívoras específicamente, como el salmón, la trucha y la anguila, los insumos de pescado silvestre llegaron a superar el doble de la biomasa de pescado cultivado producida.

De dónde sale el pienso que alimenta al salmón

Un salmón no deja de ser carnívoro por haber nacido en una piscifactoría: para crecer necesita proteínas y grasas que recibe a través del pienso, compuesto por productos vegetales combinados con harina y aceite de pescado obtenidos principalmente de peces pequeños como sardinas, arenques, anchoas o caballas, capturados, cocidos y triturados hasta formar una materia concentrada.

La organización periodística The Outlaw Ocean Project, dirigida por Ian Urbina, dedicó dos años a rastrear la ruta internacional de esa harina de pescado y localizó más de 1.400 plantas de procesamiento en 64 países, examinando unas 2.400 embarcaciones relacionadas con su producción. Durante ese trabajo documentaron denuncias de pesca ilegal, contaminación, accidentes laborales y conflictos con poblaciones costeras, concentrados mayormente lejos de los países donde después se vende el salmón, el camarón o la dorada.

El caso de España

Acuicultura
© Ed Wingate – Unsplash

España ocupa el primer puesto de la Unión Europea en producción acuícola por volumen, aunque la mayor parte corresponde a mejillones, almejas, ostras y otros bivalvos, que filtran el agua para alimentarse y normalmente no necesitan pienso. La situación cambia con la lubina y la dorada, dos de las especies más habituales en las piscifactorías españolas, a las que se suman el salmón y el camarón importados desde otros países.

Según la investigación de The Outlaw Ocean Project, en 2024 se utilizaron en España unas 128.000 toneladas de harina de pescado, buena parte de ellas provenientes del extranjero, lo que significa que el impacto ambiental de esa demanda muchas veces ocurre a miles de kilómetros de las granjas españolas y permanece invisible para el consumidor final.

No toda la acuicultura es igual de problemática

Meter a toda la acuicultura en el mismo saco sería un error: la cría de bivalvos apenas necesita alimento externo y presenta una huella de carbono reducida, mientras que en países como India y Bangladesh el crecimiento del sector generó empleo y abarató ciertos alimentos. La industria también recuerda que criar pescado requiere menos recursos y genera menos emisiones que producir carne de vacuno o cerdo, y que en los últimos años se redujo la proporción de ingredientes marinos en muchos piensos.

El problema es que producir a mayor escala puede terminar comiéndose ese ahorro relativo: aunque cada ración de alimento contenga menos harina de pescado, el aumento en el número de piscifactorías mantiene elevada la demanda total. La FAO proyecta que la producción mundial de harina de pescado crecerá un 9% entre 2022 y 2032, y la de aceite de pescado un 12% en el mismo período. Algas, insectos, hongos y residuos agrícolas aparecen entre las alternativas en desarrollo, aunque todavía no logran sustituir de forma barata y a gran escala a los productos obtenidos directamente del mar.

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