Cuando observamos una estrella lejana, una célula a través de un microscopio o cualquier objeto iluminado, existe información que nuestros instrumentos no siempre consiguen recuperar. La luz procedente de distintas fuentes puede superponerse y terminar formando una única imagen, ocultando detalles que podrían resultar fundamentales. Pero un equipo de científicos acaba de demostrar que parte de esa información puede recuperarse utilizando un dispositivo extraordinariamente pequeño.
Investigadores de la Universidad Stanford y del Institute of Science and Technology Austria (ISTA) desarrollaron un chip fotónico del tamaño de una uña capaz de separar componentes de luz que llegan mezclados, utilizando sus propiedades de coherencia. El sistema podría abrir nuevas posibilidades en microscopía, astronomía y comunicaciones ópticas.
El descubrimiento fue publicado el 30 de octubre de 2026 en la revista científica Nature Photonics, mientras que Stanford presentó sus resultados el 2 de noviembre. Según los investigadores, es la primera demostración experimental de un dispositivo integrado capaz de descomponer automáticamente un campo de luz parcialmente coherente en componentes mutuamente incoherentes.
Un chip que consigue separar la luz incluso cuando sus componentes parecen mezclados

Para comprender el avance hay que distinguir dos comportamientos de la luz. Los láseres producen ondas altamente coherentes, cuyas oscilaciones mantienen relaciones bien definidas. En cambio, la luz que recibimos habitualmente de lámparas, objetos y fuentes naturales presenta relaciones mucho menos ordenadas.
Cuando diferentes contribuciones luminosas se superponen, una cámara convencional registra su intensidad, pero no necesariamente conserva toda la información sobre sus relaciones espaciales.
Ahí aparece la innovación. Los investigadores diseñaron un circuito fotónico que utiliza interferómetros microscópicos y algoritmos de control para analizar esas relaciones y distribuir los componentes de luz entre diferentes salidas físicas.
En las pruebas, el equipo introdujo luz infrarroja procedente de dos láseres independientes, con una longitud de onda cercana a los 1.535 nanómetros. El chip consiguió separar los componentes y producir haces cuyas fluctuaciones ya no estaban correlacionadas entre sí.
Después repitieron el experimento utilizando tres fuentes, con resultados igualmente satisfactorios. El principio físico había sido estudiado teóricamente durante décadas, pero ahora pudo implementarse mediante un dispositivo compacto y automatizado. Según explicó Stanford en su comunicado, el circuito aprende las propiedades estadísticas del campo luminoso y dirige sus componentes hacia salidas diferentes. Eso permite analizar información que las técnicas de imagen convencionales pueden perder.
El siguiente objetivo es observar estrellas y células que hoy parecen imposibles de distinguir

Una de las aplicaciones más interesantes está en los microscopios. Cuando dos partículas fluorescentes se encuentran muy próximas, sus señales pueden superponerse y parecer una sola. Los investigadores consideran que analizar la coherencia de la luz podría ayudar a distinguirlas.
Algo similar sucede en astronomía. Una fuente luminosa aparentemente única podría esconder contribuciones de varios objetos, como estrellas cercanas entre sí o planetas que orbitan a su alrededor.
El equipo de Stanford ya colabora con la NASA para explorar si esta tecnología puede aportar información adicional sobre la luz procedente de galaxias distantes. Mientras tanto, los investigadores del ISTA trabajan en una nueva generación de chips más grandes, rápidos y capaces de procesar más componentes luminosos.

El comunicado del instituto austríaco del 3 de noviembre también destaca posibles aplicaciones en comunicaciones satelitales, donde las turbulencias atmosféricas pueden alterar las propiedades de la luz láser.
Todavía existen limitaciones importantes. El dispositivo se probó con dos y tres fuentes controladas en laboratorio, por lo que no se ha demostrado que pueda mejorar directamente las imágenes de telescopios reales ni detectar exoplanetas. Sin embargo, el avance introduce una posibilidad fascinante: para descubrir nuevos detalles del universo quizá no siempre necesitemos telescopios más grandes, sino aprender a recuperar información que ya está presente en la luz que recibimos.