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Todo lo que necesitas saber sobre Neuralink, el proyecto de Elon Musk para conectar cerebros y ordenadores

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Elon Musk en 2017
Elon Musk en 2017
Imagen: Mark Brake (Getty Images)

Elon Musk tiene previsto hacer un anuncio el viernes 28 de agosto sobre Neuralink, una compañía que está tratando de diseñar tecnologías de interfaz capaces de conectar el cerebro con un ordenador. Parece pura ciencia ficción, pero las investigaciones en este área han progresado rápidamente durante estos últimos años, aunque todavía estamos lejos de poder enviar correos electrónicos con nuestra mente. Sin embargo, a diferencia de otras de las empresas famosas de Musk, como SpaceX y Tesla, Neuralink estará mucho más limitado a la hora de innovar y sacar productos de consumo. Esto es lo que debes saber sobre el proyecto, incluido lo que es teóricamente posible, cómo de escépticos debemos ser con él y quién más está diseñando interfaces cerebro-ordenador.

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Anunciado por Elon Musk en 2017, Neuralink intentará usar “interfaces cerebro-ordenador de ultra banda ancha para conectar humanos y ordenadores”, o dicho de forma más simple: conectar cerebros humanos con ordenadores a través de chips implantados en nuestro cerebro.

Al principio, las interfaces cerebro-ordenador de Neuralink podrían usarse para tratar trastornos cerebrales, como el Parkinson, la epilepsia y la depresión. También podrían usarse junto con dispositivos de apoyo avanzados, en los que los pensamientos de una persona podrían controlar miembros artificiales u otras prótesis. Sin embargo, si finalmente se lograse la visión final de Musk, esta tecnología adquiriría un aspecto más transhumanista, lo que permitiría a los futuros humanos controlar dispositivos externos con sus mentes, transmitir pensamientos directamente al cerebro de otra persona e incluso aumentar ciertas capacidades cognitivas, como una mayor inteligencia y memoria.

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Ya de una forma más conceptual, Musk ha posicionado a Neuralink como una forma potencial para que la humanidad evite un apocalipsis a manos de la inteligencia artificial, llegando a afirmar hace tres años cuando se lanzó el proyecto que esta tecnología podría ayudarnos a “lograr una especie de simbiosis con la inteligencia artificial. Al potenciar nuestros débiles cerebros, argumentó, trataremos de tú a tú con nuestras avanzadas tecnologías, en una especie de “si no puedes vencer, únete a ellos” al problema cuya solución ya critiqué en 2017.

Por supuesto, estas ideas no son nada nuevo. La ciencia ficción lleva hablando del tema durante décadas, ya sean las mejoras craneales de William Gibson, el cordón neural de Iain Banks, el enchufe cerebral de Matrix o cualquier visión especulativa donde las mentes humanas se comuniquen directamente con el ámbito digital.

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Todo esto suena realmente fascinante —y lo es— pero aquí va el jarro de agua fría pertinente: a diferencia de los coches eléctricos o los cohetes espaciales, las interfaces cerebro-ordenador se consideran dispositivos médicos, lo que significa que cualquier empresa que se dedique a algo así tendrá que pasar por los canales regulatorios adecuados para que aprueben sus experimentos y productos.

Un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Columbia tradujo ondas cerebrales a un sistema de habla reconocible.
Un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Columbia tradujo ondas cerebrales a un sistema de habla reconocible.
Ilustración: Chelsea Beck
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Al igual que otros desarrolladores de medicamentos y dispositivos médicos —ya sean públicos o privados— Neuralink tendrá que demostrar la seguridad y eficacia de sus productos, generalmente a través de ensayos clínicos meticulosos y duraderos. Dado que la empresa quiere implantar chips en el cerebro de la gente, incluidos los cerebros de personas perfectamente sanas, esto presentará desafíos únicos, por lo que el marco temporal en el que ocurra todo ésto puede durar décadas. Neuralink también encontrará obstáculos en el hecho de que algunas de sus ofertas más futuristas se considerarán como mejoras, no como terapias, lo que sin duda complicará aún más que sean aprobadas por los diferentes entes regulatorios.

A pesar de estos desafíos, los científicos han logrado grandes avances a lo largo de estos años en su intento por convertir la ciencia ficción en realidad. Elon Musk es el que se lleva la mayor atención mediática, pero otros investigadores no tan famosos han conseguido progresos impresionante en este área, brindándonos un adelanto de lo que realmente podrían conseguir.

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El año pasado, un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Columbia tradujo ondas cerebrales a un sistema de habla reconocible, mientras que un equipo de la Universidad de California construyó un tracto vocal virtual capaz de simular los aspectos mecánicos de la comunicación verbal conectándolo directamente con el cerebro humano. En 2016, un implante cerebral permitió a una persona que había sufrido una amputación usar sus pensamientos para mover los dedos de forma individual de la prótesis de su mano. Las interfaces cerebro-ordenador también se han utilizado para crear exoesqueletos robóticos controlados con la mente y para restaurar el sentido del tacto y funciones motoras parciales en personas con lesiones en la columna. También se han realizado algunos trabajos interesantes para establecer comunicación entre distintos cerebros humanos, aunque todavía están en su fase más temprana.

El trabajo con animales también ha dado buenos resultados. Entre los ejemplos más notables están una interfaz inalámbrica cerebro-ordenador que permitió a un mono controlar una silla de ruedas con su mente y un implante cerebral que permitía a los monos escribir 12 palabras por minuto usando solo el pensamiento.

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Investigadores de la Universidad de Stanford consiguieron que un mono controlase una silla de ruedas motorizada gracias a un implante craneal.
Imagen: Universidad de Stanford

La incursión de Musk en este mundo no es para nada revolucionaria, o al menos por ahora. Lo que lo hace potencialmente diferente es la escala, la financiación y la intención de Neuralink, sin mencionar la naturaleza carismática del propio Elon Musk. Dicho esto, hay otros proyectos que rivalizan con Musk en este área, como los esfuerzos similares lanzados por Facebook (que recientemente compró la startup de interfaz neuronal Ctrl-labs por una cantidad entre los 500 y los 1000 millones de dólares); Kernel (un proyecto de $ 100 millones lanzado por el fundador de Braintree, Bryan Johnson); y DARPA, perteneciente al gobierno de los Estados Unidos, que ha invertido ya 65 millones en este tipo de investigaciones. Musk, al parecer, no es la única persona que está invirtiendo mucho dinero en este tipo de iniciativas, y queda por ver si Neuralink tendrá éxito en un espacio cada vez más competitivo.

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El sistema de Neuralink empleará tecnologías de “enlace neural”, posiblemente un método para usar implantes cerebrales, o una especie de malla implantable, que permitan conectar cerebros con un ordenador externo usando una “interfaz cortical directa” como señaló el Wall Street Journal en 2017.

Desde el año 2019 se han destinado 158 millones de dólares para el proyecto, entre los que hay 100 millones del propio Musk, informó el New York Times. La compañía ya tiene empleadas a 90 personas y planea incluir dentro de poco neurocirujanos de la Universidad de Stanford y de otros lugares a su plantilla.

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Neuralink adoptará un enfoque gradual para este problema, comenzando con el tratamiento de los trastornos cerebrales y luego pasando a otros usos más orientados a las mejoras cerebrales. Aumentar el ancho de banda de la información que sale del cerebro será fundamental para realizar cualquier progreso. Casi con toda seguridad este sistema tendrá que involucrar implantes cerebrales inalámbricos (a diferencia de las técnicas no invasivas como la electroencefalografía), que necesitarán de cirugía y componentes flexibles, duraderos y biocompatibles.

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Musk reveló más detalles del enfoque que seguirá Neuralink durante una presentación en la Academia de Ciencias de California en julio de 2019. Su solución, como también se aclara en el ‘libro blanco de la empresa, pasará por diseñar un robot similar a una máquina de coser, que un cirujano utilizará para implantar hilos ultrafinos o sondas, en el cerebro de una persona. Con tan solo 5 o 6 nanómetros de ancho, estos hilos serían más delgados que el cabello humano.

Estos hilos se conectarán a chips incrustados en el cráneo, como si se tratase de collar de perlas. Como se indica en el documento técnico sobre el invento, la máquina será capaz de implantar seis hilos (192 electrodos) por minuto. El equipo de Neuralink ya ha demostrado “la rápida implantación de 96 hilos de polímero, donde cada hilo incluye 32 electrodos, hasta conseguir un total de 3072 electrodos”, según el documento. La cirugía cerebral aún sería necesaria, pero el presidente de Neuralink, Max Hodak, prevé que la misma tarea se podrá llevar a cabo con láseres, para así evitar la perforación mecánica, según el New York Times.

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Neuralink ya ha mostrado un sistema capaz de leer información proveniente de 1500 electrodos implantados, aunque ha sido en ratas. Aún así, esto es 15 veces mejor que los sistemas actuales usados ​​en humanos.

“Es impresionante ver lo rápido que han llegado a este punto, y será interesante ver hasta dónde llegan”, escribió Andrew Jackson, profesor de interfaces neuronales de la Universidad de Newcastle, en un correo electrónico. “El suyo es uno de los muchos esfuerzos actuales para ‘leer’ la actividad eléctrica de un gran número de células cerebrales. El enfoque de Neuralink consiste en insertar muchos hilos de polímeros flexibles en el cerebro utilizando una especie de máquina de coser. Los hilos se unen a un pack electrónico implantado debajo de la piel”.

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Jackson describió otros enfoques notables en los que se incorporan componentes electrónicos en pequeñas agujas de silicio, como la sonda Neuropixels desarrollada por Tim Harris, investigador del Howard Hughes Medical Institute. Esta colaboración de 5,5 millones de dólares ya ha producido sondas capaces de registrar más de 700 neuronas simultáneamente. Jackson también señaló la existencia de un sistema conceptual llamado “polvo neural”, en el que muchos pequeños implantes inalámbricos se distribuirían por todo el cerebro.

“Sólo el tiempo dirá si Elon ha apostado por el caballo ganador”, dijo Jackson. “Una cosa que esto demuestra es el potencial de inversión comercial para avanzar en el campo de las interfaces neuronales. Hasta hace poco, los neurocientíficos utilizaban equipos bastante anticuados para grabar las señales provenientes del cerebro, por lo que es genial ver este tipo de interés e inversiones de Silicon Valley”.

La presentación de Neuralink en el año 2019.

Se supone que Neuralink ya habría comenzado las pruebas en sujetos humanos, pero aun no lo ha hecho. Es posible que la compañía fuera demasiado ambiciosa con su línea de tiempo, o quizás fue porque no obtuvo los permisos para ello, pero esto es algo que de momento desconocemos. La compañía ya ha mostrado interés en abrir sus propias instalaciones de experimentación con animales en San Francisco.

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A Kevin Warwick, experto en interfaces cerebro-ordenador de las universidades de Coventry y Reading, le gusta que Neuralink utilice finas sondas de polímero, y no solo porque sean flexibles.

“Esto es genial porque se pueden fabricar diferentes patrones de múltiples electrodos. También deberían ayudar con problemas mecánicos, ya que es poco probable que se rompan “, explicó en un correo electrónico. “El problema es cómo insertarlo en el cerebro, y para ello han diseñado un robot”.

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Warwick dice que el documento técnico incluye una descripción bastante “efectista” del robot, lo cual es desafortunado, ya que es “fundamental para todo el método”, dijo. “Si el robot puede hacer lo que dicen que puede hacer, entonces podríamos colocar muchísimos electrodos en diferentes sitios. Pero para mí, esta es la parte que deben probar: ¿pueden introducir estas sondas de polímeros de manera fiable, segura y precisa en el cerebro y demostrar que el robot funciona en el cerebro humano?

De cara al futuro, el equipo de Neuralink, y cualquier otra persona que trabaje en dispositivos de interfaz neuronal, deberán superar varios desafíos importantes, incluida la naturaleza invasiva de la tecnología, desarrollando una forma universal de mapear las señales cerebrales (cada sistema tendrá que aprender las idiosincrasias del cerebro de cada persona) y escalar las pruebas necesarias (tanto en animales no humanos como en personas) de manera segura, ética y efectiva.

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También tendrán que lidiar con posibles problemas imprevistos, como el calor excesivo generado por los implantes o la rápida obsolescencia de los dispositivos introducidos. Es importante destacar que los investigadores tendrán que determinar si todos los datos que se transfieren fuera del cerebro se pueden aplicar realmente a algo útil y que consiga atraer interés comercial. Todavía hay muchas cosas que no sabemos sobre el cerebro humano y cómo funciona, por lo que puede ser algo exagerado asumir que estas estrategias actuales funcionarán según lo previsto.

Estamos interesados ​​en escuchar el anuncio de Musk el 28 de agosto y saber qué progresos han logrado en el último año. Pero no deberíamos dar demasiado “hype” a este proyecto todavía, ya que las mejoras irán a un ritmo lento y gradual dada la complicación de la materia.

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