El triunfo parecía pedir a gritos una continuación. 20th Century Fox no tardó en impulsarla… y ahí empezó el problema.
Una secuela condenada desde el principio
Speed 2: Cruise Control regresó con De Bont tras la cámara y Bullock repitiendo papel, pero sin Reeves, que fue sustituido por Jason Patric. La gran incorporación fue Willem Dafoe, encargado de dar vida al villano.
Nada funcionó. La ausencia de Reeves pesó, la premisa no convenció y el resultado fue un fracaso crítico y comercial: 164,5 millones de dólares recaudados frente a un presupuesto cercano a los 160. Para rematar, la película acumuló ocho nominaciones a los Razzie y ganó el premio a Peor secuela o remake.
Con el paso de los años, sus protagonistas no han ocultado su arrepentimiento. Patric llegó a calificarla de “estúpida” y Bullock reconoció que es una película de la que se arrepiente, convencida de que “ningún fan fue a verla”. Reeves, por su parte, aclaró que rechazó volver no por agenda, sino porque no le gustaba el guion.

El único defensor: Willem Dafoe
Frente a ese consenso casi unánime, Willem Dafoe se mantiene firme. En una entrevista concedida a Variety en 2024, el actor defendió su interpretación —a menudo tildada de exagerada— y, por extensión, la película.
“Mucha gente se burla de la magnitud de mi actuación, dicen que fue excesiva. Pero juro por Dios que la defiendo, porque no había otra forma de hacerla”.
Dafoe explicó que su expresividad facial forma parte de su método: “Tengo una cara flexible, muy expresiva, y no la censuro. No pongo caras, pero sé que mi rostro puede hacer cosas extremas”.
Y añadió una reflexión que resume su postura:
“A veces haces cosas y la gente simplemente no está preparada para ellas. O no es el momento, o el contexto es erróneo. Quizá me equivoqué, pero yo apoyo esa película”.
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Una rareza reivindicada a contracorriente
Mientras el resto del reparto prefiere olvidar Speed 2, Dafoe la defiende como una apuesta incomprendida, víctima de expectativas imposibles y de una comparación inevitable con un clásico. Su postura no cambiará la historia —la secuela seguirá siendo un ejemplo de cómo no continuar un éxito—, pero sí añade un matiz curioso: incluso los grandes fracasos tienen, a veces, un defensor convencido.
Y en este caso, ese defensor es uno de los actores más respetados de su generación.
Fuente: SensaCine.