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Tras décadas sin poder verlos, los polos del Sol revelan por primera vez su magnetismo real. Y las nuevas imágenes muestran un comportamiento que contradice todo el modelo del ciclo solar

Solar Orbiter acaba de obtener la primera mirada directa al polo sur del Sol, una región que llevaba medio siglo fuera del alcance de la ciencia. Lo que encontró es tan inesperado como decisivo: los supergránulos arrastran el campo magnético hacia los polos a velocidades que ningún modelo había previsto. Y eso cambia nuestra comprensión de cómo respira y se reinicia la maquinaria magnética solar.

Durante poco más de medio siglo, los polos solares fueron una especie de frontera inalcanzable: regiones cruciales para entender el motor magnético del Sol, pero imposibles de observar.

Ahora, el Solar Orbiter acaba de romper esa barrera. Y lo que encontró allí arriba no encaja con la teoría: el magnetismo polar se mueve mucho más rápido de lo previsto, obligando a revisar la maquinaria que regula cada ciclo de actividad solar.

Una región que llevaba 50 años fuera del alcance humano

Un descubrimiento en el polo sur del Sol sorprende a los astrónomos. La “cinta magnética” solar funciona a velocidades que contradicen décadas de teoría.
© ESA.

El polo sur del Sol siempre fue una especie de mito científico. No porque estuviera lejos, sino porque nadie lograba observarlo desde un ángulo útil. La mayor parte de las sondas viaja pegada a la eclíptica, en el mismo plano que los planetas, lo que deja los polos solares prácticamente invisibles. Todo lo que se sabía de ellos era extrapolación, intuición y simulaciones que, hasta ahora, nadie había podido comprobar.

Eso cambió este año. Solar Orbiter —la misión conjunta de la ESA y la NASA lanzada en 2020— aprovechó una inclinación orbital inédita para elevarse por encima del plano orbital y mirar directamente al polo sur solar. Entre el 16 y el 24 de marzo, sus instrumentos PHI y EUI capturaron las imágenes magnéticas más detalladas jamás tomadas de esa región. El rompecabezas, por fin, tenía su pieza faltante.

El magnetismo se mueve demasiado rápido. Y eso nadie lo veía venir

Lo que encontraron dejó perplejos a los equipos científicos del Instituto Max Planck: los supergránulos que “bombeaban” el magnetismo hacia los polos lo hacen a velocidades mucho mayores que las que predecían los modelos. Estamos hablando de entre 10 y 20 metros por segundo, algo así como 32 a 72 km/h. Para cualquiera acostumbrado a ver la superficie del Sol como un hervidero lento, es casi un salto de escala.

Y ese detalle lo cambia todo.

La teoría clásica describe que el magnetismo fluye hacia los polos como parte de una inmensa “cinta transportadora” que se renueva cada once años. Es la base sobre la que se explican las manchas solares, las tormentas, las fulguraciones y las inversiones de polaridad. Pero esas estimaciones se construyeron sin mediciones directas de los polos.

Ahora sabemos que esa cinta se mueve mucho más rápido de lo que se creía. Y si la velocidad cambia, cambia también la forma en que el Sol reorganiza su campo magnético y, con ello, la intensidad y el ritmo de su actividad.

Los supergránulos, ahora observados en plena acción

En las nuevas imágenes mostradas, cada supergránulo aparece como una celda gigantesca de plasma en ebullición, de entre dos y tres veces el tamaño de la Tierra. Son estructuras que nacen, se expanden y arrastran consigo los campos magnéticos como si fueran hojas flotando en un océano turbulento.

Por primera vez, los científicos pudieron medir cómo esas celdas empujan el magnetismo hacia los polos de forma continua y sorprendentemente rápida. Ese flujo es uno de los elementos más importantes del ciclo solar, pero hasta ahora solo podía inferirse desde latitudes intermedias.

El Solar Orbiter lo mostró sin intermediarios: el transporte polar es mucho más vigoroso de lo que se pensaba. Y esa discrepancia, según los investigadores, implica que los modelos teóricos que describen el ciclo de once años deberán actualizarse.

Un motor magnético que empieza a mostrar su engranaje oculto

Un descubrimiento en el polo sur del Sol sorprende a los astrónomos. La “cinta magnética” solar funciona a velocidades que contradicen décadas de teoría.
© ESA. Acknowledgement: Work performed by ATG medialab under contract for ESA.

El Sol funciona como un mecanismo de relojería gigantesco: sus campos magnéticos se estiran, se retuercen, se rompen, vuelven a formarse y se invierten con una precisión que define la meteorología espacial. Pero faltaba una pieza: qué ocurre exactamente en los polos durante ese proceso.

Esa región, invisible desde la Tierra, es donde se “vacía” el magnetismo de cada ciclo antes de que la maquinaria empiece de nuevo. Gracias al Solar Orbiter, ese sector oscuro dejó de ser una abstracción. “Ahora podemos acceder a la pieza que faltaba del rompecabezas”, dijo Sami Solanki, uno de los autores del estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters.

Los investigadores creen que estas observaciones marcarán el inicio de una etapa completamente nueva en la física solar, porque permiten ver directamente la circulación global del plasma, algo que era imposible sin una misión con esta inclinación orbital.

Una zona ciega menos… y muchas preguntas más

¿Significa esto que entendemos mejor el comportamiento del Sol? Sí, pero también significa que los modelos actuales deben revisarse. La velocidad del transporte magnético polar afecta directamente cómo se forma el campo magnético global, y eso tiene consecuencias en la predicción de tormentas solares y en la comprensión de la variabilidad del clima espacial que afecta a satélites, sistemas de navegación y redes eléctricas.

Todavía queda un mundo por descubrir en los polos solares. La dinámica profunda del plasma, la interacción entre capas internas y externas, y el mecanismo exacto de la inversión magnética siguen siendo preguntas abiertas.

Pero hoy, por primera vez, podemos mirar hacia el sur solar y ver algo más que intuiciones: una región real, medible y sorprendentemente viva. El Sol, ese viejo amigo conocido, acaba de mostrarnos que aún guarda secretos donde menos podíamos mirar.

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