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Ciencia

Tras el velo del tiempo: El hallazgo submarino que podría resucitar una maravilla perdida

Una operación arqueológica sin precedentes acaba de recuperar del fondo marino estructuras clave del Faro de Alejandría. Este descubrimiento, liderado por expertos de Egipto y Francia, marca el inicio de una ambiciosa reconstrucción digital que busca revivir uno de los íconos más imponentes del mundo antiguo.
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Oculto bajo las aguas del puerto de Alejandría durante siglos, un pedazo monumental de la historia ha vuelto a emerger. Un equipo internacional ha logrado extraer del mar bloques colosales que formaban parte del mítico faro, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. El objetivo: reconstruirlo digitalmente y devolverlo, al menos virtualmente, al lugar que le corresponde en la memoria de la humanidad.

Un rescate histórico en las profundidades del Mediterráneo

Tras el velo del tiempo: el hallazgo submarino que podría resucitar una maravilla perdida
© Pixabay – MR1805.

El Faro de Alejandría no solo fue un hito de la ingeniería helenística; también fue símbolo de poder y conocimiento. Más de dos mil años después, una misión arqueológica liderada por Isabelle Hairy ha logrado recuperar 22 enormes bloques que formaron su entrada principal. Entre ellos destacan losas, dinteles, jambas y un pilono desconocido que podría haber tenido un valor ritual.

Gracias al uso de grúas flotantes y tecnología de última generación, los arqueólogos han logrado rescatar estas piezas desde el fondo del puerto egipcio. En lugar de ir a parar a vitrinas de museo, serán escaneadas con técnicas avanzadas de fotogrametría para integrarlas en una detallada recreación virtual. Cada fragmento se convierte en parte de un gigantesco puzle histórico que será reconstruido digitalmente con precisión milimétrica.

Del esplendor a la ruina… y de ahí a la simulación

Tras el velo del tiempo: el hallazgo submarino que podría resucitar una maravilla perdida
© © GEDEON Programmes/CEAlex.

El Faro fue construido durante el reinado de Ptolomeo II y llegó a alcanzar más de 100 metros de altura. Fue diseñado para guiar embarcaciones y proyectar su luz a kilómetros de distancia. Pero varios terremotos, ocurridos entre los siglos XIV y XV, lo derrumbaron casi por completo. Sus piedras fueron reutilizadas en nuevas construcciones, como la fortaleza de Qaitbay.

Aunque las ruinas submarinas eran parcialmente visibles desde los años 60, el verdadero estudio científico comenzó en 1995. Desde entonces, se han identificado más de 3.000 restos arqueológicos, entre ellos estatuas y columnas. Con esta nueva recuperación, el proyecto entra en una fase decisiva: la reconstrucción digital completa de esta maravilla antigua.

Ciencia, arqueología y tecnología para reconstruir una leyenda

Tras el velo del tiempo: el hallazgo submarino que podría resucitar una maravilla perdida
© GEDEON Programmes/CEAlex.

El proyecto PHAROS no es una simple excavación. Implica colaboración entre arqueólogos, ingenieros digitales y expertos en historia, con un enfoque multidisciplinar que combina historia del arte, numismática, egiptología y simulación virtual. El objetivo no es solo reconstruir su estructura, sino también entender su simbolismo, su función y su impacto cultural.

La empresa Dassault Systèmes lidera la parte tecnológica del proyecto. Con herramientas usadas en la industria aeroespacial, sus ingenieros están creando un gemelo digital del faro que permitirá a cualquier persona caminar por sus salas tal como existieron hace dos milenios. Además, GEDEON Programmes ha documentado toda la operación para un documental que se emitirá por France Télévisions.

Un pasado que vuelve a la vida en forma de luz

El renacer del Faro de Alejandría no es solo una victoria de la arqueología, sino una prueba de lo que la tecnología y la cooperación internacional pueden lograr. Lo que parecía perdido para siempre resurge ahora como un símbolo del Egipto ptolemaico y de la capacidad humana de reconstruir la historia desde sus fragmentos.

Este proyecto no solo devuelve el protagonismo a un monumento legendario, sino que inaugura una nueva era en la conservación del patrimonio: aquella en la que las maravillas del pasado pueden revivir, no con piedras, sino con luz, datos y visión colectiva.

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