Saltar al contenido
Ciencia

Ultrasonido contra el veneno invisible: La técnica que podría transformar la purificación del agua

Un hallazgo en la Universidad de Glasgow podría cambiar la manera en que enfrentamos uno de los contaminantes más persistentes del planeta. Sin químicos ni residuos secundarios, un sistema de ultrasonido ha logrado descomponer hasta el 94 % del bisfenol A. El reto ahora: llevar esta tecnología del laboratorio a ríos y plantas de tratamiento.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (0)

En las profundidades invisibles del agua, hay toxinas que resisten filtraciones y promesas tecnológicas. Entre ellas, el bisfenol A —o BPA— se ha convertido en un fantasma químico que acecha desde botellas, tuberías y sedimentos antiguos. Un equipo en Escocia acaba de demostrar que las ondas sonoras, si se afinan con precisión quirúrgica, pueden enfrentarlo y casi borrarlo del mapa.

Un enemigo persistente en cada gota

Ultrasonido contra el veneno invisible: la técnica que podría transformar la purificación del agua
© Ultrasonics Sonochemistry (2025).

Durante décadas, el BPA fue sinónimo de progreso industrial: plásticos resistentes, envases ligeros, resinas que alargaban la vida útil de productos cotidianos. Pero esa resistencia química que lo hizo tan popular es también su maldición ambiental. Incluso con restricciones legales, el BPA sigue apareciendo en aguas residuales, lagos e incluso en el suministro doméstico, afectando hormonas, reproducción y metabolismo en humanos y animales.

Eliminarlo no es sencillo. Las tecnologías actuales —como filtros de carbón o lodos activados— apenas logran atraparlo, y en la mayoría de los casos solo lo trasladan a otros residuos que exigen tratamiento adicional.

La física al servicio de la química verde

Ultrasonido contra el veneno invisible: la técnica que podría transformar la purificación del agua
© University of Glasgow.

El grupo Symes de la Universidad de Glasgow ha dado un giro inesperado: atacar el BPA usando ultrasonido de doble frecuencia. El método combina ondas a 20 kHz y 37 kHz para generar microburbujas que, al colapsar, alcanzan temperaturas y presiones extremas. Es en ese instante, en esos “puntos calientes” microscópicos, donde las moléculas de BPA se rompen y se transforman en compuestos inocuos como dióxido de carbono.

Este fenómeno —cavitación acústica— ya se había probado en colorantes como el azul de metileno, pero nunca con tal éxito frente al BPA sin emplear catalizadores ni aditivos químicos. Los resultados son contundentes: en 40 minutos, el sistema logra degradar hasta un 94,2 % del contaminante.

Más allá del laboratorio

La clave ahora es escalar. El equipo ya conversa con empresas del sector hídrico para implementar la tecnología en plantas municipales e industriales. También exploran su potencial frente a los PFAs, “químicos eternos” que incluso superan al BPA en resistencia.

Si se integra en sistemas de depuración, el ultrasonido podría servir en entornos rurales sin acceso a tecnologías complejas, en ríos contaminados por vertidos plásticos o como apoyo a plantas que quieran reducir el uso de productos químicos y residuos peligrosos.

En un planeta que enfrenta simultáneamente crisis climática y escasez de agua, estas microburbujas de sonido podrían marcar la diferencia entre beber un recurso contaminado o uno realmente limpio.

Compartir esta historia

Artículos relacionados