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Ciencia

Un adorable reptil triásico usaba su aleta dorsal para comunicarse

Al volver a estudiar un fósil desenterrado hace décadas los paleontólogos identificaron un nuevo tipo de piel modificada que sobresalía del lomo del reptil en forma de abanico.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Los avances tecnológicos nos han dado muchas cosas. En el caso de los paleontólogos, les han dado la capacidad de poder estudiar el material más blando, como la piel, las plumas, las escamas o el pelo, hallado en criaturas fosilizadas. Eso da como resultado nuevos y extraños descubrimientos sobre animales que se extinguieron hace mucho tiempo y que nos muestran que eran más raros de lo que imaginamos.

Un trabajo publicado hoy en Nature ofrece un nuevo análisis de un Mirasaura grauvogeli fosilizado, un reptil de hace 247 millones de años cuya característica definitoria es una estructura como de plumas que sobresale de su lomo. La concepción popular de estas características es que esos apéndices eran plumas, pero el nuevo trabajo sostiene que no es así. Más bien, se trata de un inusual tipo de piel que se desplegaba como un abanico desde el lomo del reptil, dicen los investigadores. Hace falta seguir estudiando, pero los autores de este trabajo creen que el abanico servía como herramienta de comunicación entre los animales.

Estas estructuras preservaron partículas portadoras de pigmentos llamadas melanosomas, que son más de ave que de reptil. Pero lo curioso de estos apéndices es que no eran plumas ni escamas. Eran “corrugados” como el cartón, y probablemente maleables hasta cierto punto, informan los investigadores en su trabajo.

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© Stephan Spiekmann

“Esta evidencia revela que la piel del vertebrado tiene posibilidades evolutivas que son más raras de lo que podríamos imaginar”, escribió en un comentario para Nature Richard Prum, biólogo de evolución en la Universidad de Yale, que no participó de este nuevo trabajo. «El Mirasaura nos enseña que una pluma es solo una de las maravillosas cosas que los reptiles evolucionaron y que crecen de su piel”.

El proceso

Para su análisis un equipo de paleontólogos del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, Alemania, volvió a estudiar un antiguo fósil de Mirasaura descubierto en 139 y adquirido por el museo en 2019. Los investigadores no sabían siquiera qué era el fósil, y de hecho el equipo de este nuevo trabajo de investigación fue el que identificó al animal.

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© Stephan Spiekmann

De manera similar, los paleontólogos no pudieron entender del todo al pariente cercano del Mirasaura, el Longisquama insignis que también tenía estructuras similares a plumas en el lomo. En ese momento los científicos no estaban seguros de cómo interpretarlo, en parte porque el fósil del Longisquama no estaba bien preservado. Pero para este nuevo trabajo el equipo reconstruyó la anatomía esquelética de los dos animales y halló que es muy probable que tanto el Mirasaura como el Longisquama fueran parte de la familia de drepanosaurios, un extraño grupo de reptiles del período triásico (hace entre 201 millones y 252 millones de años), que a veces se conocen como “lagartijas mono”.

Estos drepanosaurios son muy extraños: con cráneos alargados como de ave, con cuerpos como de camaleón, y una anatomía que sugiere que vivían en los árboles. Si el nuevo trabajo se verifica, significa que las complejas estructuras helicoidales que sobresalían de sus lomos también estaban en los drepanosaurios.

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©Tobias Wilhelm

Al estudiar el pasado los paleontólogos aplican su mejor criterio para inferir características físicas basándose en la evidencia empírica. Por eso es incluso más extraño que al usar métodos tan sofisticados y cuidados, los científicos esencialmente hallaron una versión reptiliana de Transformers. Al mismo tiempo, estos “redescubrimientos” de antiguos fósiles revelan datos asombrosos del pasado. Y eso es justamente lo que esperamos.

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