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Ciencia

Un agujero casi del tamaño de Portugal se abrió en el hielo de la Antártida en pleno invierno: ya saben qué lo causó

Seis “ríos atmosféricos” llevaron aire cálido y húmedo hasta el continente helado. El resultado: 89.000 km² de mar abierto donde debía haber hielo
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En agosto, la Antártida está en lo más crudo de su invierno. El sol apenas asoma, las temperaturas se hunden muy por debajo de cero y el océano que rodea al continente se congela hasta formar una de las mayores superficies de hielo del planeta. Por eso, lo que ocurrió en agosto de 2024 en la costa oriental antártica desconcertó a los científicos: en medio de esa capa de hielo se abrió un enorme agujero de mar abierto.

El hueco, ubicado frente a la bahía Breid, en la Antártida oriental, llegó a cubrir 89.121 kilómetros cuadrados, una superficie apenas menor que la de Portugal. Ahora, un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters explica qué lo provocó, y la respuesta no estaba en el hielo, sino en el cielo.

Qué es una polinia

Polinia
© Megamantris – Shutterstock

Los científicos llaman polinia a una zona de agua abierta rodeada de hielo marino. No son raras: muchas se forman cerca de la costa, donde vientos muy fuertes empujan el hielo recién formado mar adentro y dejan el agua expuesta. Otras, más grandes y menos frecuentes, aparecen en mar abierto, como la famosa polinia del mar de Weddell, observada en los años setenta y de nuevo en 2016 y 2017.

Lo que hizo excepcional al caso de 2024 fue su tamaño y su momento. Según los investigadores, una apertura de esa magnitud en esa región y en esa época del año no tenía precedentes en los registros satelitales.

Seis ríos en el cielo

Rio Atmosferico
© By National Weather Service – https://twitter.com/NWS/status/1760037827260150099, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=145604046

El equipo, liderado por el científico Jeebanjyoti Swain, de la India, analizó datos satelitales, meteorológicos y oceánicos de esos meses. En el estudio publicado en Geophysical Research Letters, identificaron a los responsables: seis intensos ríos atmosféricos que llegaron a la zona entre julio y agosto de 2024.

Los ríos atmosféricos son corredores largos y estrechos de vapor de agua que viajan por la atmósfera desde latitudes más cálidas. Pueden transportar tanta humedad como un gran río terrestre y, cuando alcanzan la Antártida, llevan consigo calor y nubes a una región que normalmente es extremadamente fría y seca.

Su efecto fue combinado. Las nubes atraparon calor y lo devolvieron hacia la superficie, la atmósfera se calentó, cayó nieve relativamente cálida y el océano recibió un flujo de calor que frenó la formación de hielo. Al mismo tiempo, los vientos asociados a estas tormentas provocaron un ascenso de aguas profundas más templadas hacia la superficie, mediante un proceso llamado bombeo de Ekman. El resultado fue una ola de calor marina sostenida que impidió que el mar se congelara.

Por qué preocupa

Las polinias no son solo una curiosidad geográfica. Cuando el océano queda expuesto en invierno, libera enormes cantidades de calor hacia la atmósfera y altera la circulación del agua en profundidad. Además, sin la protección del hielo marino, las plataformas de hielo y los glaciares costeros quedan más expuestos al oleaje y a las aguas cálidas, lo que puede acelerar su deterioro y, a largo plazo, contribuir al aumento del nivel del mar.

También hay consecuencias para la vida. Muchas especies antárticas, desde el kril hasta los pingüinos emperador, dependen de que el hielo marino se forme cada año de manera regular. Una apertura repentina puede alterar toda la cadena alimentaria de la zona.

Un fenómeno que podría repetirse

Los autores advierten que, con el calentamiento global, los ríos atmosféricos y las olas de calor marinas tienden a volverse más intensos y frecuentes. Si es así, polinias como la de 2024 podrían dejar de ser excepcionales.

Los ríos atmosféricos no son un fenómeno lejano para América del Sur. Son los mismos sistemas que descargan lluvias intensas sobre el centro y sur de Chile. Su creciente alcance hasta la Antártida muestra que los cambios en la atmósfera del hemisferio sur están conectados, desde las costas del Pacífico hasta el hielo del polo.

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