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Ciencia

Seis sectores del macizo de El Chaltén sufrieron grandes desprendimientos de roca esta temporada: la causa es la misma que ya estudia la ciencia sobre el Glaciar Torre

El hielo no solo cubre la montaña. Durante siglos también funcionó como sostén de las paredes rocosas que lo rodean. Cuando ese sostén desaparece, la roca que quedó expuesta empieza a moverse
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Un informe publicado por el American Alpine Journal (AAJ), titulado «El Chaltén Summary, 2025-2026» y firmado por el guía y montañista Rolando Garibotti, documentó importantes caídas de roca durante la última temporada en seis sectores del macizo de El Chaltén, en la Patagonia argentina: Cerro Adela, El Mochito, Filo del Hombre Sentado, Aguja de la Silla, la cara oeste del cerro Chaltén (Fitz Roy) y el sector del Glaciar de los Tres. Garibotti es autor de la guía de referencia Patagonia Vertical y lleva décadas documentando de forma sistemática la actividad del macizo, según relevó Ahora Calafate.

Dos episodios que ya se habían visto en video

Desprendimiento
© ingridagrants – Shutterstock

Al menos dos de los eventos mencionados en el informe ya habían sido registrados de forma directa meses antes. En enero, un testigo que se encontraba en el Campamento Polacos filmó dos colapsos sucesivos en el Filo del Hombre Sentado, un gran contrafuerte rocoso ubicado al noroeste del Fitz Roy, entre los glaciares Fitz Roy Norte y Torre. Un mes más tarde, el 17 de febrero, se produjo otro desprendimiento importante desde la ladera norte del Cerro Adela, sobre el glaciar homónimo, cerca del Cerro Torre, escuchado por guardaparques e integrantes de la Asociación Amigos del Parque Nacional Los Glaciares que trabajaban en la zona.

El mecanismo detrás: permafrost y hielo que ya no sostiene la roca

Garibotti vincula estos episodios con una combinación de degradación del permafrost (terreno o roca que permanece congelado durante largos períodos, y cuyo hielo puede ocupar fracturas y mantener unidos bloques rocosos) y retroceso glaciar. Cuando un glaciar se adelgaza o retrocede, quedan expuestas paredes que durante décadas o siglos estuvieron sostenidas parcialmente por el hielo, lo que puede favorecer procesos de inestabilidad en las laderas circundantes.

Lo que confirma la ciencia en el Glaciar Torre

Glaciar Torre
© Carter Obasohan – Unsplash

Ese mismo mecanismo viene siendo estudiado de forma independiente por investigadores del CONICET en las laderas de Cerro Solo y Techado Negro, en la cuenca del Glaciar Torre. El equipo, integrado entre otros por Daniela Schmidt y Diego Winocur, determinó que la pérdida de masa, espesor y volumen del glaciar provocó una relajación de las laderas que lo contienen, volviéndolas susceptibles a movimientos de remoción en masa: deslizamientos, flujos de detritos, grietas y caída de rocas que evolucionan en relación directa con el retroceso del hielo. El propio estudio aporta un dato adicional: entre 2022 y abril de 2024, la tasa de retroceso del Glaciar Torre se cuadruplicó respecto del período 2019-2022, con una pérdida estimada de unos 0,4 kilómetros cuadrados de hielo y un retroceso del frente de aproximadamente 645 metros. En los últimos 50 años, el glaciar perdió entre 900 y 1.000 metros de su frente y se adelgazó entre 60 y 70 metros, según otras fuentes de la misma investigación.

Una tendencia que ya lleva más de una temporada

Los desprendimientos de roca en el macizo vienen registrándose desde hace varias temporadas: en su balance correspondiente a 2024-2025, Garibotti había contabilizado siete accidentes graves causados por caída de rocas, con fracturas, un traumatismo severo y tres rescates externos. En la temporada 2025-2026, en cambio, pese a los grandes desprendimientos documentados, hubo comparativamente pocos accidentes y ninguno fue fatal.

Un paisaje que sigue cambiando, sin alarma generalizada

El nuevo balance del AAJ no establece cierres de montañas ni plantea una situación de alarma general, pero sí aporta evidencia adicional sobre un proceso que especialistas y montañistas vienen observando con atención creciente: el retroceso del hielo no solo modifica a los propios glaciares, sino que también puede alterar la estabilidad de las paredes rocosas que los rodean, en paisajes que dejaron de ser estáticos y donde algunos cambios pueden producirse de manera abrupta.

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