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Ciencia

Un cambio silencioso congeló la Tierra después de los dinosaurios, y la ciencia acaba de detectarlo

Durante millones de años, un proceso oculto en los océanos habría ido ajustando el “termostato” del planeta. Nuevos datos científicos proponen una explicación inesperada para uno de los mayores cambios climáticos de la Tierra.
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Tras la desaparición de los dinosaurios, la Tierra no solo cambió en su fauna y paisajes. También inició una lenta transformación climática que la llevó desde un mundo mucho más cálido hasta el planeta de temperaturas moderadas y hielos polares que conocemos hoy. Durante décadas, la ciencia intentó entender qué impulsó ese enfriamiento progresivo. Ahora, una nueva investigación propone que la clave estuvo menos en el cielo y más en las profundidades del océano.

Un planeta que pasó del calor extremo al equilibrio actual

Hace 66 millones de años, el planeta atravesaba un escenario muy distinto al actual. Selvas densas se extendían hacia latitudes altas y las temperaturas globales eran considerablemente más elevadas. Sin embargo, ese clima comenzó a modificarse de forma lenta pero constante a lo largo del Cenozoico, el periodo que abarca desde la extinción de los dinosaurios hasta nuestros días.

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© alex_riveiro – X

Durante mucho tiempo, las explicaciones se centraron casi exclusivamente en la atmósfera, los continentes y los cambios en la circulación oceánica. La hipótesis dominante apuntaba a la reducción gradual del dióxido de carbono como el principal motor del enfriamiento. Lo que no estaba claro era por qué ese gas de efecto invernadero disminuyó de manera tan sostenida durante millones de años.

Un nuevo estudio internacional propone una respuesta que desplaza el foco hacia la química del océano. Según esta investigación, el enfriamiento global no fue solo una consecuencia pasiva de otros procesos, sino el resultado de transformaciones profundas en la composición del agua de mar que alteraron la relación entre el océano y la atmósfera.

El papel inesperado de la química del océano

El trabajo identificó una caída progresiva y de largo plazo en la concentración de calcio disuelto en los océanos, superior al 50 % a lo largo del Cenozoico. Este cambio, aparentemente técnico, habría tenido consecuencias climáticas decisivas.

Cuando el calcio era abundante, los océanos tendían a comportarse de una forma distinta en el intercambio de carbono con la atmósfera. En ese escenario, el mar retenía menos carbono y liberaba más dióxido de carbono al aire, reforzando el efecto invernadero. Con el paso de millones de años, la disminución de ese ion modificó los procesos biogeoquímicos marinos y favoreció una mayor captura de carbono.

Ese carbono quedó almacenado en el océano y en los sedimentos marinos, reduciendo gradualmente la cantidad de CO₂ atmosférico. El resultado fue un debilitamiento progresivo del efecto invernadero y un descenso sostenido de la temperatura global, estimado en entre 15 y 20 grados Celsius a lo largo de decenas de millones de años.

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© Unsplash /
Jeremy Lanfranchi.

Esta visión propone que los océanos no solo reaccionaron a los cambios climáticos, sino que actuaron como un regulador activo, capaz de influir directamente en la evolución térmica del planeta.

Microfósiles, modelos y un archivo del pasado climático

Para reconstruir esta historia, los investigadores recurrieron a registros naturales extremadamente precisos: los foraminíferos. Estos diminutos organismos marinos dejaron huellas químicas en sus conchas, conservadas en sedimentos del fondo oceánico durante millones de años.

El análisis de esos microfósiles permitió reconstruir la evolución del calcio y otros elementos clave con un nivel de detalle sin precedentes. A partir de esos datos, el equipo integró la información en modelos del ciclo global del carbono, capaces de simular cómo pequeños cambios en la química oceánica podían amplificarse a escala planetaria.

Las simulaciones mostraron que la disminución del calcio influyó directamente en la forma en que organismos como el plancton y los corales fijaron carbono y lo enterraron en los sedimentos. Ese proceso retiró dióxido de carbono de la atmósfera de manera sostenida, reforzando el enfriamiento global a largo plazo.

Aunque los científicos advierten que no es posible establecer una relación causal absoluta con los registros disponibles, los modelos sugieren que este mecanismo pudo haber sido determinante, especialmente al interactuar con otras retroalimentaciones climáticas.

Procesos profundos que reescriben la historia del clima

El estudio también conectó estos cambios químicos con procesos geológicos de gran escala. En particular, observó una coincidencia temporal entre la caída del calcio oceánico y la desaceleración de la expansión del fondo marino, el fenómeno volcánico que crea nueva corteza oceánica.

A medida que esa expansión se volvió más lenta, el intercambio químico entre las rocas del fondo oceánico y el agua de mar se modificó. Ese ajuste redujo el aporte de calcio a los océanos y alteró su composición iónica durante millones de años.

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© kikollan – X

Tradicionalmente, la química del agua de mar se consideraba una consecuencia de los cambios climáticos, no una de sus causas. Esta investigación propone lo contrario: que los procesos profundos de la Tierra, invisibles a simple vista, pudieron haber sido responsables de algunos de los mayores cambios climáticos de la historia del planeta.

Lejos de descartar explicaciones previas, como la meteorización de silicatos, el nuevo enfoque suma una pieza clave a un rompecabezas complejo. El resultado es una visión más integrada del sistema Tierra, donde geología, océanos, atmósfera y vida interactúan a escalas de tiempo inmensas.

Comprender estas conexiones no solo ayuda a interpretar el pasado, sino que también resulta esencial para mejorar los modelos que intentan anticipar la evolución futura del clima en un contexto de aumento acelerado del dióxido de carbono. El océano, durante millones de años, habría sido un regulador silencioso capaz de cambiar el rumbo térmico del planeta.

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