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Ciencia

Un cometa tan ancho como el asteroide que acabó con los dinosaurios pasará cerca de la Tierra en agosto. No supone ningún peligro, pero ofrecerá una de sus mejores apariciones en décadas

El cometa periódico 10P/Tempel 2 alcanzará el perihelio el 2 de agosto y pasará a unos 62 millones de kilómetros de la Tierra al día siguiente. Su núcleo mide cerca de 10,6 kilómetros, pero su órbita está bien conocida y no existe riesgo de impacto.
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Un cuerpo helado de aproximadamente diez kilómetros de diámetro se dirige hacia una de sus mejores posiciones de observación en décadas. La comparación resulta inevitable: su tamaño es parecido al del asteroide asociado con la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años.

La diferencia más importante es que este objeto no se dirige hacia la Tierra. Se trata de 10P/Tempel 2, un cometa periódico de la familia de Júpiter descubierto en 1873. El próximo 3 de agosto pasará a unos 0,414 unidades astronómicas de nuestro planeta, equivalentes a aproximadamente 62 millones de kilómetros. Esa distancia es unas 160 veces mayor que la separación media entre la Tierra y la Luna. Los cálculos orbitales del sistema Horizons del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA sitúan la máxima aproximación alrededor de las 20:56 UTC.

No será visible a simple vista en condiciones normales, pero podría convertirse en un objetivo interesante para quienes dispongan de prismáticos potentes o un telescopio pequeño, especialmente desde el hemisferio sur.

Un cometa descubierto hace más de 150 años

El astrónomo alemán Wilhelm Tempel descubrió el cometa el 4 de julio de 1873 mientras observaba la constelación de Piscis. Al principio no estaba claro si se trataba de un visitante que pasaría una sola vez o de un cuerpo ligado gravitatoriamente al Sol.

Tempel volvió a encontrarlo en julio de 1878. Aquella segunda aparición confirmó que completaba una órbita en poco más de cinco años y permitió clasificarlo como un cometa periódico. Las mediciones modernas indican que 10P/Tempel 2 tarda alrededor de 5,36 años en completar una vuelta alrededor del Sol.

Su trayectoria lo lleva desde una región próxima a la órbita de Júpiter hasta un perihelio situado a unas 1,42 unidades astronómicas del Sol. En otras palabras, ni siquiera cuando alcanza el punto más cercano a nuestra estrella llega a cruzar la órbita terrestre.

Tempel 2 forma parte de la familia de cometas de Júpiter, un grupo de objetos cuyas órbitas han sido moldeadas por la gravedad del gigante gaseoso. Sus recorridos relativamente cortos permiten observarlos repetidas veces y estudiar cómo cambian después de cada acercamiento al Sol.

Su tamaño impresiona, pero no implica un peligro

Las estimaciones sitúan el diámetro del núcleo en aproximadamente 10,6 kilómetros. Es una dimensión comparable con la atribuida al objeto de Chicxulub, aunque la similitud termina allí: el tamaño de un cometa no determina por sí solo su peligrosidad. Lo decisivo es su órbita, y la de Tempel 2 se conoce con una precisión suficiente para descartar una colisión con nuestro planeta durante este encuentro.

El acercamiento del 3 de agosto se producirá a 0,4144 unidades astronómicas. Incluso en términos astronómicos, no constituye un paso especialmente cerrado: los objetos potencialmente peligrosos se evalúan mediante criterios orbitales mucho más exigentes y, en este caso, las simulaciones no muestran aproximaciones preocupantes a la Tierra.

La comparación con el asteroide de los dinosaurios sirve para visualizar sus dimensiones, pero puede crear una impresión equivocada. Tempel 2 no aparece de manera inesperada, no sigue una órbita incierta y no está encaminado hacia nuestro planeta.

El mejor momento llegará a comienzos de agosto

El cometa alcanzará su perihelio el 2 de agosto de 2026 y llegará a la mínima distancia respecto a la Tierra un día después. La coincidencia entre ambos momentos favorece su brillo, ya que estará cerca del Sol (y, por tanto, más activo) al mismo tiempo que se encuentra relativamente próximo a nosotros.

Las estimaciones actuales sitúan su magnitud aparente alrededor de 9,4 o 9,5 durante los primeros días de agosto. La magnitud funciona en sentido inverso: cuanto menor es el número, más brillante aparece el objeto. Una magnitud cercana a 9 significa que el cometa quedará fuera del alcance del ojo humano, incluso bajo un cielo oscuro, pero podrá detectarse con prismáticos adecuados o telescopios de apertura modesta.

Algunas previsiones más optimistas sugieren que podría alcanzar magnitudes inferiores si su actividad supera las expectativas. Los cometas son especialmente difíciles de predecir porque su brillo depende de la cantidad de hielo y polvo que expulsen al calentarse. Sin embargo, no conviene dar por segura una magnitud cercana a 6 o 7: las observaciones recientes y los modelos actuales apuntan a un objeto más tenue.

A comienzos de julio ya se encontraba alrededor de magnitud 9,5, de acuerdo con las observaciones recopiladas por la base COBS. Eso indica que el cometa está activo y permite seguir su evolución durante las semanas previas a la máxima aproximación.

Dónde buscarlo desde la Tierra

Durante julio, Tempel 2 avanza por las regiones de Capricornio y Acuario. Cerca del perihelio se desplazará hacia el sur celeste, con una declinación aproximada de –25 grados. Esa geometría favorecerá a quienes observen desde latitudes australes, donde el cometa aparecerá más alto sobre el horizonte.

Desde España y otras zonas del hemisferio norte también será observable, aunque más bajo y con una ventana de visibilidad menos favorable. Para encontrarlo será necesario utilizar una carta celeste actualizada, elegir un lugar alejado de la contaminación lumínica y esperar una noche sin Luna brillante.

Con prismáticos, probablemente se verá como una pequeña mancha difusa y no como los cometas espectaculares de las fotografías. Un telescopio puede revelar mejor la coma y, si la actividad resulta suficiente, una cola débil.

Un laboratorio natural que cambia en cada vuelta

Tempel 2 no interesa únicamente por su tamaño o por su cercanía. Al regresar cada 5,36 años, permite estudiar cómo la radiación solar transforma progresivamente un núcleo cometario.

Las observaciones realizadas durante apariciones anteriores detectaron agua, metanol, etano, amoníaco, ácido cianhídrico y otros compuestos volátiles en su coma. También revelaron chorros localizados y una liberación desigual de material desde diferentes regiones del núcleo.

Esa actividad incluso afecta a su rotación. Mediciones de distintas apariciones mostraron que el periodo de giro del cometa aumentó ligeramente con el tiempo, probablemente porque los chorros de gas ejercen pequeños empujes sobre el núcleo.

Durante agosto, Tempel 2 no será un peligro escondido en el cielo, sino una oportunidad científica y observacional. Un objeto tan grande como el que cambió la historia de la Tierra pasará a una distancia completamente segura, recordándonos que el Sistema Solar continúa lleno de cuerpos antiguos que regresan una y otra vez desde sus regiones exteriores.

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