3I/ATLAS ya ha dejado atrás la región interior del Sistema Solar y continúa su viaje hacia el espacio interestelar. Sin embargo, los datos recogidos durante su visita apenas empiezan a revelar qué clase de mundo se formó alrededor de otra estrella y terminó vagando durante millones o quizá miles de millones de años por la galaxia.
El último resultado procede del telescopio espacial James Webb. Al analizar la luz infrarroja emitida por la envoltura de gas y polvo del cometa, un equipo de astrónomos encontró vapor de agua, dióxido de carbono y metano. Este último nunca había sido detectado directamente en otro visitante interestelar.
Según explica la NASA, las observaciones ofrecen la primera huella química de un objeto de este tipo obtenida en longitudes de onda del infrarrojo medio. Los resultados también muestran que la mezcla de sustancias de 3I/ATLAS se aleja de la composición habitual de buena parte de los cometas nacidos alrededor del Sol.
El James Webb encontró metano donde antes permanecía oculto

Las observaciones se realizaron con el espectrómetro de resolución media de MIRI, uno de los instrumentos del James Webb. El telescopio estudió el cometa entre el 15 y el 16 de diciembre de 2025 y volvió a observarlo el 27 de diciembre, cuando ya se alejaba del Sol a más de dos unidades astronómicas.
MIRI separó la radiación infrarroja en diferentes longitudes de onda. Como cada molécula produce señales características, los investigadores pudieron identificar los gases y reconstruir cómo estaban distribuidos alrededor del núcleo.
De acuerdo con el estudio científico, publicado inicialmente en el repositorio arXiv, el agua se extendía mucho más allá del centro del cometa. Esto indica que una parte importante no salía directamente del núcleo, sino de pequeños granos de hielo expulsados a la coma y calentados posteriormente por la radiación solar.
El metano y el dióxido de carbono, en cambio, aparecían más concentrados cerca del núcleo. Según la Agencia Espacial Europea, esa distribución permitió visualizar por separado las regiones ocupadas por cada gas y estudiar cómo cambiaba la actividad del objeto mientras se alejaba del Sol.
Una mezcla demasiado extraña para los cometas del Sistema Solar
El hallazgo no consiste únicamente en haber detectado metano. Lo más llamativo está en sus proporciones respecto al agua.
Los investigadores encontraron que 3I/ATLAS posee una relación entre dióxido de carbono y agua claramente superior a la habitual en los cometas de nuestro sistema. La proporción de metano también aparece algo enriquecida. Esto sugiere que el objeto se formó en unas condiciones químicas o térmicas distintas de las que dieron origen a muchos de los cuerpos helados que conocemos.
El equipo plantea que el metano pudo haberse perdido anteriormente en las capas más externas del cometa. El material detectado por el James Webb habría permanecido protegido en zonas más profundas y menos alteradas hasta que el calentamiento solar erosionó la superficie y permitió su liberación.
Por eso, el metano funciona como una pequeña muestra del interior original de 3I/ATLAS. Su composición puede conservar información sobre la región del sistema planetario extranjero donde se formó, incluida la temperatura que existía alrededor de su estrella.
El estudio también identificó una señal de níquel atómico. La presencia de metales gaseosos en cometas no es completamente desconocida, pero añade otra pieza a una química que sigue resultando poco habitual.
El Sol cambió el cometa mientras lo observábamos

Las dos sesiones del James Webb permitieron seguir la evolución de 3I/ATLAS durante apenas doce días. En ese breve intervalo, la emisión total de gases cayó de manera notable y la actividad del agua disminuyó más deprisa que la del dióxido de carbono y el metano.
Esta diferencia encaja con el alejamiento del Sol. El agua necesita temperaturas relativamente altas para sublimarse con intensidad, mientras sustancias más volátiles como el dióxido de carbono pueden seguir escapando a mayores distancias.
Otro estudio basado también en datos del James Webb detectó monóxido de carbono, metanol y metano durante observaciones realizadas los días 22 y 23 de diciembre. Según sus autores, la distribución desigual de esas moléculas muestra que los hielos no estaban mezclados de forma uniforme dentro del núcleo.
JUICE todavía guarda más información sobre el visitante
El James Webb no fue el único observatorio que aprovechó el paso de 3I/ATLAS. La misión JUICE de la ESA, que viaja hacia las lunas heladas de Júpiter, observó el cometa entre el 2 y el 25 de noviembre de 2025.
Según la ESA, la nave pasó a unos 60 millones de kilómetros del objeto y utilizó varios de sus instrumentos científicos. Las imágenes ya recibidas muestran una coma brillante, una cola extensa y posibles chorros o filamentos de material alrededor del núcleo.
El análisis completo de esas mediciones continúa. 3I/ATLAS no regresará, pero su breve paso dejó un archivo de datos construido por telescopios terrestres, observatorios espaciales y naves situadas en distintos puntos del Sistema Solar.
Lo que ya sabemos apunta a un cometa auténtico, pero químicamente extraño. Su metano, su abundancia de dióxido de carbono y la distribución de sus hielos ofrecen una oportunidad excepcional: estudiar directamente material formado en un sistema planetario que nunca podremos visitar.