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Ciencia

Un experimento consiguió engrosar el hielo del Ártico y abre un inesperado camino para frenar su deshielo

Una iniciativa que muchos calificaban de imposible está despertando el interés de científicos de todo el mundo. El experimento ya ofrece resultados inesperados y podría abrir un nuevo capítulo en la lucha contra el cambio climático, aunque también plantea preguntas que aún no tienen respuesta.
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Mientras el calentamiento global acelera la desaparición del hielo en el Ártico, investigadores buscan soluciones que hace apenas unos años parecían sacadas de la ciencia ficción. Un innovador proyecto de geoingeniería está poniendo a prueba una estrategia inédita para intentar revertir este proceso, con resultados iniciales que han sorprendido incluso a los propios expertos.

Un experimento que quiere darle una segunda oportunidad al hielo del Ártico

La pérdida acelerada de hielo marino en el Ártico se ha convertido en una de las mayores preocupaciones para la comunidad científica. Con el objetivo de frenar este fenómeno, la empresa Real Ice impulsa un ambicioso proyecto de geoingeniería respaldado por financiación del Reino Unido, cuyo propósito es reforzar la capa de hielo del océano Ártico y ralentizar su deshielo.

Las pruebas se están desarrollando en Cambridge Bay, una región del norte de Canadá donde el retroceso del hielo ha sido especialmente intenso durante las últimas décadas. Allí, un equipo internacional trabaja en condiciones extremas para comprobar si esta tecnología puede convertirse en una herramienta útil frente al cambio climático.

Andrea Ceccolini, director ejecutivo de la iniciativa, reconoció que hace poco tiempo un ensayo de estas características parecía prácticamente irrealizable debido a las enormes dificultades logísticas que supone operar en uno de los entornos más hostiles del planeta.

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© X1ntao ZHOU – Pexels

Cómo funciona la propuesta que ha captado la atención de los científicos

El procedimiento consiste en perforar la superficie helada y bombear agua del océano hasta la parte superior del hielo. Debido a las temperaturas extremadamente bajas del invierno polar, el agua se congela casi de inmediato, aumentando el grosor de la capa existente.

Durante la fase experimental, los equipos realizaron más de mil horas continuas de bombeo sobre un área de aproximadamente 450 metros por lado. Los trabajos se llevaron a cabo soportando temperaturas que, con la sensación térmica provocada por el viento, llegaron a alcanzar los -63 °C.

Las primeras mediciones revelaron que el hielo ganó cerca de 50 centímetros adicionales de espesor. Además de fortalecer la superficie, este incremento permite que el hielo permanezca entre una semana y diez días más antes de iniciar el proceso de deshielo durante el verano, una diferencia que podría resultar importante en determinadas zonas del Ártico.

Un hallazgo inesperado que nadie había previsto

Los análisis realizados por especialistas de la Universidad de Washington revelaron un efecto que no formaba parte de las previsiones iniciales del proyecto.

El hielo generado mediante este sistema mostró una capacidad mucho mayor para reflejar la radiación solar. Según los investigadores, este comportamiento podría deberse a que la congelación rápida atrapa numerosas burbujas de aire en el interior del hielo, haciéndolo más opaco y aumentando su capacidad para devolver parte de la energía solar al espacio.

Este descubrimiento ha despertado un gran interés porque una mayor reflectividad podría ayudar a reducir la absorción de calor, uno de los factores que aceleran el deterioro del hielo ártico.

Mientras tanto, la comunidad inuit de Cambridge Bay también ha participado en el desarrollo del proyecto. La organización local de cazadores y tramperos aprobó las pruebas tras verificar que no afectarían las rutas tradicionales utilizadas para la subsistencia. Incluso algunos habitantes que inicialmente desconfiaban del plan terminaron mostrando su respaldo al comprobar que el objetivo era proteger el entorno natural.

El enorme desafío de llevar la idea a gran escala

Aunque los resultados iniciales son prometedores, convertir esta técnica en una solución para todo el Ártico representa un reto gigantesco.
Los responsables del proyecto calculan que sería necesario desplegar miles de dispositivos autónomos capaces de bombear agua de manera continua durante los inviernos polares. Una infraestructura de este tipo implicaría inversiones cercanas a los 10.000 millones de dólares y requeriría el desarrollo de flotas de drones especializados para operar de forma eficiente.

Sin embargo, numerosos científicos recuerdan que todavía no existe evidencia suficiente para saber si esta estrategia podría generar beneficios reales a escala climática o si aparecerían consecuencias inesperadas.

Precisamente ahí surge uno de los mayores debates. Mientras algunos investigadores consideran imprescindible explorar nuevas alternativas para proteger el planeta, otros advierten que las técnicas de geoingeniería podrían desviar la atención de la prioridad principal: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los expertos coinciden en que cualquier intervención sobre el sistema climático debe evaluarse con extrema prudencia. Cada avance obtenido en este tipo de experimentos aporta información valiosa, pero también abre nuevos interrogantes sobre los riesgos, los límites y el verdadero papel que estas tecnologías podrían desempeñar en el futuro de la lucha contra el cambio climático.

 

[Fuente: National Geograpich]

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