Hace 193 millones de años, algo perturbó los océanos del planeta de forma global. El ciclo del carbono se alteró bruscamente, el nivel del mar fluctuó, y grupos enteros de moluscos cefalópodos —los amonites— comenzaron a desaparecer mientras otros, mejor adaptados, tomaban su lugar. Fue uno de esos episodios de estrés ambiental que puntuaron el Jurásico Inferior y cuyas huellas quedaron impresas en las rocas sedimentarias del fondo marino.
El problema es que esas huellas suelen ser fragmentarias. Los registros geológicos se interrumpen, los fósiles aparecen de forma discontinua, las capas se erosionan. Reconstruir con precisión qué ocurrió en esa transición —llamada Sinemuriano-Pliensbachiano— requiere encontrar un lugar donde la secuencia de rocas y fósiles sea completa, continua y bien conservada. Un nuevo estudio publicado en la revista Earth-Science Reviews, dirigido por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid en colaboración con el Centro de Ciencias del Mar de la Universidad de Coimbra, acaba de identificar dónde está ese lugar: los acantilados costeros de Portugal y el norte de España.
Qué hace excepcional a estos yacimientos

Los afloramientos estudiados en São Pedro de Moel (Portugal) y en la costa asturiana conservan una sucesión de capas de roca sin interrupciones apreciables que abarca toda la transición entre los pisos Sinemuriano y Pliensbachiano del Jurásico Inferior. Cada horizonte de amonites —la unidad básica para datar estos registros— corresponde, en promedio, a unos 100.000 años. Eso significa que los investigadores pueden reconstruir la historia del planeta con una resolución temporal de seis cifras: no millones de años, sino cientos de miles.
Esta continuidad supera en detalle a la mayoría de registros equivalentes conocidos en Europa. El coautor del estudio, Luís Vítor Duarte, investigador del MARE-UCoimbra, explicó que la extraordinaria conservación de los fósiles y su aparición de forma ininterrumpida permite comparar estas capas con precisión con las de otros países, lo que contribuye a construir una escala de tiempo geológico más exacta a nivel mundial.
El evento global que quedó grabado en la roca
La transición Sinemuriano-Pliensbachiano no fue un período cualquiera. La literatura científica especializada —incluyendo trabajos publicados en GSA Bulletin y Geochemistry, Geophysics, Geosystems— documenta que este límite estuvo marcado por una excursión negativa del isótopo de carbono-13 de aproximadamente 2 partes por mil, registrada en rocas de todo el Tetis y del ámbito boreal. Esta señal geoquímica indica una entrada masiva de carbono empobrecido en 13C al sistema océano-atmósfera, posiblemente vinculada a episodios volcánicos durante la fragmentación del supercontinente Pangea.
Las consecuencias biológicas fueron concretas. El estudio ibérico documenta cómo las variaciones del nivel del mar y los cambios en el ciclo del carbono se correlacionan directamente con episodios de extinción de grupos de amonites y con la aparición de nuevas especies mejor adaptadas a las condiciones cambiantes. Los acantilados de la Península Ibérica registran esa sucesión con una nitidez que otros yacimientos no ofrecen.
Una escala de tiempo más precisa para toda la geología
Más allá del registro local, lo que hace especialmente valioso este trabajo es su utilidad como referencia global. La escala de tiempo geológico —la herramienta con la que los científicos datan cualquier roca o fósil del planeta— se construye a partir de secciones de referencia que deben ser continuas, bien fechadas y correlacionables con otros lugares del mundo. El estudio también aporta nuevos datos sobre el llamado Corredor Hispánico, una antigua conexión entre el mar de Tetis y el océano Pacífico que pudo haber favorecido la dispersión de organismos marinos entre cuencas durante el Jurásico Inferior.
Los acantilados de Portugal y Asturias, erosionados durante millones de años por el Atlántico, resultan ser una de las pocas ventanas al planeta de hace 193 millones de años que el tiempo ha conservado intactas. Lo que quedó grabado en esas rocas no es solo historia local: es un fragmento del registro climático y biológico de toda la Tierra.