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Ciencia

Un experimento cuántico acaba de superar uno de los grandes obstáculos para buscar materia oscura y nuevas ondas gravitacionales. Dos nubes de átomos ultrafríos lograron cancelar el ruido que normalmente oculta las señales más débiles del universo

Un prototipo desarrollado por la colaboración AION, liderada por el Imperial College de Londres, ha demostrado que dos interferómetros atómicos pueden cancelar el ruido láser que normalmente enmascara señales extremadamente débiles. El avance, publicado en Nature, es un paso clave hacia futuros detectores cuánticos capaces de buscar materia oscura ultraligera y ondas gravitacionales en rangos todavía poco explorados.
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Hay señales del universo que no se buscan mirando más lejos, sino escuchando mejor. La materia oscura ultraligera, si existe, podría dejar huellas minúsculas en la forma en que se comportan los átomos. Algunas ondas gravitacionales, especialmente las procedentes del universo temprano o de fuentes aún no observadas, podrían estirar el espacio-tiempo en frecuencias que los detectores actuales no cubren bien. El problema es siempre el mismo: esas señales son tan débiles que cualquier ruido experimental puede tragárselas.

Un equipo de la colaboración AION acaba de demostrar una forma de esquivar ese obstáculo. En un estudio publicado en Nature, los investigadores presentaron un prototipo de interferómetro atómico diferencial capaz de recuperar señales incluso cuando cada medición individual está completamente dominada por ruido. La clave está en comparar dos interferómetros separados, interrogados por el mismo láser, para que el ruido común se cancele.

El resultado no significa que hayan detectado materia oscura ni nuevas ondas gravitacionales. Esa parte todavía queda por delante. Lo importante es que validaron, en condiciones realistas, uno de los principios técnicos que necesitarán los grandes detectores cuánticos de próxima generación. UKRI resume el avance como la primera demostración de que comparar dos interferómetros atómicos en una línea común permite cancelar ruido experimental y recuperar señales que, por separado, parecerían perdidas.

El ruido del láser era el enemigo que había que derrotar

Un experimento cuántico acaba de superar uno de los grandes obstáculos para buscar materia oscura y nuevas ondas gravitacionales. Dos nubes de átomos ultrafríos lograron cancelar el ruido que normalmente oculta las señales más débiles del universo
© Shutterstock / andrey_l.

Los interferómetros atómicos funcionan usando láseres para manipular átomos ultrafríos. En términos simples, esos átomos se colocan en una especie de superposición cuántica: se comportan como si siguieran dos caminos a la vez, y luego se recombinan. Cualquier perturbación extremadamente pequeña puede modificar el patrón final de interferencia.

Eso los convierte en sensores muy prometedores. Una onda gravitacional podría alterar sutilmente la distancia efectiva entre dos puntos. Un campo de materia oscura ultraligera podría modificar de forma oscilante los niveles de energía atómicos. En ambos casos, la señal aparecería como una diferencia minúscula entre dos mediciones.

Pero ahí surge el problema. El mismo láser que permite controlar el experimento introduce ruido de fase, y ese ruido puede ser mucho mayor que la señal que se intenta medir. Según el artículo de Nature, la supresión de ese ruido láser es uno de los desafíos centrales para los interferómetros atómicos de línea de base muy larga, como AION, MAGIS, AICE o AEDGE.

La solución fue comparar dos relojes atómicos que escuchan el mismo láser

El prototipo utilizó dos nubes de átomos de estroncio-87 ultrafrío, separadas macroscópicamente e interrogadas por un único láser de reloj ultraestable. Esa elección no es casual. El estroncio-87 es una especie muy usada en relojes atómicos de alta precisión, y sus propiedades lo vuelven especialmente interesante para detectores de gran escala.

En lugar de confiar en una sola medición, el sistema compara la fase cuántica acumulada por las dos nubes. Si el láser introduce ruido, ese ruido afecta a ambos interferómetros de forma parecida. Al restar una señal de la otra, gran parte del ruido compartido desaparece. Lo que queda puede contener la huella diferencial de una perturbación física real.

UKRI explica que el equipo construyó un prototipo de sobremesa en el Laboratorio de Estroncio Ultrafrío del Imperial College. Para ponerlo a prueba, los investigadores introdujeron deliberadamente grandes cantidades de ruido de fase adicional, simulando lo que ocurriría en detectores de línea de base larga, donde el ruido acumulado puede ser mucho más difícil de controlar.

Cada interferómetro parecía inútil por separado, pero juntos recuperaron la señal

La parte más potente del experimento es casi contraintuitiva. Cuando los científicos analizaron cada interferómetro por separado, la señal quedó destruida por el ruido. Los patrones necesarios para medir el sistema desaparecían. Cualquier lectura individual parecía básicamente inutilizable.

Pero al comparar ambos interferómetros, el comportamiento real reapareció. Según Nature, la configuración diferencial mantuvo sensibilidad en el límite cuántico estándar incluso con varios radianes de ruido láser artificial por disparo, una condición pensada para imitar futuros interferómetros de línea de base muy larga.

El equipo dio un paso más: introdujo una señal oscilante adicional, parecida a la que podría producir una onda gravitacional o un campo de materia oscura ultraligera. Aunque ninguno de los dos interferómetros individuales contenía información útil por sí solo, la comparación permitió recuperar esa señal de forma clara. UKRI lo presenta como una prueba de que el método puede extraer señales incluso cuando las mediciones aisladas están completamente abrumadas.

Por qué esto importa para las ondas gravitacionales

Desde 2015, LIGO, Virgo y KAGRA han abierto una nueva era en la astronomía al detectar ondas gravitacionales generadas por fusiones de agujeros negros y estrellas de neutrones. Pero esos instrumentos no cubren todas las frecuencias posibles. Hay una franja intermedia, alrededor de 0,1 a 10 hercios, que sigue siendo especialmente difícil de explorar.

El artículo de Nature explica que los interferómetros atómicos de línea de base larga podrían operar precisamente en esa región intermedia, entre los detectores terrestres actuales y futuras misiones espaciales como LISA. Esa banda podría contener señales de fusiones de agujeros negros de masa intermedia, etapas tempranas de inspirales de sistemas compactos o fenómenos vinculados al universo primitivo.

UKRI añade que AION busca detectar ondas gravitacionales en un rango de frecuencias no cubierto actualmente por los observatorios existentes. El proyecto AION-10, con una línea de base de 10 metros, está previsto en el edificio Beecroft de la Universidad de Oxford, con toma de datos antes de 2030.

También podría abrir una vía hacia la materia oscura ultraligera

Un experimento cuántico acaba de superar uno de los grandes obstáculos para buscar materia oscura y nuevas ondas gravitacionales. Dos nubes de átomos ultrafríos lograron cancelar el ruido que normalmente oculta las señales más débiles del universo
© NASA / STScI / J. DePasquale / A. Pagan.

La materia oscura sigue siendo uno de los grandes problemas abiertos de la física. Sabemos que su gravedad influye en galaxias, cúmulos y la evolución del cosmos, pero no sabemos qué es. Una posibilidad es que esté formada por campos ultraligeros, no por partículas pesadas al estilo más tradicional.

Ese tipo de materia oscura podría producir oscilaciones coherentes en constantes fundamentales o en las frecuencias de transición de los átomos. Dicho de forma menos técnica: podría hacer que los “tics” de un reloj atómico cambien de forma minúscula y periódica.

Según Nature, la misma configuración diferencial que permite buscar ondas gravitacionales con estroncio-87 también sería sensible a materia oscura ultraligera, porque un campo de ese tipo podría inducir oscilaciones en la frecuencia de transición atómica a lo largo de la línea de base del detector.

El experimento es pequeño, pero la ambición es enorme

El prototipo actual es de sobremesa. Eso conviene repetirlo, porque todavía no estamos ante un observatorio capaz de competir con LIGO o de detectar materia oscura. Lo que se validó es la arquitectura de medición: la idea de que dos interferómetros atómicos separados pueden cancelar el ruido común y preservar una señal diferencial.

El siguiente paso es escalar. UKRI señala que el programa AION forma parte de una red internacional con vínculos con MAGIS, en Fermilab, y propuestas como AICE, en el CERN. La lógica es clara: cuanto mayor sea la línea de base y mejor controlados estén los átomos, más pequeñas serán las señales que podrán medirse.

Ahí está el verdadero alcance del trabajo. La física moderna no necesita solo telescopios más grandes o aceleradores más potentes. También necesita sensores capaces de distinguir una señal real de un océano de ruido. Este experimento cuántico no abrió todavía una ventana definitiva a la materia oscura ni a las ondas gravitacionales más esquivas. Pero sí mostró que una de las cerraduras técnicas de esa ventana empieza a ceder.

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