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Ciencia

Un fósil guardado 60 años en el Smithsonian resuelve un enigma de 12 millones de años: el período en el que la vida pareció desaparecer del registro fósil quizás nunca fue tan vacío

Un artrópodo de 500 millones de años encontrado en Canadá en 1962 y almacenado en las colecciones del Smithsonian sin estudiar a fondo aporta las claves para resolver el 'vacío Furongiense': el intervalo de 12 millones de años del Cámbrico tardío donde los fósiles escasean misteriosamente
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En 1962, durante una campaña de cartografía geológica en las cercanías de Quebec, alguien recogió un trozo de lutita negra con algo dentro. Lo catalogó, lo empaquetó y lo envió al Smithsonian Institution en Washington D.C., donde quedó guardado en una caja durante más de seis décadas. Nadie volvió a mirarlo con detenimiento. Hace pocas semanas, un investigador australiano que estudiaba las colecciones del Museo Americano de Historia Natural lo revisó con técnicas modernas y encontró que ese espécimen olvidado podría resolver uno de los enigmas más persistentes de la paleontología del Paleozoico.

El vacío Furongiense: 12 millones de años donde la vida parece desaparecer

El Furongiense es la cuarta y última época del período Cámbrico, que se extiende aproximadamente entre hace 497 y 485 millones de años. Los paleontólogos llevan décadas desconcertados por algo que notan al revisar el registro fósil de ese intervalo: hay muchos menos fósiles que en los períodos inmediatamente anteriores y posteriores. Ese contraste ha recibido el nombre de «vacío Furongiense» y ha generado numerosas hipótesis: ¿fue un período de extinción masiva? ¿Un colapso ecológico vinculado a cambios en la química oceánica? ¿Clima más frío? ¿Inestabilidades ambientales?

Russell Bicknell, investigador de la Universidad Flinders de Australia, tiene una hipótesis diferente: «Quizás no hemos estado examinando las rocas sedimentarias adecuadas ni los yacimientos fosilíferos apropiados para obtener una imagen clara de los organismos de cuerpo blando y artrópodos primitivos que habitaban el planeta en ese momento». Dicho de otra forma: el vacío podría ser un artefacto de dónde buscamos, no un reflejo real de lo que había.

Magnicornaspis garwoodi: el artrópodo que llena el vacío

Fosil Araña
© EBRIMINI – Shutterstock

El espécimen recuperado de las colecciones del Smithsonian fue clasificado como una nueva especie: Magnicornaspis garwoodi, nombrada en honor al paleontólogo Russell Garwood de la Universidad de Manchester. Con 500 millones de años de antigüedad, el fósil pertenece al linaje del que evolucionaron posteriormente las arañas y los escorpiones —el grupo de los quelicerados—, y más específicamente a una familia llamada corcoránidos, poco conocida hasta ahora.

Tal como reporta el estudio publicado en BMC Biology, el espécimen presenta características anatómicas singulares: un amplio escudo cefálico, un cuerpo segmentado y espinas defensivas que permiten adscribirlo al grupo de los corcoránidos. «Magnicornaspis garwoodi constituye uno de los escasos representantes conocidos tanto del Cámbrico como del Ordovícico, y se suma a una lista creciente de yacimientos furongienses que desafían la noción de un mundo cámbrico tardío empobrecido», señala el estudio.

La Formación Rivière-du-Loup: un archivo geológico que nadie había leído bien

El fósil fue originalmente recolectado en lutitas negras de la Formación Rivière-du-Loup, una unidad depositada en ambientes de talud marino relativamente profundo durante el Cámbrico tardío. Ese tipo de rocas de aguas profundas no son los yacimientos más explorados por los paleontólogos del Cámbrico, que históricamente se han concentrado en depósitos de aguas poco profundas como los que produjeron los famosos yacimientos del Burgess Shale en Columbia Británica.

La implicación del hallazgo, según Julien Kimmig del Instituto de Tecnología de Karlsruhe, es que el patrón se repite: «El Furongiense quizás no represente un verdadero colapso de la biodiversidad, sino más bien un vacío relacionado con los lugares donde los científicos han buscado y con los tipos de rocas que se han estudiado». Cada nueva localidad furongiense estudiada reduce la amplitud del supuesto vacío y revela ecosistemas más complejos de lo que se asumía.

60 años en una caja: lo que esconden las colecciones de los museos

El caso de Magnicornaspis garwoodi ilustra un principio que los paleontólogos repiten con frecuencia pero que pocas veces genera titulares: los descubrimientos importantes no siempre surgen de expediciones de campo. Muchos de los especímenes más valiosos de la ciencia llevan décadas en cajas de museo, catalogados con información insuficiente, esperando que alguien con las técnicas adecuadas se moleste en revisar.

«Las colecciones de los museos contienen enormes cantidades de material insuficientemente estudiado, recogido durante levantamientos geológicos y expediciones realizadas en el siglo pasado», señala Kimmig. «Revisitar estas colecciones con técnicas modernas puede reconfigurar radicalmente la comprensión de los ecosistemas antiguos». El espécimen de Quebec fue recogido hace 64 años y su relevancia científica recién se está comprendiendo ahora.

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