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Ciencia

Un hallazgo que incomoda: ¿quiénes pensábamos que éramos hace 250.000 años?

En las profundidades de Sudáfrica se descubrió algo que podría alterar todo lo que creemos saber sobre la inteligencia y la espiritualidad en nuestros ancestros. Una especie extinta, con un cerebro diminuto, parece haber dejado señales claras de ritual, memoria… y algo más
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Hay descubrimientos arqueológicos que completan piezas faltantes del pasado, y hay otros que directamente obligan a replantear todo el rompecabezas. Un equipo de científicos encontró evidencias que podrían poner en duda siglos de ideas sobre lo que define a un “humano avanzado”. ¿Y si todo lo que pensábamos saber sobre conciencia y simbolismo tiene que ser reescrito?

No eran Homo sapiens, pero enterraban a sus muertos

Descubrimiento En Sudafrica Homo Naledi Rituales Funerarios
© Unsplash – Miguel Collado

Durante mucho tiempo, los rituales funerarios y las expresiones simbólicas fueron considerados características exclusivas de especies con cerebros grandes como el Homo sapiens o los neandertales. Pero un descubrimiento reciente en Sudáfrica desafía radicalmente esa idea.

La especie protagonista del hallazgo es el Homo naledi, un grupo humano extinto con cerebros del tamaño de un tercio del nuestro. Aun así, los investigadores aseguran que tenían comportamientos complejos como el entierro de sus muertos y la creación de marcas simbólicas en las paredes de cuevas.

La datación es clave: estos comportamientos ocurrieron hace unos 250.000 años, en un momento en el que la capacidad simbólica se creía exclusiva de especies más modernas. El impacto de este hallazgo es tan profundo que podría llevar a repensar lo que entendemos como pensamiento abstracto, memoria colectiva y hasta espiritualidad.

El epicentro del misterio: las cuevas de Rising Star

Descubrimiento En Sudafrica Homo Naledi Rituales Funerarios
© Unsplash – Andrew Lancaster

Todo comenzó en 2013 cuando el paleoantropólogo Lee Berger y su equipo encontraron restos humanos en el sistema de cuevas Rising Star, a unos 50 km de Johannesburgo. Desde entonces, se recuperaron más de 1500 huesos de al menos quince individuos distintos.

Aunque ya en 2017 surgieron hipótesis sobre posibles rituales de entierro, recién en marzo de 2025 se publicaron los estudios más sólidos hasta la fecha en la revista eLife. Entre las pruebas, destacan dos fosas poco profundas donde se hallaron huesos en posiciones compatibles con enterramientos. Y en una de ellas, incluso se encontró un artefacto de piedra cerca de los restos de una mano.

¿Se trataba de una ofrenda funeraria? ¿Un objeto simbólico? Las respuestas todavía son materia de investigación, pero todo apunta a que estos homínidos no eran tan “primitivos” como se pensaba.

Cerebros pequeños, ideas grandes

El Homo naledi medía alrededor de 1,5 metros, pesaba unos 45 kilos y caminaba erguido. Su cerebro, aunque pequeño, no era una barrera para pensar, crear o recordar. Para los expertos, sus restos muestran una extraña mezcla de rasgos antiguos y sorprendentemente modernos.

Lo más desconcertante del nuevo estudio es el hallazgo de grabados geométricos deliberados en las paredes de las cuevas, cerca de los entierros. Estas marcas, aún en proceso de interpretación, podrían ser las primeras expresiones de arte simbólico hechas por una especie humana con capacidades cognitivas supuestamente limitadas.

Una teoría disruptiva que divide a la ciencia

El descubrimiento ha sido recibido con entusiasmo, pero también con cautela. Aunque los autores sostienen que las pruebas son consistentes con entierros rituales “repetidos y pautados”, algunos investigadores piden más estudios independientes para validar la hipótesis.

“La ciencia se trata de replicación”, señaló uno de los revisores escépticos, marcando un punto fundamental: los grandes cambios en la narrativa científica no pueden depender de una sola excavación, por más prometedora que sea.

Aun así, el consenso es claro: se abrió una puerta que no se va a cerrar fácilmente. El Homo naledi podría haber sido mucho más sofisticado de lo que su tamaño cerebral sugería.

Este descubrimiento no solo cuestiona ideas científicas: cuestiona prejuicios. ¿Estamos dispuestos a aceptar que el pensamiento simbólico y los rituales no comenzaron con nosotros? La historia evolutiva, lejos de estar escrita en piedra, parece estar grabada en la arcilla de las cuevas… y aún tiene mucho por revelar.

[Fuente: Los Andes]

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