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Un hombre disfrazado de anciana en silla de ruedas arroja una tarta a la Mona Lisa

La obra de Leonardo Da Vinci está protegida por un cristal a prueba de balas

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Imagen para el artículo titulado Un hombre disfrazado de anciana en silla de ruedas arroja una tarta a la Mona Lisa
Captura de pantalla: iabdouboutaleb / Twitter, aresrebis / Twitter

El día después de la final de la Champions, cuando miles de aficionados al fútbol se sumaban a los visitantes habituales del museo del Louvre en París, un hombre disfrazado de anciana saltó de su silla de ruedas y arrojó una tarta a la Mona Lisa. La pintura de Leonardo Da Vinci, protegida por un cristal blindado, salió ilesa de lo que aparentemente fue una protesta climática.

Según el relato de varios testigos en Twitter, el ataque ocurrió el domingo por la tarde en la sala del museo del Louvre de París donde se expone la Mona Lisa. Un hombre con peluca y bufanda se levantó de una silla de ruedas y lanzó una tarta contra la obra maestra de Da Vinci, manchando el vidrio a prueba de balas que la protege.

La seguridad del museo se llevó rápidamente al atacante y dos empleados limpiaron el cristal sin mayores consecuencias. Antes de irse acompañado por los de seguridad, el hombre tiró rosas por la sala y gritó: “Piensen en la Tierra. Los artistas piensan en la Tierra. Todos los artistas piensan en la Tierra”.

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La Mona Lisa, también conocida como La Gioconda, es la obra más visitada del museo del Louvre. Está protegida por un cristal desde los 50, cuando un hombre que decía estar enamorado del cuadro intentó cortarlo con una navaja para llevárselo. En 1956, un inmigrante boliviano arrojó una piedra contra el cristal y logró romperlo, desprendiendo un pigmento del codo de la Mona Lisa.

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Desde entonces se usa un vidrio a prueba de balas para proteger la obra, lo que no ha desincentivado los ataques. En 1974, expuesta temporalmente en el Museo Nacional de Tokio, una mujer la roció con pintura roja como protesta porque el museo no facilitaba el acceso a las personas discapacitadas. En 2009, una inmigrante rusa, angustiada porque le negaron la nacionalidad francesa, le lanzó una taza de té de cerámica comprada en la tienda del Louvre. El recipiente se hizo añicos contra el vidrio de seguridad.