En Ladakh, en el extremo norte de la India, el agua tiene un problema de calendario. La región es un desierto de alta montaña donde llueve menos de 100 milímetros al año, y la agricultura depende casi por completo del deshielo de los glaciares. Pero ese deshielo llega tarde: los arroyos corren con fuerza en pleno verano, mientras que en abril y mayo, justo cuando los campesinos necesitan regar la cebada y los manzanos recién sembrados, los cauces están casi secos.
En 2013, el ingeniero ladakhí Sonam Wangchuk se propuso resolver ese desfase con una idea tan simple como audaz: fabricar glaciares. Hoy, sus “estupas de hielo” se levantan cada invierno en decenas de aldeas del Himalaya y el concepto se replicó en países tan lejanos como Chile.
Un glaciar con forma de templo

La idea no surgió de la nada. En la década de 1980, otro ingeniero de Ladakh, Chewang Norphel, ya había construido glaciares artificiales horizontales: represas de piedra que acumulaban agua congelada en valles sombríos. Funcionaban, pero tenían limitaciones importantes. Necesitaban altitudes superiores a los 4.000 metros, laderas orientadas al norte y mucho mantenimiento para que el sol de primavera no las derritiera demasiado pronto.
Wangchuk se hizo una pregunta geométrica: ¿cómo almacenar la mayor cantidad de hielo exponiendo la menor superficie posible al sol? La respuesta fue un cono vertical. Una torre de hielo expone mucha menos superficie a la radiación solar que una capa plana con el mismo volumen, por lo que se derrite mucho más despacio. Por su forma, que recuerda a las estupas budistas de la región, el invento recibió ese nombre.
Cómo se construye un glaciar sin electricidad

El sistema aprovecha solo la gravedad y el frío. Según el Consejo de Energía, Medio Ambiente y Agua de la India (CEEW), el agua se toma de un arroyo ubicado más arriba en la montaña y se conduce por una tubería enterrada, donde no se congela, hasta el lugar elegido. Por la diferencia de altura, el agua llega con presión suficiente para salir hacia arriba por un caño vertical.
En las noches de invierno, cuando las temperaturas caen muy por debajo de cero, el chorro pulverizado se congela al instante y cae alrededor del caño formando capas de hielo. Noche tras noche, el cono crece. Así, el agua que en invierno se perdería río abajo queda guardada en forma sólida hasta la primavera.
El primer prototipo se construyó en el invierno de 2013 a 2014, en el campus de SECMOL, la escuela alternativa fundada por Wangchuk, a unos 3.170 metros de altitud. Medía unos siete metros y almacenaba alrededor de 150.000 litros de agua. Los investigadores calculaban que se derretiría por completo a comienzos de mayo, pero resistió hasta el 18 de ese mes, entregando agua justo en el periodo más crítico.
De una aldea a todo el Himalaya
El éxito del prototipo llevó a construir estupas mucho más grandes. Algunas superan los 20 metros de altura y pueden almacenar millones de litros de agua. Tras una primera fase en la aldea de Phey, el proyecto se expandió por Ladakh, y en los últimos años se levantaron decenas de estupas en la región, muchas de ellas construidas y mantenidas por los propios habitantes.
El invento también cruzó fronteras. Se construyeron estupas de hielo en otras zonas del Himalaya indio, en Nepal, Pakistán, Kirguistán, Mongolia y Suiza. Y también en Chile, donde la escasez hídrica en zonas cordilleranas convierte la idea en una alternativa atractiva para comunidades agrícolas de montaña.
Una herramienta, no una solución mágica
Las estupas de hielo no reemplazan a los glaciares naturales, que en el Himalaya retroceden a un ritmo preocupante por el calentamiento global. Tampoco funcionan en cualquier lugar: necesitan inviernos lo suficientemente fríos y una fuente de agua ubicada más arriba. Y a medida que las temperaturas suben, incluso estas torres de hielo se vuelven más difíciles de mantener.
Aun así, representan una forma de adaptación barata, sin energía externa y fácil de replicar por comunidades rurales. Su principio, guardar agua cuando sobra para usarla cuando falta, es tan antiguo como la agricultura. Lo novedoso es haberlo resuelto con hielo, gravedad y una forma geométrica que el sol no logra derretir tan rápido.