El cielo estaba despejado. No había una tormenta descargando sobre las montañas ni lluvias torrenciales que permitieran anticipar lo que estaba a punto de ocurrir. Sin embargo, el río Trishuli llegó a subir nueve metros en apenas treinta minutos.
La explicación se encontraba mucho más arriba.
Las primeras imágenes satelitales indican que una parte de un glaciar se desprendió a unos 5.200 metros de altitud y cayó aproximadamente 1.200 metros hasta el fondo del valle. Durante el descenso arrastró rocas y sedimentos, golpeó el sistema del río Lhende y originó una violenta corriente de agua, hielo y escombros. Reuters señala que la masa fue tan grande que su movimiento generó una señal sísmica inicialmente confundida con un terremoto.
El suelo no había hecho caer el glaciar. Era el glaciar cayendo el que había hecho temblar el suelo.
La frontera está abajo; el peligro, arriba

La catástrofe expuso una característica especialmente inquietante del Himalaya: una crecida puede comenzar en una montaña situada en otro país y alcanzar las poblaciones nepalíes antes de que sus autoridades tengan tiempo suficiente para comprender qué está ocurriendo.
Un inventario elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo e ICIMOD identificó 47 lagos glaciares potencialmente peligrosos en las cuencas del Koshi, Gandaki y Karnali. Solo 21 están en Nepal. Otros 25 se encuentran en la Región Autónoma del Tíbet, administrada por China, y uno en India. Además, 42 de los 47 se concentran en la cuenca del Koshi.
Eso significa que Nepal puede vigilar, drenar o reforzar algunos de sus propios lagos, pero no puede intervenir directamente sobre la mayoría de los que amenazan sus corredores fluviales.
No fue uno de esos lagos, pero mostró lo que puede ocurrir

El desastre actual no debe confundirse con la ruptura confirmada de uno de esos 47 lagos. Las pruebas preliminares apuntan a un colapso de hielo y roca que bloqueó temporalmente el río y produjo después una crecida devastadora.
El mecanismo de un GLOF es diferente, aunque su resultado puede ser parecido. El agua del deshielo queda contenida por una morrena, una presa natural formada por hielo, tierra y rocas. Una avalancha, el crecimiento del lago o la inestabilidad de la barrera pueden provocar su desbordamiento y liberar el agua de forma repentina.
En esos valles estrechos, la distancia no siempre equivale a tiempo. Un informe de ICIMOD advierte que uno de los sistemas fronterizos existentes puede proporcionar apenas entre cinco y siete minutos de anticipación. También señala que la cooperación bilateral todavía necesita protocolos más sólidos y formalizados.
Se pueden reducir los riesgos, pero no desde un solo país
Nepal ya demostró que algunas de estas amenazas pueden mitigarse. En el lago Imja se construyó un canal para reducir 3,4 metros su nivel y se instalaron sensores y sirenas en seis asentamientos situados a lo largo de un corredor de riesgo de 50 kilómetros. Más de 90.000 residentes y visitantes quedaron cubiertos por el sistema de alerta.
Un nuevo programa contempla actuaciones similares en Thulagi, Lower Barun, Lumding Tsho y Hongu 2. Pero los 25 lagos situados en territorio chino requieren otra clase de infraestructura: estaciones compartidas, transmisión de datos en tiempo real y acuerdos capaces de convertir una señal detectada río arriba en una evacuación río abajo.
Porque en el Himalaya una catástrofe puede llegar sin lluvia, sin terremoto y sin pedir permiso para cruzar la frontera.