Cuando se habla de los glaciares del Himalaya, la preocupación habitual gira en torno a las crecidas repentinas: los llamados GLOF, vaciamientos súbitos de lagos glaciares capaces de arrasar poblados enteros río abajo. En el lado indio de la cordillera, sin embargo, el problema que se está consolidando este año es el opuesto: no faltan inundaciones, falta nieve, y esa carencia amenaza con dejar sin agua de riego a buena parte de la agricultura de montaña durante la próxima primavera y el verano.
La nieve que no llegó

Según el informe Snow Update 2026 del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de Montaña (ICIMOD), con sede en Katmandú, la cobertura de nieve estacional en toda la región del Hindu Kush Himalaya cayó un 27,8% por debajo del promedio histórico entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, el nivel más bajo registrado en más de dos décadas de monitoreo y el cuarto año consecutivo de déficit de nieve. Diez de las doce grandes cuencas fluviales que nacen en la cordillera muestran niveles de nieve por debajo de lo normal, y las cuencas del Mekong, el Tarim y la meseta tibetana marcaron sus valores más bajos en 24 años de registros, según el propio ICIMOD.
«Lo que estamos viendo es una tendencia persistente en la que el reservorio de nieve estacional se reduce año tras año», explicó Sher Muhammad, autor principal del informe, quien señaló que los datos de 2026 confirman un punto de quiebre para una región de la que dependen, en distinto grado, cerca de 2.000 millones de personas.
Por qué la nieve importa tanto como el hielo

El deshielo estacional de la nieve, distinto del derretimiento de los glaciares propiamente dichos, aporta en promedio alrededor de una cuarta parte del agua que corre por los ríos de la región, con variaciones enormes según la cuenca: en el Indus, el río del que depende buena parte de la agricultura del norte de India y de Pakistán, el deshielo de nieve estacional representa cerca del 39,7% del caudal anual. Esa nieve funciona como una especie de reserva de corto plazo que se libera de forma gradual durante la primavera, justo cuando los cultivos más la necesitan; los glaciares, en cambio, actúan como un colchón climático de largo plazo, mucho más lento en reaccionar a un mal invierno puntual.
Los cultivos que dependen del deshielo de primavera
En estados como Jammu y Cachemira, la merma de nieve ya se tradujo en manantiales y arroyos con caudales anormalmente bajos, y en un río Jhelum (el curso de agua central de la región) que llegó a registrar mínimos históricos en varias ocasiones durante los últimos meses. Los inviernos más cálidos, además, están modificando el tipo de precipitación: lo que antes caía como nieve ahora cae cada vez con más frecuencia como lluvia, lo que reduce todavía más la acumulación de nieve disponible para derretirse en primavera y altera el calendario de riego que agricultores de la región vienen siguiendo durante generaciones.
Una tendencia que ya lleva cuatro años seguidos
El fenómeno de 2026 no es un evento aislado, sino la continuidad de un proceso que otros estudios del propio ICIMOD ya venían advirtiendo: una evaluación publicada en 2023 proyectó que los glaciares del Hindu Kush Himalaya podrían perder hasta un 75% de su volumen para fin de siglo si el calentamiento global continúa al ritmo actual, con el caudal de los ríos de la región alcanzando su pico hacia mediados de este siglo antes de empezar a declinar de forma sostenida. La diferencia con los años previos es que ahora ese proceso de fondo ya no se manifiesta únicamente en el largo plazo: se puede medir invierno tras invierno, en la nieve que cada vez cubre menos superficie de la cordillera más alta del planeta.