Incluso para los ganaderos modernos la viruela ovina es un serio inconveniente. Porque la enfermedad es de rápida propagación, mata a las ovejas jóvenes y afecta el rendimiento de la lana, la carne y la leche de los pocos animales que sobreviven. Ni hablar de los tiempos medievales en que la vulnerabilidad era mucho mayor, al punto de que el patógeno quedó literalmente documentado en manuscritos antiguos.
En un trabajo publicado recientemente en Science Advances un equipo de genetistas, historiadores, virólogos y otras disciplinas, extrajeron y analizaron el ADN de las pieles de animales que se usaban para hacer libros entre los siglos VIII y XIV d.C. Lo impactante fue que el ADN pertenecía a 21 genomas de virus de la viruela de las ovejas, de entre 1700 a.C. y 1917 d.C. Los manuscritos además eran de materiales variados, como piel de ternero, piel de cabra y piel de oveja. En combinación con anteriores muestras arqueológicas, el equipo pudo usar este reciente análisis para reconstruir más de 3.500 años de evolución del virus de la viruela ovina.
“El registro de antiguo ADN de patógenos cambió por completo lo que conocíamos de la enfermedad infecciosa en el pasado y aquí demostramos que el pergamino también puede preservar ADN de patógenos animales”, declaró Louis L’Hôte, autor principal del trabajo y estudiante del doctorado del University College de Dublín. “Es posible que los archivos y bibliotecas del mundo también contengan trazas genéticas de brotes de enfermedades de animales del pasado”.
Un pergamino literalmente viral
No es la primera vez que la ciencia recupera ADN de algún pergamino medieval, pero el método utilizado puede parecer un tanto extraño. Toman una goma de borrar y la frotan contra el pergamino antiguo. Es una técnica no invasiva y los que se dedican a la preservación también la utilizan para mantener limpios los manuscritos. Si la suerte los acompaña, lo que queda de la goma en forma de fina viruta puede contener información valiosa, como ADN antiguo.
La coautora del trabajo, Joanna Story, le explicó a Science que en la época medieval un solo libro representaba una inversión enorme. Para un volumen de la Biblia, por ejemplo, se requerían varias docenas de animales y cientos de pieles. Para la investigación eso significa que “cuando tomas un libro estás tomando un rebaño de ovejas o de vacas”, dijo Story, historiadora en la Universidad de Leicester en Reino Unido.
Seguir las señales
Dado lo que implica eso, el equipo se preguntó si su análisis podía combinarse con otras muestras para revelar una imagen más completa de la evolución de la viruela ovina. Los investigadores también analizaron dientes de ovejas con la evidencia más antigua que se conozca de la existencia de viruela ovina en Eurasia, junto con cepas modernas del virus. Según ese análisis la viruela ovina probablemente surgió derivada de enfermedades similares en algún momento de la Edad de Bronce (alrededor del 3000 a.C.).
Esa fecha se superpone con la evidencia del inicio de la cría de ganado ovino. Tiene sentido, ya que, con rebaños más grandes de ovejas en espacios confinados, se creaban las condiciones perfectas para que el virus evolucionara y se especializara, según el trabajo. En cuanto al virus de viruela ovina encontrado en piel de ternero y de cabra, el equipo sugirió que podría reflejar infecciones cruzadas o contaminación durante la producción del pergamino.
“Los genomas antiguos pueden ayudarnos a entender cómo evolucionaron los patógenos que nos afectan hoy. Encontramos que, a diferencia del virus de la viruela, el genoma de la viruela ovina se mantuvo muy estable en los últimos milenios”, concluyó L’Hôte. “Eso significaría que los cambios genéticos del pasado fueron muy importantes para la evolución del virus de la viruela ovina, lo que podría ayudarnos a combatir el patógeno en el futuro”.