La mayoría de los exoplanetas que descubrimos por tránsito tienen algo en común: pasan muy cerca de su estrella. No porque el universo prefiera fabricar planetas pegados a sus soles, sino porque son mucho más fáciles de detectar. Si un planeta orbita cada pocos días, cruza muchas veces frente a su estrella y deja varias caídas de brillo repetidas. Si tarda meses, el asunto se complica: tal vez solo veamos una sombra y después haya que esperar mucho tiempo para saber si realmente había un planeta allí.
Eso es lo que hace interesante a NGTS-38 b. Un equipo internacional liderado por investigadores de la Queen’s University Belfast confirmó un exoplaneta gigante, un 8% más grande que Júpiter y casi cinco veces más masivo, que tarda unos 180,5 días en completar una órbita alrededor de su estrella. El trabajo fue publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y describe al objeto como un “warm super-Jupiter”, una clase de gigantes gaseosos menos abrasados que los famosos Júpiteres calientes.
Según detalla el estudio, el planeta tiene un radio de 1,081 radios de Júpiter y una masa de 4,77 masas jovianas. La cifra clave, sin embargo, es su periodo orbital: 180,52797 días. Es decir, su año dura aproximadamente medio año terrestre.
La primera pista llegó en Navidad
La historia empezó con una señal mínima. NASA TESS, el satélite diseñado para buscar planetas mediante pequeñas caídas en el brillo de las estrellas, detectó un único tránsito en diciembre de 2020. Según explicó la cobertura de Phys.org basada en el comunicado de Queen’s University Belfast, esa primera señal apareció el día de Navidad de aquel año.
Un solo tránsito no basta para conocer la órbita. Puede indicar que algo pasó frente a la estrella, pero no revela cuánto tarda en volver. Para resolverlo, el equipo dirigió hacia el sistema los telescopios del Next Generation Transit Survey, o NGTS, una red robótica ubicada en el Observatorio Paranal, en Chile. De acuerdo con el Observatorio Europeo Austral, NGTS está formado por doce telescopios de 20 centímetros que monitorean el brillo de estrellas del hemisferio sur en busca de tránsitos planetarios.
La campaña fue larga: 228 noches de observación entre 2023 y 2025. Finalmente, NGTS captó la salida de un segundo tránsito, el momento en que el planeta terminaba de pasar frente a su estrella. Combinando ese dato con mediciones de velocidad radial obtenidas con los espectrógrafos HARPS y CORALIE, los astrónomos pudieron medir la pequeña atracción gravitatoria del planeta sobre su estrella y cerrar la órbita.
Por qué una órbita de 180 días es tan difícil de atrapar
El método de tránsito es conceptualmente simple: si un planeta pasa entre nosotros y su estrella, bloquea una fracción diminuta de luz. Pero la probabilidad de que eso ocurra depende de la geometría. Cuanto más lejos está el planeta de su estrella, menos probable es que su órbita esté alineada justo para producir un tránsito observable desde la Tierra.
Además, cuanto más largo es el periodo orbital, menos oportunidades hay de verlo. Un planeta que orbita cada tres días puede producir decenas de tránsitos en pocos meses. NGTS-38 b, en cambio, solo ofrece un puñado de oportunidades en años. Por eso el propio artículo subraya que los planetas con periodos de decenas o cientos de días siguen siendo raros entre los mundos detectados por tránsito. En el catálogo citado por los autores, menos del 5% de los planetas en tránsito tenían periodos superiores a 100 días.
Ese sesgo importa mucho. Durante años hemos encontrado muchos Júpiteres calientes porque son grandes, cercanos a sus estrellas y fáciles de ver. Pero los planetas gigantes de órbitas más amplias pueden conservar pistas más limpias sobre cómo se formaron y migraron. NGTS-38 b cae justo en esa zona menos explorada.
Un super-Júpiter templado, excéntrico y con potencial para sorpresas
NGTS-38 b no sigue una órbita perfectamente circular. Según el estudio, su excentricidad es moderada, de alrededor de 0,31. Eso significa que su distancia a la estrella cambia de forma notable a lo largo del año: en su punto más cercano queda algo más lejos que Mercurio respecto del Sol, y en el más distante se aproxima a la distancia Tierra-Sol.
Aun así, no es un análogo de la Tierra. Su estrella anfitriona es de tipo F6V-F7V, más caliente y más grande que el Sol, y el planeta es un gigante gaseoso muy masivo. Su temperatura de equilibrio ronda los 457 K, unos 184 °C, aunque el trabajo señala que puede variar entre unos 400 y 550 K por su órbita excéntrica. Es más frío que muchos exoplanetas estudiados en detalle, pero sigue siendo un mundo extremo para nuestros estándares.
Esa combinación lo vuelve especialmente atractivo. Al estar relativamente lejos de su estrella y ser tan masivo, podría retener lunas o anillos de forma estable. Los autores no afirman haberlos detectado, pero sí señalan que NGTS-38 b es un buen candidato para búsquedas futuras de exolunas o exoanillos con instrumentos de alta precisión como PLATO, JWST o el ELT.
El valor de encontrar planetas que no son fáciles
La importancia de NGTS-38 b no está en que sea “habitable” ni en que se parezca a la Tierra. No lo es. Su valor está en demostrar que los astrónomos ya pueden recuperar señales difíciles: un tránsito aislado en datos de TESS, años de seguimiento desde Tierra y mediciones espectroscópicas lo bastante precisas como para pesar un planeta a cientos de días de órbita.
Según el artículo publicado en MNRAS, el sistema también se encuentra en el campo LOPS2 de la futura misión PLATO de la ESA, lo que permitirá refinar sus parámetros y quizá buscar otros compañeros demasiado pequeños o demasiado lentos para haber sido vistos hasta ahora.
Cada planeta así amplía el mapa. No porque NGTS-38 b sea un mundo familiar, sino porque ayuda a completar una región del catálogo que todavía está poco poblada: la de los gigantes templados, masivos y de órbitas largas. Es justo ahí, lejos de la comodidad estadística de los planetas que pasan frente a sus estrellas cada pocos días, donde pueden estar algunas de las pistas más valiosas sobre cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.