Saltar al contenido
Ciencia

Antes del Big Bang caliente hubo un universo casi vacío, pero no tranquilo. Las fluctuaciones cuánticas pudieron sembrar las galaxias que vemos hoy

La pregunta por lo que ocurrió “antes” del Big Bang no apunta necesariamente a una nada absoluta, sino a una etapa previa al universo caliente que conocemos. La inflación cósmica ofrece una posible respuesta: un periodo brevísimo que estiró fluctuaciones cuánticas hasta convertirlas en semillas de galaxias.
Por

Tiempo de lectura 5 minutos

Comentarios (0)

Hay una forma simple de decirlo, aunque no sea una pregunta simple: ¿qué había antes del Big Bang? La respuesta honesta es que no lo sabemos con certeza. Pero la cosmología moderna sí permite afinar algo importante: cuando los científicos hablan del Big Bang, muchas veces se refieren al Big Bang caliente, es decir, a la etapa temprana en la que el universo ya estaba lleno de partículas, radiación, plasma y expansión.

La cuestión verdaderamente extraña es qué preparó ese escenario. Según explica la NASA en su cronología cósmica, cuando terminó la inflación, la energía que la impulsaba se transformó en materia y luz: el universo entró entonces en la fase caliente que solemos asociar con el Big Bang. Eso no resuelve el misterio final del origen, pero desplaza la pregunta hacia un terreno más preciso: qué ocurrió en esa fracción inicial, antes de que el cosmos fuera el universo luminoso, caliente y lleno de partículas que describen los modelos estándar.

Lo fascinante es que ese comienzo no parece haber sido caótico en el sentido cotidiano. Al contrario: el universo primitivo era extraordinariamente homogéneo. Todo era casi igual en todas partes. No había galaxias, estrellas ni planetas, tampoco regiones claramente diferenciadas. Y, sin embargo, de esa uniformidad casi perfecta surgió todo lo demás.

El vacío no estaba realmente vacío

Antes del Big Bang caliente hubo un universo casi vacío, pero no tranquilo. Las fluctuaciones cuánticas pudieron sembrar las galaxias que vemos hoy
© Getty Images / Pixelparticle.

La física cuántica introduce aquí una incomodidad hermosa: el vacío no es una nada inmóvil. Incluso en ausencia de objetos, los campos cuánticos presentan fluctuaciones inevitables. Son variaciones mínimas, aleatorias, microscópicas, pero reales dentro de la descripción cuántica de la naturaleza.

En el universo temprano, esas fluctuaciones pudieron ser el punto de partida de la estructura cósmica. La idea no es que las galaxias aparecieran directamente de la nada, sino que pequeñas diferencias de energía y densidad fueron amplificadas hasta transformarse en regiones ligeramente más densas que otras.

Según la Agencia Espacial Europea, las fluctuaciones primordiales de densidad son las semillas de la red de estructuras que vemos hoy: estrellas, galaxias y cúmulos de galaxias. La gravedad hizo crecer esas diferencias, pero no las inventó. Actuó sobre algo que ya estaba allí.

La inflación: el estirón que cambió todo

La teoría de la inflación propone que el universo atravesó una etapa de expansión aceleradísima en una fracción diminuta de segundo. No fue una explosión dentro del espacio, sino una expansión del propio espacio-tiempo. Ese detalle importa: no había un centro desde el cual todo saliera disparado, sino una dilatación general del escenario cósmico.

La inflación ayuda a explicar tres rasgos fundamentales del universo: su homogeneidad a gran escala, su geometría casi plana y la existencia de pequeñas irregularidades iniciales. Según la NASA, a través de WMAP, las mediciones de la radiación cósmica de fondo permiten poner a prueba las predicciones de la inflación, porque ese fondo conserva información sobre las primeras irregularidades del universo.

El punto decisivo es que la inflación habría estirado fluctuaciones cuánticas microscópicas hasta escalas astronómicas. Lo que empezó como una variación subatómica terminó convertido en una diferencia de densidad capaz de sobrevivir al paso del tiempo. Más tarde, cuando la gravedad pudo actuar con paciencia, esas zonas un poco más densas atrajeron más materia. Así comenzó el camino hacia las galaxias.

El invierno cósmico y los primeros mensajeros

Antes del Big Bang caliente hubo un universo casi vacío, pero no tranquilo. Las fluctuaciones cuánticas pudieron sembrar las galaxias que vemos hoy
© Margaret J. Geller and Emilio E. Falco, Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics.

Después de la inflación llegó el universo caliente: una sopa primordial de partículas y radiación. Todo interactuaba con todo a temperaturas enormes. Pero el universo seguía expandiéndose y enfriándose. Con el enfriamiento, las interacciones empezaron a volverse menos frecuentes.

Uno de los primeros grandes desacoplamientos fue el de los neutrinos. Estas partículas interactúan muy débilmente con la materia, y en el universo temprano dejaron de estar acopladas al plasma aproximadamente alrededor del primer segundo tras el Big Bang. Una revisión publicada en Frontiers in Physics sitúa ese desacoplamiento en torno a 0,3-1 segundo después del Big Bang, dependiendo de los detalles del modelo y de la temperatura considerada.

A partir de entonces, esos neutrinos primordiales habrían seguido viajando casi libremente por el cosmos. Detectarlos de forma directa sigue siendo extremadamente difícil, pero su existencia forma parte del paisaje teórico del universo temprano. Son, en cierto sentido, mensajeros de una época anterior a la luz visible más antigua que podemos observar.

Cuando el universo se hizo transparente

La luz tuvo que esperar bastante más. Durante cientos de miles de años, el universo fue un plasma opaco: los fotones chocaban constantemente con electrones libres y no podían viajar grandes distancias. Solo cuando el cosmos se enfrió lo suficiente, los electrones y protones pudieron formar átomos neutros. Entonces los fotones quedaron libres.

Ese momento ocurrió unos 380.000 años después del Big Bang. La luz liberada entonces es la radiación cósmica de fondo de microondas, una especie de fotografía fósil del universo bebé. De acuerdo con la ESA y la misión Planck, las fluctuaciones del fondo cósmico quedaron impresas cuando la materia y los fotones se desacoplaron, y reflejan regiones ligeramente más o menos densas del universo primordial.

Esa imagen parece casi uniforme, pero no lo es del todo. Sus variaciones son diminutas, diferencias minúsculas de temperatura, pero contienen el mapa inicial de la estructura cósmica. La NASA explica que WMAP midió esas variaciones con enorme precisión: una región del cielo podía tener 2,7251 K y otra 2,7249 K. Diferencias casi absurdas, pero suficientes para contar la historia del universo.

De una fluctuación a una galaxia

La gravedad no necesita mucho para empezar. Si una región tiene apenas más densidad que otra, atraerá un poco más de materia. Esa materia extra aumentará su gravedad, que atraerá todavía más materia. Con el tiempo, ese proceso amplifica las pequeñas irregularidades iniciales.

Así, las fluctuaciones cuánticas estiradas por la inflación se convirtieron en perturbaciones de densidad. Esas perturbaciones quedaron registradas en el fondo cósmico. Y, millones de años después, crecieron hasta formar galaxias, cúmulos y la gran red cósmica.

La pregunta por el “antes del universo” quizá no tenga una respuesta definitiva todavía. Pero sí tenemos una historia extraordinariamente poderosa: el cosmos visible pudo nacer de una etapa casi uniforme, gobernada por campos, expansión y fluctuaciones mínimas. La gravedad no escribió la primera palabra, pero sí tomó esas primeras letras cuánticas y, con tiempo suficiente, las convirtió en estrellas, galaxias y en seres capaces de preguntarse de dónde salió todo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados