Durante décadas, dos lugares separados por miles de kilómetros y desarrollados en contextos completamente distintos parecían no tener absolutamente nada en común. Sin embargo, una innovadora investigación acaba de revelar un vínculo inesperado que desafía algunas de las ideas más aceptadas sobre la evolución de las ciudades antiguas. El descubrimiento no solo obliga a mirar con otros ojos el pasado, sino que también podría cambiar la forma en que la arqueología interpreta la organización de las grandes civilizaciones.
Angkor dejó de ser un caso único para la arqueología
Durante mucho tiempo, Angkor fue considerada una excepción dentro de la historia del urbanismo. La antigua capital del Imperio jemer, situada en la actual Camboya, ocupaba una extensión superior a los 1.000 kilómetros cuadrados, combinando templos, canales, embalses y extensas áreas agrícolas en un mismo paisaje. Debido a estas características, los especialistas la describían como un ejemplo singular de «urbanismo agrario de baja densidad», una categoría muy diferente de las ciudades europeas medievales, mucho más compactas y rodeadas por murallas.
Esa interpretación acaba de ser cuestionada por un estudio publicado en Journal of Archaeological Method and Theory. Por primera vez, un grupo internacional de investigadores comparó la distribución espacial de Angkor con la del condado inglés de Hampshire, utilizando registros históricos del célebre Libro Domesday, elaborado en 1086.
Lejos de encontrar dos modelos completamente distintos, el análisis reveló que ambos territorios compartían una organización sorprendentemente similar. El hallazgo sugiere que las diferencias observadas durante décadas podrían deberse más a la escala que a la existencia de modelos urbanos completamente independientes.

Dos sociedades muy distintas con una organización parecida
Aunque el Imperio jemer y la Inglaterra medieval pertenecían a culturas, religiones y contextos políticos muy diferentes, ambos territorios estaban estructurados alrededor de centros capaces de organizar la vida cotidiana.
En Angkor, los templos desempeñaban múltiples funciones. Además de ser espacios religiosos, actuaban como puntos de administración, redistribución de recursos y resolución de conflictos dentro de las comunidades.
En Hampshire ocurría algo comparable. Allí, las fincas señoriales administraban la producción agrícola, recaudaban impuestos y ejercían funciones judiciales bajo la autoridad de la monarquía normanda.
En lugar de comparar conceptos tradicionales como «ciudad» o «poblado», los investigadores optaron por analizar estos núcleos funcionales. Para ello estudiaron la ubicación de 1.286 templos en Angkor y 435 propiedades registradas en Hampshire, buscando similitudes en la forma en que se distribuían sobre el territorio.
La herramienta matemática que reveló una conexión inesperada
El estudio recurrió a un método estadístico denominado funciones de densidad de distancia por pares (PDD), una técnica que permite analizar con qué frecuencia aparecen determinadas distancias entre todos los puntos de un mapa.
A diferencia de otros procedimientos utilizados habitualmente en arqueología, este sistema evita imponer límites artificiales al análisis y permite detectar patrones espaciales de una manera mucho más precisa.
Los científicos complementaron esta metodología con ChronoCluster, un software desarrollado en Python que incorpora la incertidumbre cronológica propia de los yacimientos arqueológicos. Gracias a esta herramienta fue posible estimar la probabilidad de que cada templo o finca existiera en un determinado momento histórico, en lugar de asumir fechas completamente exactas.
Posteriormente, los datos obtenidos fueron comparados con distintos modelos estadísticos diseñados para distinguir patrones reales de distribuciones completamente aleatorias.
Un mismo patrón apareció en Asia y Europa
Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
Tanto Angkor como Hampshire presentaban dos niveles claramente diferenciados de agrupamiento. El primero correspondía a pequeñas comunidades cercanas entre sí, mientras que el segundo reflejaba conjuntos de esas comunidades distribuidos a mayor escala por todo el territorio.
Los autores describen este comportamiento como una especie de «oscilación amortiguada», un patrón que apareció prácticamente igual en ambos casos.
Lo más llamativo ocurrió cuando ajustaron matemáticamente la escala de Angkor. Al ampliar sus datos aproximadamente por un factor de dos, los picos y las depresiones coincidían casi exactamente con los observados en Hampshire.
Este resultado sugiere que ambas regiones seguían una misma lógica territorial, aunque adaptada a dimensiones diferentes. En otras palabras, lo que durante décadas se interpretó como dos modelos urbanos opuestos podría ser simplemente una variación de un mismo principio organizativo.
Las posibles razones detrás de una diferencia de escala
El estudio plantea dos explicaciones principales para entender por qué Angkor presentaba una distribución territorial más concentrada.
La primera está relacionada con los medios de transporte disponibles en cada sociedad. En la Inglaterra medieval, las élites utilizaban caballos, capaces de desplazarse aproximadamente al doble de velocidad que una persona caminando. En Angkor, en cambio, los caballos tenían un papel muy reducido y el transporte dependía principalmente de los elefantes, cuya velocidad es mucho más similar a la de un peatón.
La segunda explicación apunta directamente a la agricultura.
Mientras Hampshire dependía principalmente de cultivos de secano como el trigo y el centeno, que requerían grandes superficies para alimentar a la población, Angkor basaba buena parte de su economía en el arroz de regadío. Este sistema permitía obtener varias cosechas anuales y una productividad muy superior utilizando la misma cantidad de terreno.
Gracias a esa eficiencia agrícola, las comunidades podían establecerse a distancias mucho menores unas de otras sin comprometer su abastecimiento, una circunstancia que encaja con la diferencia de escala detectada durante el análisis.
Un descubrimiento que obliga a replantear el concepto de ciudad antigua
Las conclusiones del estudio van mucho más allá de la comparación entre Camboya e Inglaterra.
Los investigadores consideran que la clásica división entre ciudades compactas y asentamientos de baja densidad podría responder más a una clasificación tradicional que a diferencias reales en la forma de organizar el territorio. Si esta hipótesis se confirma, numerosos modelos utilizados por la arqueología para interpretar las antiguas civilizaciones deberán ser revisados.
Como siguiente paso, el equipo propone aplicar esta metodología a otros grandes paisajes históricos, incluyendo las ciudades mayas, los asentamientos amazónicos identificados mediante tecnología LiDAR y antiguos núcleos urbanos de Sri Lanka. Si aparecen patrones similares, la historia del urbanismo podría estar a las puertas de una de sus revisiones más profundas en décadas.
[Fuente: Muy Interesante]