Saltar al contenido
Ciencia

Un poblado neolítico sumergido devuelve 19 arcos intactos del fondo del lago. Por qué este hallazgo cambia la imagen de los primeros agricultores del Mediterráneo

El análisis de 19 arcos de madera excepcionalmente conservados en un asentamiento sumergido en Italia revela que los primeros agricultores no abandonaron la caza ni el conocimiento del bosque. Su tecnología combinaba versatilidad, adaptación al entorno y un uso inteligente de múltiples especies de árboles.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Tendemos a imaginar el Neolítico como una ruptura clara: los humanos dejan atrás la caza y la recolección para convertirse en agricultores sedentarios. La realidad fue mucho menos limpia. Un hallazgo bajo las aguas de un lago italiano muestra que, mientras cultivaban cereales y criaban animales, aquellas comunidades seguían dominando tecnologías de caza sofisticadas y mantenían una relación profunda con el bosque que las rodeaba.

Un arsenal inesperado bajo el lago

Un poblado neolítico sumergido devuelve 19 arcos intactos del fondo del lago. Por qué este hallazgo cambia la imagen de los primeros agricultores del Mediterráneo
© L. Caruso Fermé et al. 2026.

Bajo las aguas del lago Bracciano, cerca de Roma, yace el yacimiento de La Marmotta, un poblado neolítico que quedó sumergido y sellado por sedimentos. Esa circunstancia poco habitual creó un entorno ideal para la conservación de materiales orgánicos. El resultado es un “archivo” de madera que rara vez sobrevive miles de años en tierra firme.

Entre los objetos recuperados destacan 19 arcos prácticamente intactos, según el estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports. No son fragmentos dispersos ni restos irreconocibles, sino armas completas que permiten reconstruir cómo se fabricaban, qué tamaño tenían y qué tipo de madera se elegía para cada pieza.

Seis árboles, una misma función

Lo más revelador del estudio no es solo que existan estos arcos, sino de qué están hechos. En lugar de recurrir a una única madera “ideal”, los habitantes del poblado utilizaron al menos seis especies distintas del bosque mediterráneo que los rodeaba. Cada árbol aportaba propiedades diferentes: algunos ofrecían dureza, otros elasticidad, otros facilidad de trabajo.

Este dato desmonta la idea de una tecnología neolítica rígida, basada en recetas fijas. La elección de materiales parece haber sido flexible, adaptada a la disponibilidad local y a un conocimiento empírico de cómo se comportaba cada madera cuando se tensaba un arco. No había un “manual único”: había práctica, experimentación y adaptación al paisaje.

Cazadores que también eran agricultores y navegantes

Un poblado neolítico sumergido devuelve 19 arcos intactos del fondo del lago. Por qué este hallazgo cambia la imagen de los primeros agricultores del Mediterráneo
© L. Caruso Fermé et al. 2026.

Los arcos no aparecen aislados. En La Marmotta se han encontrado canoas, remos, herramientas agrícolas y estructuras de viviendas construidas con distintas maderas del entorno. Todo apunta a comunidades que no compartimentaban su tecnología en mundos separados (agricultura por un lado, caza por otro), sino que aplicaban un mismo saber técnico a múltiples actividades.

Esto cambia la imagen del primer agricultor como alguien desligado del bosque y de la caza. La transición al Neolítico no borró de golpe prácticas anteriores, sino que las integró en una economía mixta: cultivar, criar animales, pescar, navegar y cazar formaban parte de un mismo sistema de subsistencia.

El bosque como tecnología

Un poblado neolítico sumergido devuelve 19 arcos intactos del fondo del lago. Por qué este hallazgo cambia la imagen de los primeros agricultores del Mediterráneo
© L. Caruso Fermé et al. 2026.

El hallazgo invita a mirar el bosque no solo como un recurso, sino como una “infraestructura tecnológica” natural. Conocer qué árbol sirve para un arco, cuál para una canoa y cuál para una estaca de vivienda implica un conocimiento profundo del entorno, transmitido generación tras generación. Esa inteligencia ecológica es, en sí misma, una forma de tecnología.

Desde esta perspectiva, los 19 arcos no son solo armas. Son la evidencia material de una relación sofisticada con el paisaje: aprovechar la diversidad del bosque para cubrir necesidades distintas sin agotar un único recurso.

Una lección antigua con resonancia actual

Más allá del interés arqueológico, el yacimiento de La Marmotta deja una enseñanza incómodamente actual. La diversidad de materiales y la flexibilidad tecnológica fueron claves para la supervivencia de estas comunidades. No dependían de una sola “materia prima perfecta”, sino de un abanico de soluciones adaptadas al entorno.

En un momento histórico en el que hablamos de sostenibilidad, gestión forestal y uso responsable de recursos, estos arcos neolíticos recuerdan que la relación entre tecnología y naturaleza nunca fue de simple explotación. Para aquellos primeros agricultores, el bosque no era un fondo pasivo: era un socio tecnológico imprescindible para vivir, cazar y construir su mundo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados