Aunque solemos imaginar al Polo Norte como un punto fijo en el Ártico, existe otro «norte» igual de importante y mucho más inquietante: el polo norte magnético. Invisible a simple vista, pero fundamental para brújulas, GPS y navegación, este punto se desplaza cada año, alejándose del norte de Canadá y acercándose a Rusia.
Un lugar más lejano que el propio Polo Norte

Desde hace más de un siglo, exploradores y científicos han intentado comprender un punto remoto y enigmático del planeta: el llamado “polo de inaccesibilidad” del Ártico. Fue calculado por el marino ruso Aleksandr Kolchak a principios del siglo XX y representa uno de los lugares más difíciles de alcanzar en la Tierra. Pero aún más fascinante es el polo norte magnético, que, a diferencia del Polo Norte geográfico, no tiene una posición fija.
Este punto no marca el eje de rotación terrestre, sino el lugar hacia el que apuntan las brújulas magnéticas. Actualmente, se encuentra a más de 450 km del Polo Norte geográfico y sigue desplazándose. A comienzos del siglo XXI, estaba al norte de las islas de la Reina Isabel (Canadá), pero estudios recientes muestran que avanza hacia Siberia.
El campo magnético que nunca se detiene

A diferencia del norte geográfico, el polo norte magnético está determinado por los flujos de hierro líquido en el núcleo de la Tierra. Estos movimientos generan el campo magnético del planeta, una especie de escudo natural que también guía la navegación satelital y terrestre. Según la revista Scientific American, esta dinámica forma un generador eléctrico natural que cambia constantemente.
Durante las últimas décadas, el desplazamiento del polo se aceleró de forma sin precedentes. Luego, en un giro inesperado, su velocidad se redujo de manera repentina. La causa exacta sigue siendo un misterio, según estudios de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA), que en 2024 presentó un nuevo modelo de seguimiento confirmando su avance hacia Rusia.
Cada cinco años, expertos de la NOAA y del British Geological Survey actualizan los mapas del campo magnético global, esenciales para mantener la precisión del GPS y la navegación aérea. Porque lo que ocurre en el núcleo de la Tierra —aunque no lo veamos— tiene consecuencias directas sobre cómo nos orientamos en el mundo.