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Tecnología

Un pueblo de China tardaba tres horas en llegar a la escuela por un cañón de 500 metros: un ascensor de 288 metros lo redujo a 30 minutos

“¡Tenemos un autobús escolar nuevo!”, dijo Wang Jiao, una alumna de la escuela primaria de Nizhuhe, mientras entraba a la cabina de un ascensor tomada de la mano de su hermana menor. No hay ninguna calle ni ninguna ruta debajo de ese “autobús”: hay 288 metros de acantilado, y la cabina sube a 5 metros por segundo hasta la cima del cañón, donde está su escuela
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En el suroeste de China, en la provincia de Yunnan, el pueblo de Nizhuhe está en el fondo de un cañón de más de mil metros de profundidad, sobre la frontera con la provincia de Guizhou. La escuela a la que asisten los chicos del pueblo, en cambio, está arriba de todo, en la localidad de Guanzhai. Entre un punto y otro hay un desnivel de más de 500 metros que, durante generaciones, solo podía cruzarse a pie por senderos de montaña angostos, empinados y resbaladizos.

Una escuela en la cima de un acantilado y un pueblo en el fondo del cañón

Según informó la agencia estatal Xinhua, ir a la escuela desde Nizhuhe implicaba, hasta hace pocos años, una caminata de más de tres horas en un solo sentido. En los tramos más angostos del camino de roca apenas entraba medio pie, así que cualquier distracción podía ser peligrosa. Para varias generaciones de familias del cañón, esa caminata diaria fue, literalmente, el precio de ir a clase.

La respuesta que encontraron las autoridades locales no fue construir un camino nuevo, sino subir en línea recta: un ascensor panorámico clavado en la pared del cañón.

Cómo funciona el ascensor que hace de autobús escolar

Ascensor Qingyun
© Fabio Lotti – Shutterstock

El primero de estos ascensores, llamado Qingyun (“escalera hacia las nubes azules”), se construyó a partir de 2020 y entró en funcionamiento en 2022, con una altura de 268 metros. Este mes de agosto se sumó un segundo ascensor, el Fuyao, de 288 metros de altura, que trabaja en paralelo al primero y se combina con un tramo de teleférico de altura para completar la subida desde el fondo del cañón hasta la escuela.

Ambos ascensores y el tramo de teleférico son gratuitos para los vecinos de Nizhuhe y de la aldea de Guanzhai, y el gobierno local habilitó un acceso específico para los estudiantes, con policías y trabajadores asignados a acompañar en los horarios de entrada y salida de clases. Según Xinhua, hacia fines de julio el sistema ya había trasladado con seguridad a casi mil viajes de estudiantes.

De una caminata de tres horas a un viaje de media hora

El cambio en los tiempos es la parte más concreta de la historia: lo que antes tomaba más de tres horas de caminata cuesta arriba, hoy se resuelve en unos 30 minutos combinando los dos ascensores y el teleférico. Cai Xiong, presidente de la empresa que desarrolla el proyecto turístico del cañón, explicó a Xinhua que sumar el segundo ascensor no solo aceleró el trayecto, sino que resolvió otro problema práctico: con un único ascensor, el aumento de visitantes turísticos empezaba a competir por espacio con el paso diario de los estudiantes. Con los dos ascensores funcionando en conjunto, la capacidad de transporte combinada llega a 1200 personas por hora.

El turismo llegó detrás del ascensor

La obra nació dentro de un proyecto más amplio de desarrollo turístico y ecológico del cañón de Nizhuhe, así que su impacto no se quedó solo en el trayecto escolar. La llegada de más visitantes convirtió a un pueblo que durante años estuvo prácticamente aislado en un destino con actividad económica propia: vecinos que antes dependían casi exclusivamente de la agricultura de subsistencia hoy abren alojamientos, ofrecen guiado turístico y venden productos locales, como jamón de la zona y hongos silvestres, a los visitantes que llegan al cañón.

Es un patrón que se repite en otras zonas rurales de montaña en China: una infraestructura pensada para resolver un problema de accesibilidad termina generando, como efecto secundario, una fuente de ingresos que no existía antes.

Una obra pequeña, en un país de obras gigantes

China es conocida por proyectos de infraestructura a una escala descomunal, desde represas hidroeléctricas hasta ciudades enteras planificadas desde cero. El ascensor de Nizhuhe no compite en esa liga: es una obra puntual, pensada para resolver el problema muy específico de una comunidad de unos pocos cientos de familias. Pero es, también, un ejemplo de cómo una solución de ingeniería relativamente simple (poner un ascensor donde antes había que trepar una montaña) puede cambiar de forma directa la vida cotidiana de quienes dependen de ella, incluida la manera en que sus chicos llegan a clase todas las mañanas.

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