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Ciencia

Un pulpo de Indonesia carga cáscaras de coco por el fondo del mar para armarse un refugio. Ese hábito abrió un debate sobre qué es usar herramientas

El pulpo veteado camina sobre sus brazos como si usara zancos para llevar cocos que solo le sirven más tarde. Por eso se lo considera un uso de herramientas
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En el fondo arenoso de las costas de Indonesia, unos buzos vieron una escena difícil de creer: un pulpo caminaba torpemente sobre la punta de sus brazos, con el cuerpo extendido sobre dos mitades de cáscara de coco apiladas debajo. Avanzaba así varios metros, de manera lenta y poco eficiente, cargando con su extraño equipaje.

El comportamiento parecía absurdo. Pero tenía una lógica, y su descripción científica, publicada hace ya 17 años, sigue siendo uno de los ejemplos más citados de la inteligencia de los pulpos.

Diez años de observación

Bali
© Guillaume Marques – Unsplash

Los investigadores Julian Finn y Mark Norman, del Museo Victoria, en Australia, y Tom Tregenza, de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, observaron a estos animales entre 1999 y 2008, durante más de 500 horas de buceo frente a las islas de Sulawesi y Bali. Estudiaron a una veintena de ejemplares de pulpo veteado (Amphioctopus marginatus), un pequeño pulpo que vive en fondos arenosos y fangosos de aguas tropicales. Sus resultados se publicaron en diciembre de 2009 en la revista Current Biology.

En cuatro ocasiones, registraron pulpos que transportaban cáscaras de coco apiladas a lo largo de distancias de hasta 20 metros. Para hacerlo, se colocaban encima de las cáscaras, rodeándolas con el cuerpo, y avanzaban con los brazos rígidos, en una forma de locomoción que los investigadores bautizaron como caminar sobre zancos.

Cuando el pulpo necesitaba esconderse, ensamblaba las dos mitades alrededor de su cuerpo y formaba una especie de esfera cerrada, una fortaleza portátil. Finn contó que nunca esperó encontrar un pulpo que apilara varias cáscaras y corriera por el fondo marino cargándolas.

¿Por qué es una herramienta?

Cangrejo Ermitaño
© Anna Mcphee – Unsplash

El punto clave del estudio no fue que los pulpos usaran cáscaras como refugio. Muchos animales aprovechan objetos para protegerse. Los cangrejos ermitaños, por ejemplo, viven dentro de conchas de caracoles. La diferencia está en cuándo se obtiene el beneficio.

El cangrejo ermitaño está protegido mientras camina dentro de su concha. El pulpo, en cambio, no obtiene ninguna protección mientras carga los cocos: al contrario, se mueve más despacio y queda más expuesto. El beneficio llega después, cuando arma el refugio frente a una amenaza. Según Norman, hay una diferencia fundamental entre agarrar un objeto cercano para protegerse y recolectar, ordenar, transportar con esfuerzo y ensamblar una armadura portátil.

Por eso los autores lo describieron como un caso de uso defensivo de herramientas. Hasta entonces, comportamientos de este tipo se consideraban propios de animales como los primates y algunas aves. Los propios investigadores reconocieron, de todos modos, que la definición de herramienta es objeto de debate, y que su estudio no demuestra que los pulpos planifiquen conscientemente sus acciones.

Una historia escrita por los humanos

Los pulpos veteados probablemente usaban antes grandes conchas de moluscos como refugio. Los autores plantean que las cáscaras de coco desechadas por las comunidades costeras de Indonesia les ofrecieron una alternativa ligera y resistente, aunque esa hipótesis no pudo confirmarse. Si fuera cierta, sería un ejemplo de cómo los residuos humanos terminan moldeando el comportamiento de los animales. Hoy, en algunas zonas, se observa a pulpos usando también latas, botellas y otros desechos como escondite.

Inteligencias muy distintas a la nuestra

Desde aquel estudio, la ciencia acumuló muchas más pruebas de la sorprendente inteligencia de los pulpos. Pueden resolver problemas, escapar de recipientes cerrados, reconocer a personas y aprender por observación. Lo más llamativo es que esa inteligencia evolucionó de forma independiente a la de los vertebrados: el último ancestro común entre un pulpo y un ser humano era un animal sencillo que vivió hace más de 500 millones de años.

El pulpo de los cocos sigue siendo una buena imagen de esa idea. Un animal sin huesos, con un sistema nervioso repartido en buena parte por sus brazos, capaz de llevar consigo hoy algo que solo le servirá mañana.

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