En enero de 2024, un robot submarino de siete metros se internó bajo el hielo de la Antártida y nunca regresó.
Se llamaba Ran, pertenecía a la Universidad de Gotemburgo y estaba diseñado precisamente para hacer algo extremadamente arriesgado: navegar de forma autónoma durante horas bajo plataformas de hielo de entre 200 y 500 metros de espesor, lugares donde mantener comunicación constante con el barco que lo controla es imposible.
Cuando no apareció en el punto de encuentro programado, los investigadores lo buscaron mediante sistemas acústicos, helicópteros y drones. No hubo resultado. La principal hipótesis es que Ran permanece todavía bajo la plataforma de hielo Dotson, en la Antártida Occidental.
Pero antes de desaparecer dejó detrás una enorme cantidad de información.
Recorrió más de 1.000 kilómetros bajo el hielo
Dos años antes, en 2022, Ran había protagonizado una misión extraordinaria bajo la plataforma de hielo Dotson.
Durante 27 días recorrió más de 1.000 kilómetros, llegando hasta 17 kilómetros hacia el interior de la cavidad. Un sonar multihaz situado aproximadamente a 50 metros del hielo permitió reconstruir con enorme detalle una superficie que los satélites no pueden observar directamente.
Anna Wåhlin, oceanógrafa que lideró la investigación, comparó la experiencia con “ver la cara trasera de la Luna”.
Hasta entonces, gran parte del conocimiento sobre estos glaciares procedía de satélites y perforaciones puntuales. Ran permitió observar directamente qué ocurre justo donde el océano entra en contacto con la base del hielo.
La parte inferior del hielo resultó mucho más extraña de lo esperado
Los datos confirmaron algo que los científicos sospechaban: las fuertes corrientes de agua oceánica aceleran el derretimiento desde abajo.
En Dotson, Ran permitió medir esas corrientes y relacionarlas con el intenso deshielo observado en la parte occidental de la plataforma. También detectó zonas de fusión especialmente elevada alrededor de fracturas verticales que atraviesan el hielo.
Pero el robot encontró algo más desconcertante.
La cara inferior del hielo no era una superficie relativamente uniforme. Aparecieron picos, valles, mesetas y estructuras parecidas a dunas o remolinos, algunas con formas que los modelos actuales de fusión no consiguen reproducir satisfactoriamente.
Los investigadores plantearon que determinados patrones podrían originarse por el flujo del agua combinado con la rotación de la Tierra, aunque todavía es una hipótesis.

Hay una confusión importante con el “glaciar del juicio final”
Ran también fue fundamental para estudiar Thwaites, el famoso “glaciar del juicio final”.
En 2019 se convirtió en el primer vehículo de este tipo en introducirse bajo su plataforma de hielo y aportó datos inéditos sobre cómo circula el agua cálida bajo ella. Durante la expedición de 2024 volvió a realizar inmersiones en Thwaites antes de perderse.
Sin embargo, el estudio de 2024 publicado en Science Advances sobre las extrañas estructuras de la cara inferior del hielo no corresponde a Thwaites, sino a Dotson. Son dos sistemas diferentes de la Antártida Occidental.
La distinción importa porque algunas versiones de esta historia han mezclado ambos proyectos.
Su última misión intentaba descubrir cuánto había cambiado el hielo
En enero de 2024, los científicos regresaron precisamente a Dotson para repetir las mediciones de 2022 y comprobar cómo había evolucionado la plataforma.
Ran completó una inmersión de repetición. En la siguiente misión desapareció.
El robot probablemente nunca será recuperado, pero sus mapas han dejado una advertencia científica importante: todavía desconocemos buena parte de lo que ocurre en la frontera entre el océano y las enormes plataformas de hielo antárticas.
Los satélites pueden observar cómo retrocede un glaciar desde arriba. Ran consiguió algo mucho más difícil: mirar debajo y mostrar que esa “cara oculta” está llena de estructuras y procesos que apenas estamos empezando a comprender.