La carrera de muchos actores no empieza con papeles protagonistas, sino con apariciones casi invisibles que, en ocasiones, dejan huella en quien sabe mirar. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Pedro Pascal. Antes de la fama mundial y de Juego de Tronos, el actor chileno pasó por una escena mínima que llamó la atención de un compañero de reparto muy concreto: Matt Damon.
Diez segundos que no pasaron desapercibidos
En 2011, Matt Damon protagonizó junto a Emily Blunt la película de ciencia ficción Destino oculto, dirigida por George Nolfi y basada en el relato Equipo de ajuste de Philip K. Dick.
En una de sus escenas, un camarero se acerca a la mesa de los protagonistas. Apenas habla, apenas permanece en plano. Ese camarero era Pedro Pascal. En aquel momento, un completo desconocido.
“Ese tipo es muy bueno”
Años después, Damon recordó aquella escena en una entrevista en el programa de Howard Stern. Según explicó, tanto él como Blunt quedaron sorprendidos por la presencia del actor:
“Emily y yo nos miramos y ella dijo: ‘Ese tío es jodidamente bueno’. Y yo pensé lo mismo. Había algo increíblemente interesante, pero real y natural”.
Lo más llamativo es que, en ese momento, ninguno de los dos sabía quién era aquel actor ni volvió a saber de él hasta mucho tiempo después. “Años más tarde descubrí que era Pedro Pascal”, confesó Damon.
Antes de Juego de Tronos, antes de la fama
Ese pequeño papel llegó antes de que Pascal diera vida a Oberyn Martell en Juego de Tronos, el personaje que cambiaría para siempre su carrera. Durante años, el actor encadenó apariciones episódicas y personajes secundarios, luchando por abrirse paso en la industria.
La anécdota demuestra hasta qué punto el talento puede ser visible incluso en los papeles más breves, cuando hay alguien atento al otro lado de la cámara.
Un reencuentro ya en igualdad de condiciones
El destino quiso que Damon y Pascal volvieran a coincidir en 2016, esta vez con el segundo ya convertido en un nombre reconocido. Ambos compartieron reparto en La gran muralla, dirigida por Zhang Yimou.
Ya no eran diez segundos ni un camarero anónimo. Pascal había llegado, y Matt Damon, sin saberlo, lo había visto venir muchos años antes.
El valor de una primera impresión
La historia sirve como recordatorio de cómo funcionan a veces las carreras en Hollywood: pequeños papeles, miradas cómplices y una impresión que se queda grabada. En el caso de Pedro Pascal, bastaron diez segundos para que uno de los actores más respetados de la industria supiera que allí había algo especial.
Fuente: SensaCine.