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Ciencia

Una ciudad de hace 5.000 años logró sobrevivir a terremotos e inundaciones. Ahora Perú vuelve a recurrir a sus secretos para enfrentar a El Niño

La ciudad más antigua de América vuelve a enfrentarse a una amenaza climática. Mientras Perú refuerza sus monumentos ante las lluvias de El Niño, los arqueólogos destacan una ingeniería milenaria que ya demostró su resistencia.
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Hace 5.000 años, cuando las pirámides de Egipto comenzaban a transformar el paisaje del valle del Nilo, otra civilización estaba levantando enormes construcciones al otro lado del planeta. En la costa de Perú, los habitantes de Caral desarrollaron ciudades monumentales, sistemas de organización complejos y técnicas arquitectónicas capaces de resistir algunos de los fenómenos naturales más destructivos de la región.

Aquellas construcciones siguen en pie. Y lo extraordinario es que algunas de las decisiones que tomaron sus arquitectos hace cinco milenios continúan ayudando a protegerlas de terremotos e inundaciones.

Ahora, ante la amenaza de nuevas lluvias asociadas al fenómeno de El Niño, los arqueólogos peruanos están reforzando la Ciudad Sagrada de Caral. Aunque buena parte de sus monumentos ya ha demostrado una resistencia sorprendente, conservarlos exige combinar aquella ingeniería ancestral con nuevas medidas de protección.

Una civilización que aprendió a construir pensando en los desastres naturales

Una ciudad de hace 5.000 años logró sobrevivir a terremotos e inundaciones. Ahora Perú vuelve a recurrir a sus secretos para enfrentar a El Niño
Las plataformas y plazas de Caral muestran la planificación urbana de una civilización que floreció hace unos 5.000 años. Sus habitantes desarrollaron técnicas constructivas adaptadas a las condiciones sísmicas y climáticas de la región. © Shania Dayadi Solar Arotinco / Wikimedia.

La Ciudad Sagrada de Caral-Supe, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2009, se encuentra aproximadamente a 200 kilómetros al norte de Lima. Sus 626 hectáreas conservan algunos de los testimonios más antiguos de urbanismo monumental en América, con seis grandes estructuras piramidales y plazas circulares hundidas.

La civilización se desarrolló entre aproximadamente 3000 y 1800 a. C., en una región donde los terremotos forman parte de la realidad geológica. Sus constructores encontraron una solución ingeniosa: las shicras, bolsas tejidas con fibras vegetales que se rellenaban con piedras de distintos tamaños y se colocaban en el interior de plataformas y estructuras arquitectónicas.

Estos conjuntos ayudaban a distribuir y amortiguar los movimientos sísmicos, en lugar de transmitir toda su energía a estructuras completamente rígidas. Pero la prevención iba mucho más allá de la arquitectura.

Según explicó el arqueólogo Aldemar Crispín Balta, responsable de la sede Caral del Ministerio de Cultura peruano, en declaraciones a la Agencia Andina, los habitantes de la región también eligieron cuidadosamente dónde establecer sus asentamientos.

Evitaron construir junto a las riberas de los ríos, reduciendo su exposición a crecidas e inundaciones. Una decisión que resultó especialmente relevante durante el episodio de El Niño costero de 2017.

Aquel fenómeno provocó graves daños agrícolas en el valle de Supe, pero no destruyó los principales conjuntos arqueológicos de Caral.

El Niño vuelve a amenazar la región y Caral está preparando sus defensas

Pese a su resistencia histórica, las construcciones tienen una vulnerabilidad evidente: sus materiales llevan miles de años expuestos a los procesos de erosión. Por eso, los responsables del yacimiento han comenzado a instalar y acondicionar canaletas para dirigir las precipitaciones, sistemas de evacuación del agua y cubiertas destinadas a evitar que las lluvias alcancen directamente los restos arqueológicos. También se están colocando cortavientos que reducen el desgaste provocado por el aire sobre los muros y sus revestimientos.

Crispín explicó que la intervención abarca numerosos edificios y asentamientos, por lo que exige un esfuerzo considerable. Los trabajos se financian mediante recursos públicos y aportaciones privadas.

La amenaza, sin embargo, no debe confundirse con una destrucción inevitable. Las medidas responden al riesgo de lluvias asociado a El Niño, cuya intensidad e impacto local pueden variar considerablemente. El objetivo es impedir que la erosión acumulada termine deteriorando estructuras que han sobrevivido durante milenios.

El secreto de Caral no estaba únicamente en sus muros, sino en cómo entendía la naturaleza

Una ciudad de hace 5.000 años logró sobrevivir a terremotos e inundaciones. Ahora Perú vuelve a recurrir a sus secretos para enfrentar a El Niño
Una piedra vertical se alza en el centro de un espacio circular delimitado por rocas en Caral. El yacimiento conserva estructuras ceremoniales que reflejan la compleja organización social y arquitectónica de una de las civilizaciones más antiguas de América. © Shania Dayadi Solar Arotinco / Wikimedia.

La supervivencia de Caral ofrece una perspectiva interesante sobre la relación entre las primeras ciudades y su entorno. Sus habitantes no disponían de instrumentos modernos para medir terremotos ni de modelos informáticos para anticipar inundaciones. Sin embargo, desarrollaron conocimientos mediante la observación prolongada de los ciclos naturales.

Según el equipo arqueológico, la astronomía también desempeñó un papel importante en la organización de las actividades agrícolas y en el conocimiento de los periodos estacionales. La UNESCO destaca especialmente la planificación urbana y la arquitectura de Caral, consideradas testimonios excepcionales de una de las primeras sociedades complejas de América.

Esta capacidad de adaptación no significa que las construcciones fueran invulnerables. Tampoco que todas las tecnologías antiguas puedan reproducirse directamente en la ingeniería moderna. Su valor reside en demostrar que la elección del terreno, los materiales y la comprensión de los riesgos naturales ya eran cuestiones fundamentales hace miles de años.

Las nuevas intervenciones coinciden con los 32 años del inicio de las investigaciones modernas, una conmemoración que incluirá el Caral Raymi los próximos 23 y 24 de octubre. Caral no ha sobrevivido cinco milenios únicamente por casualidad. Parte de su resistencia está relacionada con una forma de construir que incorporaba los riesgos del entorno desde el principio. Y mientras los arqueólogos preparan sus estructuras para otro episodio climático, la ciudad vuelve a recordar una lección que sigue siendo completamente actual: protegerse de la naturaleza empieza por comprenderla.

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